REVISANDO LA REVISION DE 1960 -III- PARTE

biblia.1Armando Di Pardo
Un estudio crítico de la Revisión de 1960 de la Versión Castellana Reina–Valera de la Santa Biblia, a la luz de la «sana doctrina».
Ediciones «Adelphia» © Copyright 1998 – 2002, Adelphia. http://www.philadelphos.org
Ediciones «Adelphia». ISBN N° 987-97636-0-2
CAPITULO II.
TÍTULOS INCORPORADOS INDEBIDAMENTE AL TEXTO BÍBLICO
«No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella» (Dt.4:2)
Previamente, recordemos aquí que la Biblia Versión Antigua tiene ciertas sentencias sucintas —no títulos— impresas fuera del Texto Bíblico (en la parte superior de las páginas) y en tipo de letra diferente (letra bastardilla). Tal proceder es correcto, pues no permite que esas inscripciones sean confundidas con el Texto. Además, sus enunciados son sanos, lo cual las hace útiles.

Pero: en la nueva Biblia Revisión de 1960, esas sentencias marginales han sido eliminadas y en su reemplazo, han sido incorporados al Texto Bíblico, ciertos «TÍTULOS» sobre «SECCIONES» de la Palabra de Dios; impresos con idéntico tipo de letra que el usado para el Texto pero en realce (en letra negrita), y sin advertencia alguna para el lector.
«SECCIONES» y «TÍTULOS». Así los definieron las mismas Sociedades Bíblicas, en un folleto titulado: «La Biblia Reina–Valera. La Revisión de 1960», pag. 6: «una característica interesante de esta nueva edición de la Biblia, es la división del texto en secciones y el uso de títulos con el fin de identificar el contenido de cada sección». Y agrega: «Así podrá el lector reconocer de inmediato no solamente los pasajes familiares, sino también el sitio donde comienza y termina cada sección» (El subrayado es nuestro).
Tales hechos, no deben ser aceptados sino protestados, por las siguientes razones:
(1) Porque esos «títulos» no se hallan en los Textos originales Inspirados por Dios. Por lo tanto, el hecho de incorporarlos al Texto, constituye flagrante transgresión al mandato de «no añadir» a la Palabra.
(2) Porque esa «presencia» dentro del «corpus» Bíblico, los hace aparecer como si fueran tan Inspirados por el Espíritu Santo como el Texto mismo y, consecuentemente, como teniendo igual autoridad, inerrabilidad y derechos hermenéuticos (derechos de ser interpretados y de ser partes en la interpretación del entero pasaje). Todo ello es arbitrario; y es peligroso, pues si el enunciado de esos «títulos» no fuera correcto, inducirán a error y afectarán al significado del Texto.
(3) Porque, en sana doctrina, no puede esperarse la asistencia del Espíritu Santo a una tarea que el mismo Espíritu no puede aprobar. Luego: tales «títulos», no tienen autoridad divina sino humana; son el mero fruto de estimaciones subjetivas de comentadores falibles, huérfanos del auxilio de Dios; y podrán ser quizá buenos o quizá malos, con probabilidad mayor de lo segundo, sea por errar en la captación del contenido de la «sección» intitulada, u omitir, reducir, o exceder, sus hechos y significados. Y en vez de ayudas, pueden resultar piedras de tropiezo.
(4) Finalmente, porque esos «títulos» (sospechables) han sustituido a excelentes sentencias marginales de la Versión Antigua, cambio también indebido. Es importante notar aquí, que, el caso con la Revisión de 1960 tiene dos lados: (a) no se trata solamente de lo que ha sido incorporado a la misma, sino (b) se trata también de lo que ha sido quitado de la Versión Antigua para ello, sin que mediara ninguna razón de fundamento: ni textual, ni exegética, ni idiomática!
EXAMEN DE ALGUNOS «TITULOS»
Se impone, pues, examinar tales «títulos», lo cual haremos seguidamente, considerando algunos ejemplos de menor o de mayor cuantía, pero todos igualmente sintomáticos.
i. Sobre Éxodo 36: 2-7
La Revisión de 1960 lee: «Moisés suspende la ofrenda del pueblo».
«Suspende», de «suspender», significa en el uso común «hacer cesar momentáneamente». Pero, según el texto, Moisés mandó que las ofrendas cesaran no momentánea sino definitivamente, porque el pueblo traía más de lo que era menester para la construcción del Tabernáculo, ¡y sobraba! (v. 5 a 7).
Es obvio que el «título» ha restringido los hechos esenciales del pasaje, pues reduce el alcance de la orden de Moisés y nada dice de la bendita causa que la fundamentó y que puede ser de gran estímulo para nosotros hoy. Una idea cabal del «contenido de la sección», la hubiera dado, por ejemplo: «Moisés manda cesar las ofrendas del pueblo, pues sobreabundaban», o cosa así.
ii. Sobre Nehemías 7: 1-4
La Revisión de 1960 lee: «Nehemías designa dirigentes».
«Dirigentes» («los que dirigen», en sentido de «gobernar»), es una palabra que debe usarse con cuidado, pues suele aplicársela indebida y abusivamente.
En la sección intitulada, sólo en el v. 2 se nombra a Hanani, hermano de Nehemías y a «Hananías príncipe del palacio de Jerusalem», como principales. Pero en los v. 1 y 3, se nombran porteros, cantores, Levitas, guardas (o centinelas y guardianes), y tal variedad de oficios y funciones ciertamente no está representada en el «título», que resulta así incompleto. Todo el énfasis ha sido cargado en el v. 2 y nada dice de las otras partes de la sección. Además de eso, está la potencial dificultad de que un lector poco avisado no se aperciba de ello y piense que «dirigentes» vale para todos los oficios mencionados en la entera sección y hasta pueda ser inducido a ciertas comparaciones o analogías incorrectas.
«Nehemías asigna distintos cargos y tareas» nos parece hubiera sido mejor.
iii. Algunos «títulos» en el libro de Job.
(a) Sobre Job cp. 7: «Job argumenta contra Dios».
(b) Sobre Job cps. 16 y 17: «Job se queja contra Dios».
Aquí tratamos con asuntos más graves.
No es constructivo enfatizar solamente lo antagónico: «Job… contra Dios», dejando de lado otros aspectos del texto que —por lo menos— insinuarían que una actitud tal está básicamente equivocada y darían, además alguna idea de la turbación espiritual de Job y los encontrados sentimientos que agitaban en tales momentos su atribulado corazón, como Job mismo lo declara: «Hablaré en la angustia de mi espíritu y me quejaré con la amargura de mi alma» (7:11); «mi rostro está enlodado con lloro…» (16:16).
Cuán distinta 1a Versión Antigua, que, señalizando el cp. 7, dice: «Job… justifica sus lamentos»; y sobre cps. l6 y 17: «Quéjase Job de sus amigos y se lamenta de su mal»; expresiones más respetuosas del texto y además, reverentes.
(c) Sobre Job cp. 24, la Revisión de 1960 ha puesto: «Job se queja de que Dios es indiferente ante la maldad».
Caso gravísimo. Tal «título» no es correcto, ni sensato, ni edificante en modo alguno (comparar Ef. 4: 29). No es correcto, porque no capta ni refleja el real sentido del texto. No es sensato, porque por su modo de expresión facilita motivos a la más extrema línea de pensamiento izquierdista–revolucionario de quienes gritan «la religión es el opio de los pueblos» y que «hay que hacerse justicia por las propias manos», etc. No es edificante, porque a simple vista produce la impresión de que Job tuviera razón y que Dios ha sido hallado en posición reprochable, como si fuera una Deidad apática o insensible («indiferente» tienen también esas acepciones), lo cual cae en el error del «Deísmo», falsa doctrina que dice que Dios se desentiende de sus criaturas, entre otros errores. ¡Sáquese, por favor tal «título»!
Lo grave del caso en foco, nos obliga a tratar con algún detalle la pregunta latente: ¿Cuál es el real sentido del capítulo 24 del libro de Job?
Para ayudarnos a captarlo, recapitulemos 1os hechos hasta ese momento: Job pasaba por aflicciones terribles cuyas reales causas desconocía (cps. 1 y 2) y tres de sus amigos le acusaban de estar bajo «castigo» de Dios (Eliphaz: cps. 4:8,9; 5:17, 18 y 15:l-6; Bildad: cp. 8:4-7, 20; Sophar: cp. 11:1-6, 20), pero Job rechazaba tales acusaciones porque tenía conciencia de no haber faltado (cps. 6:24-30; 9: 17; 10: 7; 16:17 y 23:10-12) y, aunque confesaba: «la mano de Dios me ha tocado» (cp. 19:21), él sentía en su corazón que no era como «castigo», sino por lo que él llamó «determinaciones» de Dios:
«Empero si él determina una cosa, ¿quién lo apartará? El pues acabará lo que ha determinado de mí; y muchas cosas como éstas hay en él. Por lo cual yo me espanto en su presencia; consideraré y temerélo». (cp. 23:13-15) .
Tal el sentir de Job: Dios había determinado que él padeciera sin que supiese por qué; «y muchas cosas como estas hay en él», dice Job; y entre esas «muchas cosas» estaban también las determinaciones de Dios para con los impíos, a quienes Job describe en el cp. 24 (ver también el cp. 21), como obrando sin impedimento y sin ser castigados en el curso de su vida en este mundo (cp. 24:1-12). Hasta allí los hechos.
Inquiramos ahora: ¿Trajo Job a colación a los malvados como ocasión para quejarse de que «Dios es indiferente ante la maldad»?
¡En ninguna manera! La razón es: Job, ante las acusaciones de sus amigos y la negación de éstos a aceptar su integridad e inocencia, trae entonces a colación los hechos de los impíos y su impunidad presente, como un argumento comparativo para probar, por contraste, su sufriente rectitud. Es como si les dijera: —Vosotros me acusáis de estar bajo «castigo» de Dios como si yo fuera un malvado: ahora yo os muestro que los malvados no son «castigados» en esta vida. Aceptad entonces que yo no soy malvado ni estoy bajo castigo, sino que padezco a pesar de ser justo, porque Dios así lo ha «determinado» acerca de mí.
Esa es la razón. Job estaba tratando por todos los medios lógicos, razonables, que sus amigos comprendieran su situación y le ayudaran a inquirir la más Alta Luz sobre su terrible experiencia. Job no se estaba «quejando» contra Dios; estaba refutando a sus amigos, a quienes tenía por doblemente equivocados: (1) equivocados respecto de Job, al dar por sentado que si sufría era porque había cometido faltas; (2) equivocados respecto de Dios, al atribuirle estar castigando a Job por tales supuestas faltas; todo lo cual no era así. Tan seguro estaba Job de ello, que los desafía diciéndoles: «Y si no, ¿quién me desmentirá ahora, o reducirá a nada mis palabras?» (cp. 24:25). Sus amigos no lo pudieron.
En segundo lugar: ¿Interpretó Job que la impunidad presente con que obran los impíos, significaba que «Dios es indiferente ante la maldad» ?
La respuesta es un enfático: ¡NO! Damos cuatro razones para ello:
Primera razón: Job 23: 15. Allí leemos que Job, después de hablar de las «determinaciones» de Dios, dice: «Por lo cual yo me espanto en su presencia, consideraré y temerélo». Y nos parece que una «Deidad» que fuese «indiferente ante la maldad», no podría inspirar espanto ni temor en un hombre de la integridad moral de Job, sino repudio, pues carecería de toda sensibilidad ética, justicia y santidad, y además, de amor y compasión para con sus propios siervos justos y sufrientes. No a Dios, sino al Diablo, corresponde tal descripción. Es necedad y aún blasfemia, pensar siquiera que «Dios es indiferente ante la maldad»; y Job no era necio, sino sabio; Job no era blasfemo, sino un siervo reverente y temeroso del verdadero Dios.
¿Por qué entonces, se espantaba y temíale? Porque le anonadaba pensar en la majestad, soberanía y decretos inescrutables de Dios, que estaban fuera de su alcance, aunque Job mismo no estaba fuera del alcance de sus manifestaciones y efectos.
Segunda razón: Job 24:12. Al final de ese versículo, la Versión Antigua lee: «Más Dios no puso estorbo», es decir, Dios no estorbó la acción de los impíos. La Revisión de 1960, en cambio, siguiendo otras Versiones, dice: «Pero Dios no atiende su oración», lo cual refiere al clamor de los que sufrían a manos de los impíos. Creemos más correcta la traducción de la Versión Antigua que sigue al Texto Hebreo reconocido y, además se refiere directamente a la acción de los malvados, que es precisamente el punto en foco.
De esa parte del versículo, parecería ser que la Revisión de 1960 dedujo su «título»: «Job se queja de que Dios es indiferente ante la maldad». Si de allí lo dedujo se excedió en mucho, pues Job no está allí hablando ni irónica, ni interpretativamente, ni quejosamente de los hechos, sino «descriptivamente», es decir, relatándolos tal como él los veía acaecer aquí sobre la tierra.
Pero, se argüirá, si Job dijo: «Más Dios no puso estorbo»: ¿no significa eso «indiferencia» por parte de Dios?
—¡En ninguna manera! Descártese totalmente, por blasfema, tal insinuación. Lo máximo que una exégesis sana y reverente puede extraer de las palabras de Job es que Dios, al no poner estorbo, «permitió» obrar a los malvados. Y jamás se olvide que «permitir», en acepción divina, podrá significar «paciencia», «tolerancia» y «longanimidad», ¡pero jamás «indiferencia de Dios ante la maldad»!
—Pero, se insistirá: ¿no pudo ser, acaso, que Job interpretó entonces esa «permisión» de Dios como si fuera «indiferencia» y por eso se quejó, sin apercibirse que al hacerlo incurría implícitamente en blasfemia?
—En el terreno de las conjeturas, cualquier cosa se puede decir. Lo mejor sería preguntárselo directamente a Job… cosa que por el momento no podemos hacer. Pero, si hemos de atenernos a lo que está escrito, tanto en el cp. 24 como en el entero libro de Job, entonces la respuesta a tal pregunta es un enfático ¡NO! Para poder concebir y para poder aceptar el «título» de la Revisión de 1960, se debe cometer la siguiente serie de errores: «interpretar» el texto de modo tal que se deduzca que Job «interpretó» subjetivamente los hechos como evidenciando «indiferencia» de Dios ante la maldad y, después de eso «interpretar» que Job en reacción, se «quejó» de ello contra Dios; o sea: se debe especular subjetivamente, dentro del texto y dentro de Job… y errar en ambos campos, al punto de hacer que Job, en forma inconsciente, formule una queja que equivale a una blasfemia. (!) Tal aberración se hará más y más evidente, al tratar los dos puntos siguientes.
Tercera razón: Job 24:20, 23 y 24. En el v. 20, leemos: «… como un árbol serán los impíos quebrantados». Lógicamente, eso refiere a su muerte. Pero aún así, obsérvese la fuerza de la expresión, como un índice de juicio. Luego, refiriéndose ya explícitamente al tiempo presente, Job dice: «Sus ojos (los ojos de Dios) están sobre los caminos de ellos (de los malvados)» (v. 23) y ciertamente, si Dios les controla todos sus pasos, luego no es «indiferente» ante su maldad. Finalmente leemos: «Fueron ensalzados por un poco (en la brevedad del tiempo presente) más desaparecen (por la muerte); serán encerrados y cortados (juicio y castigo hay allí) como cabezas de espigas» (se les permitió llegar a la madurez para que dieran todo el fruto de su maldad, dándoles Dios, en su longanimidad, tiempo o «largas» (comp. Is.48:9) para que colmen la medida de sus abominaciones, queden sin excusa delante de El y acumulen ira para el día de la ira), (v. 24) . Hemos ido dando algunas ideas del significado del texto para que se haga claro que Job no habla allí de «indiferencia» de Dios, en lo más mínimo.
Obsérvese que ninguno de esos versículos del cp. 24, ha sido tenido en cuenta por la Revisión de 1960, que olvidó así una de las más elementales reglas de la Hermenéutica: la ley del contexto. Y obsérvese de paso, que estos versículos favorecen totalmente la lectura de la Versión Antigua en el v. 12: «Dios no puso estorbo», o sea, Dios les permitió obrar pero bajo control y hasta que les llega el día, lo cual prueba, además, que Dios atendió la oración de los sufrientes y la contestó en Su tiempo.
Cuarta y última razón: Job 42: 7,8. Aquí tenemos la prueba definitiva: el testimonio nada menos que de Dios mismo, según lo hallamos al final del libro, cuando el Señor dice a Eliphaz:
«Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros: porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job» (v. 7); » …por cuanto no habéis hablado por mí con rectitud, como mi siervo Job». (v. 8).
Obsérvese: Si la ira de Dios se encendió sobre los tres amigos de Job, porque no habían hablado por Dios lo recto, ciertamente Dios NO ES indiferente ante la maldad. Pero el punto ahora es: Si Job se hubiera quejado de que lo fuera (como lo afirma la Revisión de 1960), ese era el momento en que Dios lo hubiera reprendido como lo hizo con sus tres amigos. Pero Job no fue reprendido, sino aprobado por lo que habló respecto de Dios; luego: ¡Job jamás incurrió en el pecado de quejarse de que «Dios es indiferente ante la maldad»!
Por lo tanto, la Revisión de 1960: (1) no habla lo recto al hablar de Job, pues con lo que pone en su boca, tergiversa el sentido de sus palabras; (2) tampoco habla lo recto de Dios, pues por vía indirecta, hace que Job lo haga aparecer como siendo «indiferente ante la maldad» lo cual es blasfemia; (3) contradice el testimonio que el mismo Dios dio de los dichos de Job a su respecto; (4) ha introducido con su erróneo «título», un error dentro del corpus Bíblico y con ello induce a errar al lector; (5) debe pues ser corregida perentoriamente. La mera presencia de «títulos» como el que nos ocupa, basta para justificar que se la devuelva a sus editores responsables.
¡Cuán distinta la Versión Antigua!, la cual, siguiendo de cerca la ilación de los hechos, señaliza la entera sección (cps. 23 y 24) diciendo al margen: «Job afirma su inocencia y describe a los malvados»; sentencia simple, pero reverente y objetiva, que no incursiona en especulaciones subjetivas erróneas como lo hizo la Revisión de 1960. Es preferible.
Ya podríamos concluir nuestro análisis, pero, para beneficio del lector, hagámonos una última pregunta: —¿Cuál era el real problema en la conciencia de Job?
El mismo Job lo declara, cuando dice a Dios: «Hazme entender por qué pleiteas conmigo» (cp. 10:2 comp. 13: 23). Ese es el meollo del asunto. Si Dios había «determinado» que Job padeciera: ¿Por qué lo había determinado? ¿Cuáles eran las causas y los propósitos de tal determinación? Job, al llegar en su experiencia a la etapa del cp. 24, todavía no tenía luz sobre el asunto. Recién cuando el mismo Dios se mostró a Job, éste comprendió; y quebrantado delante del Señor (cp. 42: 1-6), se arrepintió de su secreto orgullo de justicia propia. Luego de ello, todo le fue tornado en doblada bendición (cp. 42: 10-17); y, como leemos en la epístola de Santiago: «He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído la paciencia de Job y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordiosa y piadoso». (Stgo. 5: 11).
d) Sobre Job cp. 25, la Revisión de 1960 ha puesto: «Bildad niega que el hombre pueda ser justificado delante de Dios».
Otro «título» que debe ser corregido, pues parece indicar que «nadie» puede justificar al hombre, lo cual no es cierto, pues Dios sí puede justificarlo.
Naturalmente, Bildad no está allí discutiendo la Gracia de Dios, de la cual nada sabía, pero tampoco dice lo que la Revisión de 1960 le hace decir. Lo único que en forma implícita afirma, es que el hombre no puede justificarse a sí mismo delante de Dios, lo cual es muy distinto del «título» y, además, es cierto.
Por lo tanto, corríjase ese «título» y clarifíquese bien el concepto del texto, pues tal como está se presta a serios equívocos y además, para cualquier experto, puede que tenga cierto husmillo a «modernismo»… ¡Cuidado con ello!
iv. Sobre Salmo 10
La Revisión de 1960 ha puesto: «Plegaria pidiendo la destrucción de los malvados».
Otro título interpretativo y recargado. La Versión Antigua dice: «Audacia e impiedad de los malvados», declaración más de acuerdo con el espíritu del texto y que no había razón alguna para cambiar.
v. Eliminación del término «MESÍAS», en títulos sobre clásicos pasajes Mesiánicos.
(a) Sobre Salmo 22, la Versión Antigua dice: «Descripción profética de los sufrimientos del Mesías».
Pero a los señores «revisores», les molestó eso del «Mesías» y la implícita referencia a la Cruz del Señor Jesucristo; desecharon tan santas palabras, correctas exegética, doctrinaria e idiomáticamente considerada y, sin ninguna razón válida, las reemplazaron con expresiones de mero lirismo en un «título» inexpresivo, minúsculo, que dice: «Un grito de angustia y un canto de esperanza».
¿Por qué tal cambio? ¿Para no «ofender» la incredulidad culpable de Judíos rebeldes y «modernistas» apóstatas, enemigos a una de la Cruz de Cristo?
(b) Sobre Salmo 69, la Versión Antigua dice: «Abatimiento del Mesías».
Pero otra vez los señores «revisores» desecharon la referencia Mesiánica, para reemplazarla con su lírico sonsonete: «Un grito de angustia» ¿Por qué?
(c) Sobre Isaías cp. 53, la Versión Antigua dice: «Sufrimientos del Mesías». Pero los señores «revisores» sacaron deliberadamente la palabra «MESÍAS» y en su lugar pusieron «Siervo de Jehová».
Por supuesto, no se nos escapa que la «sección» intitulada por la «Revisión de l960» (que cubre Isaías 52:13 a 53:12), tiene dos veces la expresión «Siervo de Jehová» (52:13 y 53:11) y que por lo tanto no es incorrecto, desde ese punto de vista, el «título» nuevo.
Pero tenemos una seria objeción: ¿Por qué los señores «revisores» desecharon la palabra «MESÍAS» que tenía la Versión Antigua? ¿Acaso el «Siervo de Jehová» NO ES el Mesías, o sea, el Señor Jesucristo?
La Versión Antigua, al decir: «Sufrimientos del Mesías», concuerda con lo que dijo Felipe el Evangelista cuando explicó esa misma «sección» de Isaías al eunuco de Candace (Hechos 8:34, 35) . La cuestión es entonces: ¿Por qué la Revisión de 1960 quitó lo que decía la Versión Antigua, que estaba bien expresado exegética y doctrinalmente y bien expresado en correcto y corriente idioma castellano? ¿Lo hizo para no comprometer opinión ni ofender a la incredulidad de judíos rebeldes y «modernistas» apóstatas que dicen que «Siervo de Jehová» no tiene nada que ver con la persona del Mesías, sino —así dicen— con el «sufriente pueblo de Israel?»
Los señores «revisores» al hacer tal cambio, ya se comprometieron: pero no a favor de Felipe el Evangelista, ni Spurgeon, ni millones de fieles siervos de Dios, sino inclinándose sospechosa y culpablemente aún, a la apostasía ambiente.
(d) Sobre Miqueas cp. 5, la Versión Antigua dice: «Venida y reino del Mesías». Pero los señores «revisores» que evidentemente padecían de «Mesíasfobia», barrieron otra vez con toda alusión Mesiánica, poniendo en su lugar el siguiente «titulo»: «EI reinado del libertador desde Belén».
Excusamos decir que el «título» de la Revisión de 1960 contiene un craso error, pues en ninguna parte de Miqueas cp. 5, ni en ninguna parte de la entera Biblia, se dice que ningún «libertador» reinará desde Belén. La Biblia dice que el lugar desde donde reinará el Señor será JERUSALEM. (Is. 24:23).
Es evidente: los señores «revisores» se muestran como inclinados a las tendencias más sospechosas Judeo–Modernistas. La eliminación reiterada del título «MESÍAS» sobre los pasajes Mesiánicos clásicos, lo prueba en alto grado.
vi. Sobre Salmo 49
La Revisión de 1960 ha puesto: «La insensatez de confiar en las riquezas».
La Versión Antigua dice: «Vanidad de las riquezas, sabiduría y honra humanas», sentencia ésta obviamente más completa e incisiva. ¿Por qué se dejó a un lado?
La Revisión de 1960 parcializó el sentido omitiendo sospechosamente asuntos muy importantes que, además de las cosas materiales, muestran la vanidad del orgullo espiritual del hombre. Muy sugestiva la omisión en la Revisión de 1960, sin causa que la justifique.
vii. Sobre Salmo 65
La Revisión de 1960 ha puesto: «La generosidad de Dios en la naturaleza».
Título que enfatiza sólo un aspecto del Salmo y omite lo mejor, lo espiritual que está contenido en los versículos 1 a 5, que transcribimos como prueba de nuestra afirmación:
«Tuya es la alabanza en Sion, oh Dios, y a ti se pagarán los votos. Tú oyes la oración; a ti vendrá toda carne. Las iniquidades prevalecen contra mí; mas nuestras rebeliones tú las perdonarás. Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, para que habite en tus atrios; Seremos saciados del bien de tu casa, de tu santo templo. Con tremendas cosas nos responderás tú en justicia, Oh Dios de nuestra salvación…» (Copiado de la Revisión de 1960).
La parte más preciosa del Salmo, la parte que habla de la oración, el perdón de nuestras rebeliones, la elección de los escogidos, del templo, del Dios de nuestra salvación, ha sido pasada por alto como si no existiera, para enfatizarse solamente las nubes, las lluvias, los granos, los rebaños, los pastizales…
Muy sugestivo, muy sugestivo… y muy sospechoso. Otra vez los expertos aquí sienten ese husmillo a «modernismo» que es de lo más desagradable. ¡Cuidado, mucho cuidado!
viii. Sobre Salmo 134
La Revisión de 1960 ha puesto: «Exhortación a los guardas del templo».
Muy pobre la «interpretación» de la Revisión de 1960, pues reduce el Salmo a los «guardas del templo», cosa que: (1) si no se interpreta bien puede confundir al lector que puede pensar sólo en guardias tipo «policías» o meramente «porteros» sin apercibirse que también están allí los sacerdotes a cargo de los cultos; (2) no capta que el sentido del v. , «Desde Sión te bendiga Jehová, El cual ha hecho los cielos y la tierra» (copiado de la Revisión de 1960), no es una «exhortación que se da a los guardas», sino que es la respuesta que los sacerdotes del templo daban a los peregrinos, cosa que en cualquier comentario sano sobre los Salmos se puede leer.
De paso, nótese el afán de cambiar por cambiar, pues la Versión Antigua lee el v. 3 así: «Bendígate Jehová desde Sion» cosa que es mas correcta gramaticalmente y mas reverente espiritualmente pues pone primero a Dios y después al lugar, pero la Revisión de 1960 pone primero al lugar y después a Dios. Afán de cambiar por cambiar y no para mejor, por lo visto.
ix. Sobre Salmo 148
La Revisión de 1960 ha puesto: «Exhortación a la creación, para que alabe a Jehová».
Este es otro caso parecido al del Salmo 65, en que se enfatizan sólo los aspectos naturalistas, omitiéndose otros aspectos más importantes. En efecto, el Salmo 148 además de seres y cosas creados; habla también de reyes, príncipes, jueces, del pueblo del Señor y de los hijos de Israel, el pueblo a El cercano.
Debió hacerse distinción en el «título» pues «Creación», aparentemente amplio, no es término adecuado para las otras obras de Dios que requieren otros procedimientos, motivos y propósitos, que el mero Cosmos. La Versión Antigua dice: «Exhortaciones (nótese el plural, significando distinciones) a alabar a Dios». Es correcto. ¿Por qué se cambió?
x. Sobre la sección de Proverbios cps. 28 y 29
La Revisión de 1960 ha puesto: «Proverbios antitéticos».
No nos referiremos aquí a las sutilezas filosóficas ni a las implicaciones teológicas ultramodernistas contenidas en forma latente en el término «antitéticos», pues no creemos que estuvieron presentes ni incidieron en la mente y ánimo de los señores «revisores», cuando colgaron ese letrero altisonante dentro de la sencilla Palabra de Dios. Hécholes ese beneficio, ¿qué tenemos contra el uso de la palabra? ¿Acaso dentro de la Retórica, no significa simplemente: «contraponer frases de distinto significado»? ¿Y acaso no son de esa clase los proverbios de la sección intitulada?
Nada tenemos que objetar a todo ello. Pero hay, un hecho que debemos señalar y que no puede pasarse por alto. Es que NO SOLO en los cps. 28 y 29 hallamos proverbios de esa clase. También están y abundan, en los cps. 10, 11, 14 y 15, por citar ejemplos, pero la ‘Revisión», al poner «antitéticos» solamente sobre los cps. 28 y 29, da la impresión que sólo en esa sección se hallan y que por ello sólo a esa sección se la intituló así. Y ambas cosas son inexactas.
Además, tenemos el hecho de que se ha desechado lo que decía la Versión Antigua: «Otros proverbios de Salomón sobre diversos asuntos», sentencia correcta, que no contiene ninguna palabra en desuso en el idioma Castellano y que, además, reafirma la paternidad Salomónica del Libro de Proverbios, cosa que concuerda con la evidencia interna (ver cp. 1:1). Pero la Revisión de 1960 borró de sus «títulos» tal paternidad, cosa que alguien podría interpretar como incursión en el campo de la Crítica Literaria negativa… —pero no entremos en tales disquisiciones.
Otra vez nos vemos obligados a preguntar: Por qué tanto afán por cambiar?
xi. Sobre Hechos 1:12 a 24
La Versión Antigua dice: «Elección de Matías».
Pues oiga usted esto, querido hermano: la Revisión de 1960 se sintió, al parecer, en el honroso deber de vindicar tan horrenda omisión de «Judas», así es que desechó el enunciado de la Versión Antigua y colgó este «título»: «Elección del sucesor de Judas». ¡Qué prurito de cambiar, sin ninguna razón!
Además eso de «SUCESOR» debió tener algún aditamento que indicara el carácter de esa «sucesión», dadas las implicaciones del caso pues tal como ha sido usado el término, resulta incorrecto si se lo coteja con el pasaje. Por ejemplo, el apóstol Pedro dijo: «uno sea hecho con nosotros testigo de su resurrección», (v.22) y en esto, Matías NO SUCEDE A JUDAS, pues el traidor no fue testigo de la resurrección del Señor Jesucristo. Estos aspectos no están incluidos, es obvio, en la sentencia de la Versión Antigua, pero al menos el énfasis de ésta va sobre el electo, un santo testigo; pero el énfasis de la Revisión de 1960 refiere a un hijo del Diablo.
xii. Sobre Ia Tes. 2:17 a 3:13
La Versión Antigua dice: «El amor de Pablo».
Pero la «Revisión de l960» —pues hermano, hay que cambiar— pone: «Ausencia de Pablo de la Iglesia». Otro cambio de frase totalmente innecesario, con el consiguiente cambio de énfasis. La Versión Antigua enfatiza el amor del apóstol, pero la Revisión de 1960 enfatiza su ausencia de la Iglesia… cosa ésta que si no se interpreta convenientemente puede resultar contraproducente.
xiii. Sobre Tito 1:5 a 16
La Revisión de 1960 ha puesto: «Requisitos de ancianos y obispos».
La Versión Antigua, por razones de compaginación, no señala los versos 5 a 8 de esa sección, que son los únicos que tratan sobre ancianos, pero señala la Sección mayor, que comprende los versículos 9 a 16 del pasaje y dice: «Los falsos maestros».
Tan importante porción del pasaje que trata de tan grave asunto, fue descartada por la Revisión de 1960 al redactar su «título». ¿Por qué? Hubiera podido redactarlo así: «Requisitos de ancianos y prevención sobre falsos maestros» ¿Verdad?
Además, el uso de la conjunción copulativa «y» en su título «Requisitos de ancianos y obispos», trae problemas, pues induce al lector a pensar que «ancianos» es una clase de oficio y que «obispos» es otra; cosa que, si bien hace aparecer a la Revisión de 1960 favoreciendo formas de gobierno eclesiástico discutibles (como la «episcopal» por ej.), la coloca irremisiblemente en contra de las claras enseñanzas del Nuevo Testamento que establecen que «ancianos» u «obispos», son uno y el mismo oficio y que la diferencia de palabras no significa «jerarquías» de los obispos sobre los ancianos, sino que simplemente señalan diferentes aspectos del mismo ministerio: el ministerio de los pastores de la Iglesia local. (Considérese, al respecto: los vv. 5 y 7 de la misma sección intitulada y también Hechos 20:17 y 28).
xiv. Sobre Ia Juan 1 :1-5
La Revisión de 1960 ha puesto: «La palabra de vida».
A simple vista hiere nuestra sensibilidad Cristiana, eso de leer «palabra» con minúscula, pues si se deseó que el «título» fuera equivalente a la expresión «Verbo de vida» del v. 1, entonces «Palabra» debió escribirse con mayúscula pues se trata de la Persona de Cristo, el Verbo. Por lo tanto, el «título», además de gramaticalmente incorrecto resulta espiritualmente irreverente.
Pero, si no se quiso referir al Verbo, entonces tenemos que reinterpretar el «título» para discernir en qué connotación fue basado y a qué —ya que no a quién— enfatiza y tal cosa hará obvio que no enfatiza a la Persona de la Santísima Trinidad que es preeminente en el pasaje.
Basta con lo expuesto, caro lector, para mostrar lo grave que es el hecho de incorporar «títulos» dentro de la Santa Palabra de Dios, pues tales «títulos» requieren ser interpretados y con ello, vienen a ser parte en la interpretación del pasaje y hasta pueden llegar a alterar el significado del Texto Bíblico. ¡Fuera del texto, pues, todos los títulos! Y algunos de ellos: ¡fuera también de las paginas!
Respétese, sin excepción alguna, la regla seguida en la Versión Antigua y vuélvase al enunciado de sus breves sentencias: sencillas en su expresión, sanas en su doctrina, reverentes en su redacción y prácticas, impresas fuera del Texto Bíblico (en la margen superior de las páginas) y en tipo de letra diferente (bastardilla o cursiva).
Sentencias fuera de texto, en la versión Antigua. Sugerimos que en futuras ediciones, se advierta al lector en un breve «Prefacio», que esas sentencias no traducen a los originales Hebreo y Griego; que han sido puestas simplemente como una guía sencilla para ayudar a visualizar rápidamente ciertos pasajes y servir, en ocasiones, como una también sencilla guía u orientación sobre el contenido general o algún aspecto destacable del Texto. De paso, digamos aquí que también debiera aclararse la presencia y el uso de las así llamadas «referencias».
¡Ah!, pero esto de las «bastardillas», ya nos introduce a nuestro capítulo siguiente.

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Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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