(Los artículos publicados en esta web no representan necesariamente la opinión del editor, la cual solo se expresa en los escritos con el nombre de Mario E. Fumero)
Jueces 16:28: “Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios…” (Jueces 16:28). Sansón fue un hombre llamado, apartado y ungido por Dios desde el vientre de su madre. Tenía un don extraordinario: una fuerza sobrenatural para liberar a Israel de los filisteos, pero Sansón cayó donde muchos caen el descuido espiritual. Su fuerza no estaba en su pelo sino en su pacto con Dios… y al romper el pacto, perdió todo.
Ahora lo encontramos ciego, encadenado, humillado, usado como burla en el templo de Dagón. Pero aquí ocurre algo glorioso: ¡en su peor momento, en lo profundo de un abismo de desesperación. ¡Sansón clama a Dios! Ese clamor nos enseña que no importa cuán profundo y lejos una persona haya caído, siempre hay esperanza cuando se clama a Jehová.
La teología actual de la llamada “restauración de los ministerios apostólicos y proféticos” como la antesala a una supuesta explosión de avivamiento mundial y una nueva era de gloria para la Iglesia, está llevando a muchos a creer múltiples engaños, empezando por esa misma teología de estructura jerárquica, aunque muchos no lo quieran abiertamente reconocer, y otros, ingenuos todavía, no se aperciban de ello.
Incidiendo en Efesios 2: 20 y en Efesios 4: 11, donde el apóstol Pablo habla de los apóstoles y profetas, pero como fundamento sobre el cual como cristianos hemos sido edificados, esto es, en referencia a la doctrina y la revelación bíblicas, es decir, Antiguo y Nuevo Testamento, los postulantes de la “teología de la restauración”, entiéndase, de “apóstoles y profetas”, sacando de contexto las palabras de Pablo, pretenden que hoy Dios está haciendo surgir nuevos apóstoles y nuevos profetas que aportarán “más de Cristo que ha de ser revelado a nuestras vidas y ministerio” (1); es decir, nueva revelación, que obviamente habrá de “competir” con la revelación bíblica, ya sellada. Un ejemplo rápido aquí de esto, sería la “visión” del Gobierno de Doce de César Castellanos.
La historia nos ha demostrado que a los humanos les encanta lo ceremonial, artístico y pomposo. Fue por ello por lo que la iglesia primitiva perdió su sencillez[1] cuando dejó de ser una iglesia nómada y se convirtió en la protegida del Imperio Romano. Entonces muchas prácticas seculares formaron parte del culto. De la misma forma que se trataba al emperador de Roma, se comenzó a tratar a los líderes de la Iglesia, naciendo la jerarquía, la reverencia ante éstos, el beso al anillo, las vestimentas reales, que actualmente ostentan los altos prelados católicos, y una larga lista de etcétera.
JUSTIFICACIÓN DE LAS VESTIMENTAS SACERDOTALES: Los sacerdotes católicos celebran sus ceremonias idénticamente a como se celebraban, en tiempo de Constantino, las pompas imperiales, con la diferencia de que se han adaptado las vestiduras sacerdotales de los Levíticos a la misa hecha por los prelados católicos.
En la cultura hebrea se toma muy en serio el usar el nombre de Dios y decir o hablar como que Dios dice algo. Es más, se considera una herejía el mencionar su nombre, razón por lo cual se refieren a é con el término “ADONAI” que significa El Señor. Cuando un profeta hablaba en nombre de Dios y su profecía no se cumplía, era muerto a pedradas por mentiroso. Es algo muy serio decir que Dios dijo lo que en realidad no dijo. Dice Deuteronomio 18:20-21 “El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá. Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.”
Era el fin del mundo. Y de su poder también. Jim Jones, el líder de la secta Templo del Pueblo, se vio acorralado. Decidió que el 18 de noviembre de 1978 debía empezar el Juicio Final: 919 cadáveres, entre ellos 180 niños, quedaron tendidos en medio de la jungla de Guyana y cuatro personas fueron asesinadas al querer denunciarlo.
Eran los tiempos de la Guerra Fría y, según sus predicciones, la costa nordeste de Sudamérica era el único lugar que se iba a salvar de una hecatombe nuclear. Partió entonces de California, donde había comenzado su iglesia una década atrás, y se instaló con un millar de fieles en la República Cooperativa de Guyana.
La respuesta que incomoda… pero revela mucho más de lo que creemos. Muchos leen el texto y pasan de largo, otros se ríen, algunos lo espiritualizan, pero pocos se detienen a entenderlo. “Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre.” Marcos 1:6
La pregunta es inevitable es: ¿Juan el Bautista realmente comía insectos? La respuesta corta es: sí, muy probablemente. La respuesta profunda… es mucho más poderosa.
¿QUE DICE REALMENTE EL TEXTO?
La palabra griega utilizada es ἀκρίδες – akrídes, que literalmente significa langostas. En hebreo, el término es אַרְבֶּה – arbeh, el mismo que aparece en: “Todo insecto alado que anda sobre cuatro patas, tendréis por abominación… excepto estos: la langosta (arbeh)… estos podréis comer.” Levítico 11:20–22. Es decir: La Torá permite explícitamente el consumo de ciertos tipos de langostas. No era algo extraño, ni impuro, ni simbólico únicamente.
lugares así…fríos, inmensos, silenciosos. Lugares que no te hablan con palabras, sino con verdades que uno lleva años evitando. A veces la vida te arrastra hasta tu propia cueva de hielo.
Ese sitio donde se escucha todo lo que callaste, todo lo que fingiste que no dolía,
todo lo que te prometiste olvidar… y nunca pudiste. Y ahí… justo ahí…cuando pensás que ya no te queda nada, aparece una chispa. Un rayo pequeño, tibio, casi tímido…pero suficiente para mostrarte algo que duele aceptar: no estabas roto… estabas congelado. Y por eso te costaba tanto sentir. Por eso seguías adelante con el alma hecha pedazos pero con la sonrisa intacta para que nadie sospechara.
INTRODUCCIÓN: A lo largo de la historia, el Apocalipsis ha despertado pasión, debate y también confusión. Algunos lo leen como una alegoría simbólica; otros como una profecía literal futura. Y entre ambas posturas, se ha levantado una batalla teológica donde unos acusan a otros de estar “equivocados”. Sin embargo, el problema no está en el libro, sino en la actitud con que se lo interpreta. El Apocalipsis no fue dado para dividir, sino para revelar a Jesucristo (Apocalipsis 1:1). Por eso, necesitamos equilibrio espiritual: ni simbolismo sin base bíblica, ni literalismo sin discernimiento del Espíritu.
LAS CUATRO CORRIENTES PRINCIPALES:
1. Preterista: Enseña que la mayoría de las profecías del Apocalipsis se cumplieron en el siglo I, especialmente con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Error principal: minimiza la profecía futura y el regreso glorioso de Cristo. Acierto: resalta el contexto histórico original.
Existen adicciones que son difíciles de erradicar, entre ellas tenemos dos muy peligrosas; La de la cocaína y la ludopatía (adicción al juego de azar). En estudios hechos en el Hospital General de Massachussets, Estados Unidos, y publicados en la revista “Neuron”, se demuestra que en pruebas hechas con resonancia magnéticas de alta resolución, se han captados actividades que muestran los serios daños que la adicción a la cocaína y la ludopatía presentan aquellos enfermos que se vuelven esclavos de estas acciones. Las investigaciones revelan que las alteraciones producidas por el juego pueden traer consecuencias imprevisibles en los que confrontan este tipo de problema, por lo se produce un caos en tales adicciones, las cuales tienen un pronóstico muy pesimista.
La enfermedad tiene muchos nombres: cansancio del tiempo del fin; fatiga del Rapto; agotamiento por estar vigilante del Rapto. Los burladores y escépticos están ganando demasiado terreno y demasiados seguidores. El hecho de que el Rey viene es “aburrido” y simplemente “noticias viejas”.
Lo que Hal Lindsey escribió en 1969 en su clásico La Agonía del Gran Planeta Tierra, a los ojos de muchos, no se cumplió. Así, hay un suspiro colectivo de apatía. Los púlpitos marginan o ignoran esta gloriosa buena noticia. ¿Cuánto tiempo más podemos mirar hacia arriba con expectativa?