(Los artículos publicados en esta web no representan necesariamente la opinión del editor, la cual solo se expresa en los escritos con el nombre de Mario E. Fumero)
Para comprender mejor la Tierra Nueva que será la morada eterna de los redimidos, es necesario echar un vistazo a las cinco tierras que se revelan en las Escrituras. La mayoría de las personas se sorprenden al saber que la Biblia revela que actualmente estamos viviendo en la tierra número tres y que aún hay dos tierras por venir.
TIERRA 1
La primera tierra fue la que fue creada en el principio (Génesis 1:1). Era perfecta en todos los aspectos (Génesis 1:31). Pero, debido al pecado del hombre, Dios impuso una maldición sobre la tierra (Génesis 3:17-19). ¿Alguna vez te has detenido a pensar cómo debió ser una tierra “perfecta”? Ciertamente no había animales carnívoros, ni animales venenosos ni plantas venenosas. Toda la naturaleza estaba en paz consigo misma y con el hombre. Adán y Eva no tenían que luchar contra la naturaleza para producir su comida. Y no había cataclismos naturales como tornados, huracanes, tsunamis y terremotos.
La Biblia indica que la maldición alteró radicalmente la naturaleza de la creación original de Dios. En lugar de que el hombre ejerza dominio sobre la naturaleza, como estaba planeado originalmente (Génesis 1:26, 28), la naturaleza se alzó en conflicto con el hombre, ya que plantas venenosas, animales carnívoros y cataclismos climáticos aparecieron de repente.
La Biblia enseña la necesidad de cuidar nuestra mente y nuestro corazón porque todo lo que hacemos fluye de nuestro corazón. Nuestra mente no descansa y siempre está ocupada dirigiendo nuestra conducta. Nada de lo que hacemos se podría llevar a cabo, a menos que pensemos y lo meditemos con anticipación.
Todo lo que hacemos en la vida comienza con un pensamiento. Por eso es muy importante cuidar nuestros pensamientos: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él …” (Proverbios 23:7). Además, tenemos que cuidar la boca porque la Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca. Tenemos que mantener nuestros labios sellados, lejos de las perversidades y de las palabras profanas y obscenas. Concentrándonos en las cosas de arriba, poniendo cuidado de las cosas que pensamos y hablamos.
“Porque aquí no tenemos una ciudad permanente sino que buscamos la que ha de venir” (Hebreos 13:14).
Durante muchos años tuve pocas ganas de ir al cielo. Mi único interés en el cielo era impulsado por el deseo de evitar el infierno. Mi apatía estaba arraigada en lo que me habían enseñado sobre el cielo. Básicamente, me habían hecho creer que ir al cielo significaba ser un espíritu incorpóreo que residiría en un mundo etéreo, flotando en una nube tocando un arpa. ¡Esa imagen no me emocionaba!
Mi interés en el cielo se desarrolló lentamente durante un largo período de tiempo. Se convirtió en una pasión, en parte, debido a mi estudio de la profecía, pero, principalmente, debido a mi creciente relación con el Señor. Cuanto más llegaba a conocerlo, más deseaba estar con Él.
UNA SORPRESA CELESTIAL
La razón por la que mi estudio de la profecía no jugó un papel clave en el desarrollo de mi interés en el cielo es porque la Biblia es extrañamente silenciosa sobre el tema. La Biblia nos dice con gran detalle cómo será el Rapto, la Segunda Venida y el Milenio, pero casi no nos da información detallada sobre el Estado Eterno.1
No debemos ignorar que todo lo puro, honesto y recto, se puede desvirtuar con el tiempo, si no hay una voz profética que denuncie los abusos. La historia vuelve a repetirse, ocurrió en la vida del pueblo hebreo, y se repitió en el cristianismo, cuando en el siglo tercero los cristianos fueron leudado con las influencias del paganismo romano.
Pero entre los peligros existente para la fe cristina, tenemos uno que se extendido en nuestros tiempos como mala yerba y es «la simonía”. ¿Qué quiere decir esto de simonía? En Hechos 8:18-23 se nos relata una historia muy llamativa;
«Cuando Simón vio que por medio de la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: –Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: –¡Tu dinero perezca contigo, porque has pensado obtener por dinero el don de Dios! Tú no tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque veo que estás destinado a hiel de amargura y a cadenas de maldad.»
Vivmos en tiempo en donde la contaminación lo inunda todo. Nuestro ecosistema esta completamente deteriorado, debido a la contaminación de gases y basura que produce el efecto invernadero, lo cual ha generado un cambio climático que afecta a todo el mundo. De igual forma la política se ha contaminado por el fenómeno de una corrupción incontrolable. A nivel de salud, están resurgiendo las enfermedades que antes habían sido controlada y nuestras epidemias azotan el mundo, quedando la ciencia medica impotente ante tal fenómeno, debido al estilo de vida que vivimos en los alimentos que consumimos, en su mayoría con ingredientes químicos y contaminantes dañinos a la salud. No hay un área de nuestro estilo de vida que no este afectado por el fenómeno de la contaminación, pero lo mas terrible es pensar que esta contaminación generalizada se ha extendido a las iglesias cristianos.
Ser pastor, o líder religioso, conlleva una serie de responsabilidades ineludibles, por lo cual debemos saber asumir dicha función en todas las áreas de nuestro quehacer. No podemos ser cobardes, débiles o irresponsables en la acción que emprendamos para defender y proteger al rebaño que el Señor nos ha encomendado, ni debemos cuidar nuestra imagen social, a costa de dañar nuestra responsabilidad en relación con la grey del Señor, dando lugar a los falsos profetas, que en estos tiempos se levantan con maquillajes de «evangélicos», pero llevan al engaño a miles de incautos creyentes. Debemos ser conscientes que la obediencia de los hermanos a sus pastores envuelve una responsabilidad tremenda de estos delante de Dios, como dice la Palabra en Hebreos 13:17: “Obedeced a vuestros dirigentes y someteos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría y sin quejarse, pues esto no os sería provechoso.»
La personalidad humana está compuesta de temperamento y de carácter.
El temperamento es una predisposición natural e innata para reaccionar de una determinada manera. Es un don de la naturaleza y, en último término, de Dios. Podemos ser coléricos o melancólicos, sanguíneos o flemáticos. Nacemos con un temperamento y no podemos cambiarlo: moriremos con las cualidades y los defectos de nuestro temperamento.
Sobre la base del temperamento, forjamos el carácter. El carácter está compuesto por virtudes, y las más importantes son: la prudencia, la fortaleza, el dominio de sí, la justicia, la magnanimidad y la humildad. Las virtudes son hábitos morales, fuerzas espirituales adquiridas y desarrolladas por la práctica. No hemos nacido con nuestro carácter: es algo que construimos nosotros.
La palabra «carácter» proviene del griego «charakter», que es una imagen grabada en una moneda. Las virtudes imprimen el sello del carácter en nuestro temperamento, para que este deje de dominarnos.
La NASA se estaba preparando para el ‘Proyecto Apolo’, para lo cual enviaron a los astronautas para que hicieran su entrenamiento en una reserva india navajo, en una zona semejante al panorama lunar. Para ello enviaron a una delegación para que hiciera una encuesta entre los indios de ese lugar.
Fueron a visitar un día un anciano de la tribu Navajo, y se encontraron con su nieto que estaban pastoreando las ovejas en el campo. El niño llevó a los astronautas a ver a su anciano padre anciano, el cual sólo hablaba Navajo. El anciano le preguntó a su nieto qué hacían esos hombres con esos trajes espaciales y esas escaleras que llevaban, y el hijo le explicó que eran astronautas de la NASA que estaban haciendo una investigación y entrenamiento.
«Un anciano se encuentra a un joven quien le pregunta: – ¿Se acuerda de mí? Y el anciano le dice que NO. Entonces el joven le dice que fue su alumno. Y el profesor le pregunta:
– ¿Qué estás haciendo, a qué te dedicas? El joven le contesta:
De hecho, me convertí en Profesor porque usted me inspiró a ser como usted. El anciano, curioso, le pregunta al joven qué momento fue el que lo inspiró a ser Profesor.
Sócrates demostró que incluso el hombre más sabio no pudo sobrevivir a la toxicidad. Sócrates fue el padre de la filosofía occidental. El hombre que enseñó al mundo a pensar. Entrenó a Platón, que luego entrenó a Aristóteles y este a su vez entrenó a la civilización. Pero ¿que sucedió en su casa en esos momentos filosofales? Estaba casado con Xanthippe. Una de las esposas más tóxicas de las que se puede leer. Podemos aprender con deleite en los siguientes puntos al haber leído sobre ella:
1. Incluso la sabiduría no puede arreglar a una mujer que odia el orden. Ya que Sócrates podía debatir con reyes y aplastar a sofistas en público. Y en casa se enfrentó a constantes regaños, gritos y caos. Xanthippe no quería sabiduría. Ella quería guerra. E incluso el hombre más sabio vivo no podía razonarla para que estuviera en paz.