Mario E. Fumero
(Tomado del Libro «Buscando el equilibrio»)
La naturaleza es una perfecta armonía, todas las cosas subsisten en base a leyes físicas y biológicas las cuales sostienen el mundo material. La salud física depende del equilibrio biológico de las diferentes sustancias que nutren y soportan la vida. El mundo en que habitamos, con fauna y recursos naturales, depende de un ecosistema maravilloso que sí se rompiese produciría serias catástrofes y amenazas para todos los seres vivientes. El ser humano, como un ente espiritual y físico, depende para su salud mental del equilibrio psicológico que haya en su entorno, a través de las enseñanzas y reglas trazadas por la educación y la formación familiar y social. Si analizásemos detenidamente lo que ocurriría si este equilibrio se rompiese, veríamos aparecer en el cuerpo humano enfermedades físicas, y en la mente las enfermedades emocionales, que llevan al desequilibrio mental; y en la naturaleza la destrucción de especies, la desertización, etc.
Si los desequilibrios físicos y biológicos conducen al caos, ¿No regirán las mismas leyes en la vida espiritual y moral de los seres humanos? Todo está en una balanza; depende del equilibrio establecido por Dios para el bien común, y debemos aceptarlo como un principio básico, y obtener una vida victoriosa y feliz en todos los aspectos. La violación de las leyes divinas desencadena conflictos naturales, porque todo está debidamente establecido por el Ser Supremo, para que, como un reloj, funcione de acuerdo a un plan organizado. Nuestra meta, como cristianos, es buscar en todas las áreas de nuestra existencia la VOLUNTAD DE DIOS, para poder vivir de acuerdo a sus leyes, las cuales garantizan y preservan a la creación para su objetivo final, que es la felicidad y eternidad del hombre. Nuestra meta para ser felices, y vivir de acuerdo al deseo de Dios, es entender el fin supremo de éste en todas las áreas de nuestra existencia y someternos a sus leyes divinas.
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