En Hechos 17:16–34 hay un relato muy interesante que debemos analizar, eso fue el hecho de anunciar a Dios, en medio de una generación confundida en Atenas, la cual era una ciudad llena de sabiduría humana, filosofía y muchos de muchos dioses paganos. Allí había conocimiento… pero faltaba la verdad. Había religiosidad… pero faltaba relación con Dios.
Cuando Pablo llegó a Atenas, su espíritu se conmovió al ver la ciudad entregada a los ídolos. Sin embargo, no respondió con desprecio ni condena, sino con amor, discernimiento y dirección del Espíritu Santo. En el Areópago, un lugar donde se examinaban nuevas ideas, Pablo observó un altar que decía: “Al dios no conocido”.
Desde ahí anunció al Dios verdadero, el Creador del cielo y de la tierra, que no habita en templos hechos por manos humanas, ni necesita nada del hombre, porque Él es quien da vida, aliento y propósito. Pablo enseñó que Dios: creó al ser humano con intención y diseño
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