Al otro lado del continente, en Escocia, comenzó a desarrollarse un movimiento que terminaría dando origen a una de las expresiones más importantes y perdurables de la tradición reformada: el Presbiterianismo.
Y aunque comúnmente vemos a John Knox como el padre del presbiterianismo, la Reforma en Escocia no comenzó con él. Antes de Knox hubo hombres que prepararon el camino y que pagaron incluso con su vida por la predicación del Evangelio.
Uno de ellos fue Patrick Hamilton, quien aún siendo adolescente había entrado en contacto con las ideas de la Reforma alemana, particularmente con la enseñanza de Lutero. Al regresar a Escocia, comenzó a predicar las doctrinas de la Reforma y, en 1528, fue ejecutado en St Andrews. Con apenas unos años de edad adulta, se convirtió en el primer mártir protestante de la Reforma escocesa. Su muerte, lejos de detener la difusión de las ideas reformadoras, contribuyó a que estas adquirieran mayor fuerza.
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