(Los artículos publicados en esta web no representan necesariamente la opinión del editor, la cual solo se expresa en los escritos con el nombre de Mario E. Fumero)
No podemos negar que Tegucigalpa es una ciudad que presenta una gran vulnerabilidad ante los fenómenos naturales, principalmente los deslizamientos de tierra y a los movimientos sísmicos. Su accidentada topografía, caracterizada por montañas, cerros, laderas y profundas pendientes, constituye un factor de riesgo para miles de viviendas construidas en lugares que no siempre reúnen las condiciones adecuadas de seguridad.
Hace varios años, científicos japoneses realizaron estudios sobre las zonas vulnerables de la capital hondureña, identificando sectores expuestos a diferentes amenazas naturales. Estos estudios deberían servirnos de advertencia sobre la necesidad de establecer controles más rigurosos en el desarrollo urbano y en la construcción de nuevas colonias.
Desde el momento que Dios inició su proceso creativo, siguió un plan muy bien estructurado para llevar a cabo su propósito divino. Él era consciente del pro y contra de cada norma o estructura, por lo que fue proveyendo para cada situación una solución y un cambio de actuación, modificando con ello las estructuras de acuerdo con la necesidad. Pero ¿qué es una estructura? Es una base mínima de organización que regula la relación entre dos o más personas, según la necesidad del lugar, tiempo o labor para la cual se crea. Pensar en una relación de grupo, sin ningún esquema de estructura funcional y de gobierno, es absurdo, a menos que hayamos alcanzado tal grado de perfección, que funcionemos «programada mente», como ordenadores (computadora), esto es lo que en sí promueve la doctrina anarquista,[1] «una sociedad perfecta, sin gobierno, donde cada uno sea su propio rey».
Al pensar en las estructuras, y en la vida de la Iglesia, se debate dentro de mí una lucha, ya que reconozco que como cuerpo de Cristo, hemos heredado unas estructuras bíblicas para el correcto funcionamiento de la obra de Dios en la tierra, pero existe otro peligro, que queriendo ayudar tanto a la obra de Dios, forjemos además de las estructuras bíblicas, otras extrabíblicas que con el tiempo se convierten en dogmas que opriman la libertad y el mover del Espíritu y la autonomía de la Iglesia local. ¿Cómo podemos enfocar el complejo dilema de las estructuras? No creo en la «independencia», ya que este concepto, al igual que él de la «libertad», son relativos.
Las realidades sociales que hay en un país, también se dan en las iglesias y en las religiones. Los devotos no corresponden a una sola clase social y en una iglesia se pueden encontrar pobres, clase media y personas adineradas, pero también hay casos en que cada congregación está integrada por un solo segmento social. Esto ocurre en barrios, residenciales y donde viven los poderosos. Las personas suelen sentirse a gusto con la iglesia que se ajuste al estatus social. Un pobre metido en una congregación adinerada es como el pez de río metido en el mar.
Pero el problema mayor no está en la clasificación de la membresía sino, más bien, entre el pastor y los fieles. Los miembros son vistos como seguidores y el pastor como el líder que toma las decisiones tanto en el orden espiritual como en los demás aspectos de las vidas de los fieles. Cuando una persona entra a una congregación, al tiempo de entregar su alma a Dios, también está cediendo parte de sus decisiones importantes en la vida y de cara a las elecciones presidenciales del Brasil, dentro de las iglesias evangélicas se ha acuñado el lema “votar por Bolsonaro porque lo pide el pastor”. Esa es la indicación de que el miembro de iglesia entrega su poder de decisión política a la opinión y parecer de su guía espiritual. Esto ocurre así porque piensa que su pastor tiene mejor capacidad para determinar lo que políticamente conviene.
Dentro de las técnicas del mercado, se ha desarrollado la dinámica del marketing, la cual consiste en un conjunto de estrategias y métodos utilizados para identificar las necesidades de las personas, y captar su atención, con el fin de persuadirlas para que adquieran un determinado producto, servicio o idea. Para ello, se presenta la oferta de la forma más atractiva posible, mientras que los aspectos negativos o menos convenientes suelen ocultarse en letras pequeñas.
En la metodología del evangelismo y de la predicación se ha adoptado la misma técnica del marketing, que consiste en presentar primero la ofertas, escondiendo la demanda. Para definirlo de forma más sencilla, es tomar de la Biblia todos los aspectos positivos, en donde el Señor ofrece bendiciones prosperidad, sanidad, victoria y gozo, omitiendo la contrapartida, que es la negación, el sacrificio y el sufrimiento.
Algunas personas cuestionan el hecho de que en una misma comunidad o barrio varias iglesias, y se preguntan si algunas de ellas se han convertido en un negocio, dejando de ser lo que bíblicamente debe ser “una iglesia”. Pero antes de entrar en este análisis, definamos qué significa ser «Iglesia» en el lenguaje bíblico del Nuevo Testamento.
La palabra iglesia proviene del griego ἐκκλησία (ekklēsía), que significa asamblea o congregación. En el contexto cristiano se refiere a la comunidad de creyentes reunidos en torno a Jesucristo y comprometidos con su misión. La Iglesia no es un edificio; sino que la Iglesia son los creyentes que forman el cuerpo de Cristo. Nosotros somos la Iglesia. Ahora bien, ¿cómo puedo saber si estoy en una congregación que cumple con los principios enseñados por Jesucristo y los apóstoles, o si estoy en una organización religiosa que ha convertido la fe en un negocio? Para ello existen tres aspectos que debemos de analizar a la luz de las Sagradas Escrituras.
Uno de los principios más claros del modelo apostólico bíblico es ignorar el hecho de que la iglesia comienza en nuestra familia: la casa del pastor es su primera iglesia. Cuando este principio se pierde, no solo se afecta la familia, sino que se traslada el desorden al cuerpo congregacional. La Escritura no separa familia e iglesia; por el contrario, presenta a la familia como la estructura primaria del gobierno espiritual. Allí se modela la sujeción, el amor, la autoridad, el servicio y el carácter cristiano. “Si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe” (1 Timoteo 5:8)
La palabra “casa” en la Escritura no se limita a ladrillos y techo. En hebreo, בַּיִת (báyit) habla de familia, linaje, herencia, continuidad. Es decir, Dios no solo cuida tus paredes, custodia tu historia y tu futuro. Decir que nuestra familia está en las manos de Dios es reconocer tres verdades incómodas, pero liberadoras:
1. No lo controlamos todo (y gracias a Dios por eso).
2. No somos autosuficientes (aunque el orgullo quiera predicar lo contrario).
3. Confiamos en un Dios que no suelta lo que ama (Juan 10:28).
Las manos de Dios no son manos frágiles ni nerviosas. Son manos que:
Nunca sabes lo que un niño va a decir, es sorprendente: Al autor y orador Leo Buscaglia, se le solicitó que fuera parte del jurado de un concurso. El propósito del concurso era encontrar al niño más cariñoso. El ganador fue un niño de 4 años cuyo vecino era un anciano a quien recientemente se le había muerto la esposa. El niño, al ver al ver al hombre sentado en una banca del patio y llorando, se metió al patio del anciano, se subió a su regazo y se sentó. Cuando su mamá le preguntó que le había dicho al vecino el pequeño niño le contestó: «Nada, sólo le ayudé a llorar».
Debbie Moon S, maestra de primer grado, estaba discutiendo con su grupo la pintura de una familia. En la pintura había un niño que tenía el cabello de diferente color al resto de los miembros de la familia. Uno de los niños del grupo sugirió que el niño de la pintura era adoptado y una niña compañera de él le dijo: «Yo sé todo acerca de las adopciones, porque yo soy adoptada». «¿Qué significa ser adoptada?» preguntó el niño y la niña le contestó: «Significa que uno no crece en el vientre de su mamá sino que crece en su corazón».
¿Qué significa la nueva naturaleza? Cuando hablamos de la nueva naturaleza nos referimos a la nueva vida del Espíritu que se recibimos, al aceptar al Señor Jesucristo como Señor y Salvador de nuestra vida. Cuando reconocemos que somos pecadores y nos arrepentimos de todos nuestros pecados, y venimos a Jesús para ser limpios, entonces, por fe, a través de la sangre de Cristo, quedamos limpios de todo pecado e iniquidad. El Espíritu Santo de Dios viene a morar en nuestro cuerpo, convirtiéndolo en templo del Espíritu Santo. Es como tener dos personalidades en un solo cuerpo, la naturaleza espiritual y la naturaleza natural. La naturaleza natural es la ley de la mente que se revela contra Dios. La naturaleza espiritual es la que busca y se comunica con Dios. La naturaleza del Espíritu nos redarguye cada vez que hacemos algo que va en contra de los estatutos divinos establecidos.
El problema de la delincuencia y la inseguridad ciudadana en Honduras tiene raíces muy profundas. Una de las áreas que merece especial atención es la situación de los centros destinados a la rehabilitación de menores infractores. Si estos establecimientos no cumplen verdaderamente una función educativa y rehabilitadora, corremos el riesgo de que se conviertan en verdaderas escuelas de perfeccionamiento del delito, donde un menor puede ingresar por una falta relativamente menor y terminar relacionándose con jóvenes involucrados en delitos mucho más graves.