Mario E. Fumero
No hay verdad que dañe más las amistades que la política. En mis muchos años viviendo en este país, he tenido grandes amigos, no solo dentro de las iglesias evangélicas, sino dentro del campo de la sociedad y la política. Sin embargo, a través de los años, he descubierto algo que ha evidenciado una realidad sociológica sobre los factores que arruinan la amistad, es cuando algunos amigos entran en la política.
Las dos características para entrar en la política pueden ser: el deseo de servir, o el deseo de poder. Si su plan es servir, indudablemente buscará a sus amigos, principalmente aquellos que tienen ideales positivos, y necesidades concretas, pero si, por el contrario, tiene sed de poder, y alcanza un puesto político, lo más lógico es que busque nuevos amigos con influencia, que le puedan traer beneficios, y, por lo tanto, tendría que ignorar a aquellos que, al tener necesidad, le pueden pedir favores, y lógicamente, los tratará de evitar.
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