(Los artículos publicados en esta web no representan necesariamente la opinión del editor, la cual solo se expresa en los escritos con el nombre de Mario E. Fumero)
Apocalipsis 11:3-14 predice la venida de dos poderosos testigos. Comúnmente se enseña que están activos durante la primera mitad del Período-Trib, lo que haría que su llegada al teatro mundial sea una PRÓXIMA profecía. El siguiente versículo establece sus tres años y medio de ministerio en el calendario profético (1,260 días ÷ 360 días = 3.5 años).
“Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio” (Ap. 11:3).
El contacto con los textos reales del Evangelio, la lectura de Dostoyevski y la realidad del mal llevaron a Andrey a la fe. Las presiones de la KGB no le apartaron de su camino. Andrey Kuraev nació en 1963 en Moscú. Siendo niño a principio de los años 70, «yo soñaba con el comunismo», explica. «Me lo imaginaba como una gran tienda llena de juguetes donde uno podía coger gratis cualquier cosa, sin dinero y sin que los padres dijesen que no se lo podían permitir”. Los padres de Andrey no eran creyentes. Tampoco eran especialmente militantes del ateísmo. Su padre era filósofo y trabajaba en el Presidium de la Academia de Ciencias. El niño creció con un gusto por la filosofía. En el colegio fue redactor de un periodico escolar llamado «El Ateo». A la hora de elegir carrera universitaria, se apuntó a la licenciatura más ideológica de todas: Teoría e Historia del Ateísmo Científico. Y allí, en la licenciatura de ateísmo, por primera vez el joven Kuraev tomó contacto con los textos reales del Evangelio.
Noé fue llamado por Dios en una generación marcada por la corrupción, la violencia y la indiferencia espiritual. Mientras el mundo seguía su curso sin temor ni arrepentimiento, Dios le habló de un juicio venidero: un diluvio que nunca se había visto. Noé no solo recibió una palabra difícil, sino humanamente absurda: construir un arca enorme en un mundo donde jamás había llovido. Cada martillazo era una predicación silenciosa, y cada día de trabajo era una confrontación directa con la incredulidad de su tiempo. Es imposible pensar que Noé no haya sido objeto de burlas. Aquellos que lo veían seguramente se reían de su fe, cuestionaban su cordura y despreciaban su obediencia.
Noé hablaba de juicio, pero ellos solo veían cielo despejado. Él anunciaba agua, pero la tierra seguía seca. Sin embargo, la fe de Noé no se sostuvo en lo visible, sino en la Palabra de Dios. La Escritura dice que Noé: “hizo conforme a todo lo que Dios le mandó” (Génesis 6:22), y esa obediencia constante, silenciosa y perseverante fue la expresión más profunda de su fe.
La libertad es un término ambiguo, porque ser libre no significa poder hacer lo que me da la gana. El apóstol Pedro dice que debemos vivir “como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. (1 Pedro 2:16), y Benito Juárez define el derecho de libertad con limites, pues tu libertad termina, cuando la mía comienza.
Es por ello por lo que debemos preguntarnos ¿Hasta donde somos libres? La ley define los límites de la libertad. Contamos para ello además de la ley civil, que determina que toda libertad debe respetar la vida y la convivencia social, la ley moral, que nos hace entender que la libertad es un don de Dios que debemos usar con límite, a fin de que seamos esclavos del pecado.
No hay mayor peligro para la iglesia de hoy día que el desencadenamiento de la «avaricia, la cual es idolatría» (Colosenses 3:5). Cuando este mal se adueña de los lideres que gobiernan la iglesia, la conducirán a un desastre espiritual y social. No podemos negar que «el poder del dinero» mueve gobiernos, manipula la política, tuerce la verdad y la justicia, y extermina la pureza del evangelio. El Apóstol Pablo al describir la condición dominante en los últimos tiempos afirma en 2 de Timoteo 3:1-5: «También debes saber esto: que en los últimos días se presentarán tiempos difíciles. Porque habrá hombres amantes de sí mismos y del dinero. Serán vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos y amantes de los placeres más que de Dios. Tendrán apariencia de piedad, pero negarán su eficacia. A éstos evita”.
Notemos que los hombres serán «Amantes de sí mismo y del dinero», ratificando una condición moral predominante, y enfatizando en otros pasajes el peligro que hay en el amor al dinero: «Porque los que desean enriquecerse caen en tentación y trampa, y en muchas pasiones insensatas y dañinas que hunden a los hombres en ruina y perdición. Porque el amor al dinero es raíz de todos los males; el cual codiciando algunos, fueron descarriados de la fe y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores.» (1 Timoteo 6).
Como mencioné anteriormente, al aceptar el sacrificio de Jesús en la cruz del calvario recibimos el poder sobrenatural de Dios. Este poder nos capacita para hacer las cosas que antes no podíamos hacer por nosotros mismos. En esta nueva naturaleza, tenemos que aprender a vernos como Jesús nos ve, teniendo una relación personal con Él, de la misma forma que Él la tuvo con el Padre: “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar” (Juan 12:49).
Después de haber cultivado su relación con Dios y servido en el ministerio por casi 30 años, uno de los hombres más letrados, influyentes y con la mayor formación teológica posible, escribió lo siguiente sobre su madurez espiritual: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.” (Filipenses 3:12)
Desde una perspectiva teológica, este versículo revela una comprensión correcta de la santificación progresiva. Pablo no está negando su justificación en Cristo tema que ya ha dejado claro en la carta, sino reconociendo que la madurez cristiana no es un estado que se alcanza plenamente en esta vida.
Este capítulo se toma parcialmente del DVD titulado “La Identidad de Misterio Babilonia: ¿La Meca o Roma?”. El DVD fue producido a partir de un debate histórico entre Joel Richardson, el autor de éxitos de librería del New York Times, y yo. Richardson cree que La Meca será la gran ciudad ramera de Apocalipsis 17, y yo defendí la visión popular e histórica de que la ciudad es Roma.
Hay dos juicios de los tiempos del fin sobre Babilonia en el libro de Apocalipsis. Apocalipsis 17:16 pone fin a la religión mundial de la Ramera y Apocalipsis 18:8-10 termina con la economía global. En el escenario del tiempo del fin de Richardson, estos dos juicios son uno y el mismo. Si no lo son, entonces, en teoría, su hipótesis sobre La Meca tiene problemas significativos, los cuales se revelarán al final de este capítulo. Sin embargo, primero, este capítulo explicará cómo éstos parecen ser dos juicios claramente distintos.
El contacto con los textos reales del Evangelio, la lectura de Dostoyevski y la realidad del mal llevaron a Andrey a la fe. Las presiones de la KGB no le apartaron de su camino. Andrey Kuraev nació en 1963 en Moscú. Siendo niño a principio de los años 70, «yo soñaba con el comunismo«, explica. «Me lo imaginaba como una gran tienda llena de juguetes donde uno podía coger gratis cualquier cosa, sin dinero y sin que los padres dijesen que no se lo podían permitir”. Los padres de Andrey no eran creyentes. Tampoco eran especialmente militantes del ateísmo. Su padre era filósofo y trabajaba en el Presidium de la Academia de Ciencias. El niño creció con un gusto por la filosofía. En el colegio fue redactor de un periodico escolar llamado «El Ateo».A la hora de elegir carrera universitaria, se apuntó a la licenciatura más ideológica de todas: Teoría e Historia del Ateísmo Científico. Y allí, en la licenciatura de ateísmo, por primera vez el joven Kuraev tomó contacto con los textos reales del Evangelio. MUCHA MENTIRA Y MUCHA INCOMPETENCIA