(Los artículos publicados en esta web no representan necesariamente la opinión del editor, la cual solo se expresa en los escritos con el nombre de Mario E. Fumero)
La historia de la mujer prostituta encierra una gran enseñanza de la cual todos tenemos que aprender. Cometer un error y ser descubierto es vergonzoso. Ser arrastrada a la fuerza hacia una plaza pública, rodeada de hombres con piedras en las manos, listos para ejecutarte, es una pesadilla de la que no despiertas. Todos conocemos la frase «El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra», pero a menudo olvidamos la trampa mortal en la que Jesús se encontraba en ese momento.
Hablemos de historia y probabilidades: El Clima (La Trampa): No era un juicio justo; era una emboscada. Los líderes religiosos no buscaban santidad, buscaban atrapar a Jesús. Si Él decía «perdónala», violaba la Ley de Moisés. Si decía «apedréenla», violaba la ley romana (que prohibía a los judíos ejecutar penas de muerte) y destruía su mensaje de amor. Era un jaque mate teológico.
El fraude continuó… solo cambió el nombre del líder. Tras la muerte de Charles Taze Russell, el movimiento no se corrigió: se radicalizó. En 1917, Joseph F. Rutherford, un abogado que se autoproclamó “juez”, tomó el control absoluto de la Watchtower Bible and Tract Society. Desde el inicio, gobernó con mano dura, centralizando el poder y eliminando toda disidencia interna. En 1918 afirmo ue : “Millones que ahora viven no morirán jamás”
En 1918, Rutherford lanzó un discurso que marcó a toda una generación: “Millones que ahora viven no morirán jamás.” Este mensaje no fue simbólico ni espiritual. Era literal. Anunciaba que el fin del mundo ocurriría en 1925 y que personas vivas nunca morirían.
En ese discurso inició una campaña global de reclutamiento conocida como “la campaña de los millones”, basada en miedo, urgencia y promesas falsas. En 1920, fijo la fecha y Rutherford publicó el libro en donde firmaba que “Millones que ahora viven no morirán jamás”, donde afirmó que: En 1925 serían resucitados Abraham, Isaac, Jacob y otros “príncipes fieles”, y Gobernarían la nueva Tierra paradisíaca, pues el mundo actual sería destruido en esa generación, no fue una interpretación abierta, sino una declaración. Fue presentada como conclusión “positiva e indiscutible”, supuestamente basada en la Biblia.
Una de las características de nuestra sociedad es la pérdida del respeto y del concepto de autoridad dentro de la estructura familiar. No cabe duda de que, en los últimos cuarenta años, ha habido un deterioro acelerado de la autoridad de los padres sobre los hijos. Como consecuencia, ha aumentado el irrespeto de los hijos hacia sus padres y, por ende, hacia toda autoridad secundaria, como la que representan los maestros en los centros educativos.
Recientemente se dio el caso de una maestra que, en un momento de ira, actuó incorrectamente con una alumna, hecho que se convirtió en un fenómeno viral en las redes sociales. Sin embargo, poco se ha difundido en los medios de comunicación sobre los numerosos casos en que algunos alumnos han amenazado a maestros o los han chantajeado para que les aprueben exámenes que habían reprobado. También se han registrado agresiones físicas y verbales contra docentes. No cabe duda de que uno de los mayores problemas que enfrentan hoy los educadores es la pérdida de autoridad y el irrespeto de muchos alumnos, quienes, en algunos casos, actúan sin límites ni consecuencias.
GÉNESIS 22:9-13 “Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo”.
Las personas que se identifican mediante un uniforme, una insignia o una camiseta con aquello que representan deben ser conscientes de la responsabilidad que ello implica. Por ejemplo, ¿qué ocurriría si un agente de policía, vistiendo su uniforme, fuera sorprendido cometiendo un delito o en estado de embriaguez? ¿O qué sucedería si una persona que no pertenece a la policía utilizara un uniforme policial? Del mismo modo, ¿qué pasaría si un ciudadano que no pertenece al ejército vistiera un uniforme militar? En la mayoría de los países, esa conducta constituye un delito por usurpación de funciones o por uso indebido de insignias oficiales.
¿Qué ocurre cuando una persona que no vive conforme al Evangelio, y lleva una camiseta que dice: «Soy hijo de Dios» o «Cristo vive en mí», y luego es vista embriagándose, peleando o comportándose de manera inmoral? Quizá no esté cometiendo un delito civil, pero sí causa un grave escándalo y profana el nombre de Cristo. La gente no juzgará únicamente el mensaje de la camiseta, sino la coherencia entre lo que esa persona proclama y la manera en que vive. Cuando existe contradicción entre ambas cosas, el testimonio pierde credibilidad y el Evangelio es desacreditado.
El relato ocurre en un momento aparentemente cotidiano y relatado en el libro de Génesis. Jacob estaba preparando un guiso de lentejas cuando Esaú, su hermano gemelo, el cual salió primero, regresó del campo, exhausto. El texto bíblico no dice que Esaú estaba muriendo de hambre físicamente, se había debilitado después de la larga jornada de trabajo. En ese estado, dejó que el hambre le dominara su juicio.
Esaú pidió comida con urgencia a su hermano Jacob, sabiendo el valor espiritual y legal de la primogenitura —derechos, autoridad familiar y herencia ligada a la promesa de Dios dada a Abraham, y que era traspasada por los padres a los hijos primogénito —entonces Jacob le pidió algo a cambio: su primogenitura, el derecho a la primogenitura. Esaú respondió con una frase clave que revela su corazón: “He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?” Génesis 25:31-32.
Nuestro siglo XX comenzó con un maravilloso redescubrimiento del Espíritu Santo, el cual dio origen al movimiento Pentecostal. Surgieron alternativamente muchos abusos, excesos y distorsiones que dieron orígenes a movimientos sectarios, y escándalos, que detuvieron por mucho tiempo el quehacer de Dios en la renovación de la Iglesia. Este análisis no menoscaba la realidad de la obra del Espíritu en sus manifestaciones, sino, que expone los abusos que en nombre del Espíritu se cometen, y la condición de libertinaje espiritual que viven muchas congregaciones, las cuales no han podido fundamentarse en la doctrina bíblica y de los Apóstoles, por lo que son presas de todo tipo de ideas extravagantes, que no se ajustan al fundamento de la Palabra.
Si Dios nos ha dejado un Antiguo Testamento, con la historia del pueblo israelita, incluyendo sus errores, fracasos y virtudes, es porque tenemos en sus ejemplos valores que nos ayudan a comprender las realidades que ayudan a comprender el peligro que puede afrontar la Iglesia si reincide en los mismos hechos, pues la historia se repite.
La realidad de Israel tiene muchas similitudes con la de la iglesia. Por eso vemos como Dios formó su pueblo escogido (Israel), dentro de otro pueblo pagano e idólatra como era Egipto. De la misma forma, Jesús levantó y formó una iglesia poderosa dentro de un sistema corrupto y pagano como era el Romano. Los israelitas no tenían libertad dentro del sistema egipcio para adorar a Dios, su fe residía en los hogares, hasta donde llegó la persecución y el odio del Faraón, matando así a los hijos varones para frenar su crecimiento, y esclavizándoles cruelmente.
Leví estaba sentado donde siempre: en el banco de los tributos. No era un lugar neutro. Era el espacio de su pasado, de su oficio, de su identidad social. Como cobrador de impuestos, Leví cargaba con el desprecio de su pueblo, la sospecha constante de corrupción y el estigma de colaborar con el poder opresor romano.
Desde la perspectiva religiosa y social, era un hombre marcado, difícilmente redimible, alguien que no encajaba en los márgenes de la piedad aceptable. Y allí, precisamente allí, Jesús pasa. El texto es sobrio, pero profundamente radical. Jesús no le da un discurso, no le exige una confesión previa, no le impone condiciones. Solo le dice una palabra: “Sígueme”. Sin embargo, esa palabra lo implica todo.
Jueces 16:28: “Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios…” (Jueces 16:28). Sansón fue un hombre llamado, apartado y ungido por Dios desde el vientre de su madre. Tenía un don extraordinario: una fuerza sobrenatural para liberar a Israel de los filisteos, pero Sansón cayó donde muchos caen el descuido espiritual. Su fuerza no estaba en su pelo sino en su pacto con Dios… y al romper el pacto, perdió todo.
Ahora lo encontramos ciego, encadenado, humillado, usado como burla en el templo de Dagón. Pero aquí ocurre algo glorioso: ¡en su peor momento, en lo profundo de un abismo de desesperación. ¡Sansón clama a Dios! Ese clamor nos enseña que no importa cuán profundo y lejos una persona haya caído, siempre hay esperanza cuando se clama a Jehová.
La teología actual de la llamada “restauración de los ministerios apostólicos y proféticos” como la antesala a una supuesta explosión de avivamiento mundial y una nueva era de gloria para la Iglesia, está llevando a muchos a creer múltiples engaños, empezando por esa misma teología de estructura jerárquica, aunque muchos no lo quieran abiertamente reconocer, y otros, ingenuos todavía, no se aperciban de ello.
Incidiendo en Efesios 2: 20 y en Efesios 4: 11, donde el apóstol Pablo habla de los apóstoles y profetas, pero como fundamento sobre el cual como cristianos hemos sido edificados, esto es, en referencia a la doctrina y la revelación bíblicas, es decir, Antiguo y Nuevo Testamento, los postulantes de la “teología de la restauración”, entiéndase, de “apóstoles y profetas”, sacando de contexto las palabras de Pablo, pretenden que hoy Dios está haciendo surgir nuevos apóstoles y nuevos profetas que aportarán “más de Cristo que ha de ser revelado a nuestras vidas y ministerio” (1); es decir, nueva revelación, que obviamente habrá de “competir” con la revelación bíblica, ya sellada. Un ejemplo rápido aquí de esto, sería la “visión” del Gobierno de Doce de César Castellanos.