El “Anaheim Convention Center” quedó congelado cuando Jim Caviesel subió al escenario sin estar anunciado y le quitó la sonrisa a Dante Hebel frente a 15,000 jóvenes que todavía reían con su último chiste.
Dante acababa de contar una historia de su niñez en Argentina, exagerando los gestos, imitando voces familiares y caminando por la tarima como quien domina una sala con solo levantar una ceja. Las pantallas gigantes mostraban su rostro iluminado, los muchachos gritaban, algunos grababan con el celular, otros lloraban de risa. La conferencia Pasión Juvenil había sido vendida como una noche de inspiración, fe, música y esperanza. Cada boleto costaba $100, y nadie allí imaginaba que terminaría presenciando una herida abierta.
Jim apareció desde el pasillo central con paso firme. No venía sonriendo. No saludaba. No parecía un invitado especial esperando su turno. Parecía un hombre que caminaba hacia una tormenta que no podía evitar. 2 guardias intentaron cerrarle el paso, pero él mostró su credencial VIP sin detenerse. A cada paso, la risa se fue apagando como velas bajo la lluvia.
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