Imagínate por un momento que un día desapareces. No hay un juicio ni tampoco hay expediente. No hay registro. Simplemente dejas de existir para el sistema dominante, pues eso fue lo que vivió un cristiano en China, alrededor del año 2008 y el cual no era famoso, ni un líder nacional, simplemente era un creyente sencillo que abría su casa para orar y leer la Biblia con otros.
Una noche, agentes del Estado llegaron sin aviso, y les confiscaron todas las Biblias, pagaron las luces y lo sacaron sin permitirle siquiera ponerse los calzados. su familia nunca recibió una explicación de ese hecho. Lo llevaron a un centro de detención clandestino, en un lugar sin ventanas, sin relojes, sin ningún contacto humano.
Allí aprendió algo nuevo: el tiempo podía volverse un enemigo. Los interrogatorios eran constantes, siempre le hacían la misma pregunta: “¿Quién dirige la iglesia?” “¿Quién más cree como tú?” pero él guardaba silencio. Entonces vino el castigo. Lo encerraron en una celda tan pequeña que apenas podía estirarse. Las luces permanecían encendidas día y noche para quebrar su mente.
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