Mario E. Fumero
A lo largo del cristianismo, la iglesia ha sufrido las influencias filosóficas del mundo secular, y no ha estado exenta de que razonamientos humanos desvirtuaran aspectos fundamentales en la vida de los cristianos. Uno de ellos radica en el énfasis actual a la “gracia absoluta”, que lleva a proclamar una predestinación por medio de la cual la gracia de Dios es dada a aquellos que Él quiere, y no a aquel que busca al Señor.
Se ha dicho, erróneamente, que esta «doctrina» es de origen calvinista, pero no es cierto, pues muchos teólogos anteriores la matizaron, y Martín Lutero[1] la proclamo, aunque no de forma tan radical, pues con el tiempo modificó algunos de sus puntos de vista, hasta que llegó a afirmar en una reflexión que la fe absoluta y la salvación predeterminadas por Dios, sí existían sería una falta de misericordia de Dios[2]. Juan Calvino tomó este aspecto para confeccionar una doctrina bien diseñada, y remachar lo que ya era una influencia antigua dentro de la fe cristiana.
Seguir leyendo









