*Reporte Diario* medio digital de Chile.
Vivimos en una época donde el tramposo ya no se oculta, ni se excusa, ni se avergüenza. Al contrario, se aplaude si lo hace con inteligencia, se premia si logra resultados y se convierte en referente si tiene una buena narrativa.
El que se cuela en la fila sin recibir reproche, el que revende a precios altos y es llamado «emprendedor», el que evade impuestos mientras da charlas sobre superación… todos forman parte de una misma normalidad que ya no distingue entre lo astuto y lo injusto. La trampa ha dejado de ser una anomalía del sistema social para convertirse en una estrategia que si funciona.
Lo más inquietante es que nadie se escandaliza. Todos, en algún nivel, entienden la lógica que se impone: si el entorno premia la trampa y la sinvergüenzada, resistirse a ella no solo parece inútil, sino tonto. El sujeto no nace tramposo, aprende. Se forma en un entorno donde los discursos dicen una cosa, pero la esencia es otra.
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