Por Enrique Crespo
Así se puede describir lo que vimos al visitar un centro de “ollas” (lugares de expendio y consumo de drogas) en Bogotá. Se ven indigentes en la calle durmiendo, cerca de las ollas, para poder regresar a ellas tan pronto despierten y consigan algo de dinero por cualquier vía, por lo regular ilegales. Quien nos lleva, nos relata que algunos de ellos han sido comerciantes, profesionales, empresarios, que cayeron en el vicio y lo perdieron todo.
Salimos de la vía principal y nos adentramos por una calle lateral, donde se ve un mundo de fantasmas, cadáveres ambulantes, tatuados, prostitutas, consumiendo drogas abiertamente, muchos inmigrantes venezolanos. El olor a marihuana es fuerte, las ollas permiten al consumidor tener su “viaje” de manera “segura”, fuera de la mirada de la policía, es una zona de tolerancia, donde la ley la imponen los que controlan el tráfico de sustancias en la zona.
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