Mario E. Fumero
En la Biblia se relatan dos consejeros que ocuparon puestos muy importantes en distintos períodos del Antiguo Testamento. El primero de ellos fue José, hijo de Jacob, llevado cautivo a Egipto. Gracias a su capacidad para interpretar sueños, pudo descifrar uno del faraón, lo que le condujo a ocupar un puesto de preeminencia dentro de su reinado. Esto sirvió para prever el gran desastre que se avecinaba: una hambruna que, después de siete años de abundancia, azotaría aquella región. Claro está que, como consecuencia de su posición, tuvo que enfrentar grandes conflictos con aquellos que le tenían celos y trataron de destruirlo. El relato se encuentra en los últimos capítulos del libro de Génesis.
El segundo consejero de honor de un rey fue Daniel, llevado cautivo a Babilonia junto con su pueblo. Él también pudo interpretar un sueño del rey, por lo que fue constituido en un alto funcionario de su reino, dentro del cual llegó a ser un instrumento para revelar el futuro, no solamente de Babilonia, sino también de la humanidad.
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