Mario E. Fumero
El éxito o fracaso de una nación, una política, una empresa, una iglesia o una sociedad depende de la calidad humana de los miembros que la conforman. Esta calidad está determinada por tres factores básicos en toda convivencia: la familia, la moral y la espiritualidad. En la medida en que estos tres factores entran en crisis, la sociedad pierde su rumbo y se sumerge en un caos convivencial, cayendo en lo que podemos denominar una degradación social, cuyo principal síntoma es la corrupción.
Hablar de calidad humana es hablar de principios individuales. Estos principios, bíblicamente hablando, se definen como “cualidades”, en cuyo centro debe estar el temor a Dios y a sus mandamientos. Tales cualidades deben reinar en el corazón del cristianismo, el cual se fundamenta en la regla de oro del amor: “No hagas a otros lo que no quieras que otros hagan contigo” (versión libre de Mateo 7:12). Esto impondría como estilo de vida la honestidad, la integridad y, sobre todo, la laboriosidad.
Seguir leyendo











