Mario E. Fumero
En los años 1966, en la ciudad de Miami, contemple con asombro el maravilloso mover de Dios ocurrido en una Iglesia de las Asambleas de Dios que pastoreaba el pastor Gabriel Caride. Un evangelista predicaba con mucha unción y la gente se caía al suelo impactada, fue entonces que escuché a un hermano decirme «Dios está haciendo cosas maravillosas, pues la gente cae como cucarachas, patas arriba».
En el 1988 celebramos un campamento juvenil en Córdoba. Una noche, al calor de la fogata, vino una visitación del Espíritu Santo tan maravillosa que los jóvenes comenzaron a caerse al suelo. Recuerdo que Martín, un joven estudiante de medicina, fue a aguantar a uno que se caía, pero él mismo cayó, junto con el que trataba de sostener. Me contaron que en una campaña de Carlos Anacondia, en Argentina, Dios se movía con milagros, liberaciones y caídas. Una mujer incrédula fue a ver el evento, llevando una perra sostenida con un collar. Burlonamente se reía frente a lo que veía, cuando de pronto el predicador exclamó -. Sé llenó del Señor. – y su perra, al igual que las personas, cayó al suelo. La mujer asustada, la levantó, pero al rato se caía de nuevo.
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