LA CRUZ QUE TENÍA MI NOMBRE: BARRABAS

Barrabás era un delincuente, el sabía cómo se sentía una madrugada sin futuro. No necesitaba que nadie se lo explicara porque su fin estaba cerca. Había dormido en el suelo, con las manos marcadas por las cadenas y la conciencia pesada como piedra.

Ese día no esperaba un milagro… esperaba el final. En algún patio romano había una cruz ya estaba lista para su sentencia. No era pequeña. No era simbólica. Era grande, áspera, pensada para un hombre fuerte como él, para alguien que pelearía hasta el último aliento.

Esa cruz llevaba su historia, su culpa, su nombre. Barrabás no era inocente y por lo tanto su fin era terrible. a Biblia no lo maquilla. Él era violento, ladrón, rebelde. Había roto hogares, sembrado miedo, derramado sangre. Y aun así… cuando la puerta de la celda se cerró la noche anterior, tal vez pensó lo mismo que pensamos nosotros cuando fallamos: “Esto ya no tiene arreglo.”

A pocos metros estaba Jesús, callado, golpeado, sin fuerza en el cuerpo, pero con una decisión eterna en el corazón. Él no tenía cargos reales, no había odio en sus manos, no había culpa en su mirada. Y entonces el cielo guardó silencio…y la tierra gritó: “¡Suelta a Barrabás!”.

Barrabás escuchó su nombre. No como esperanza, sino como burla. Porque nadie grita tu nombre para salvarte cuando ya te han condenado, pero de pronto la puerta se abrió y las cadenas cayeron. El aire volvió a entrar en sus pulmones, y sin entender lo que pasaba, Barrabás vio a Jesús caminar hacia su cruz.

No una cruz genérica. No una cruz espiritual. Esa cruz que estaba destinada para él, pero ahora otro la llevaría, un inocente. Ahí es donde esta historia deja de ser de Barrabás…y se vuelve nuestra historia, porque esa cruz no solo llevaba su nombre, sino que también llevaba el tuyo y el mío.  culpa que escondemos. La vergüenza que nadie conoce. Las noches donde pedimos perdón en silencio, esperando que Dios no nos suelte.

Barrabás no dijo gracias, ni pidió perdón. No prometió cambiar su vida, y aun así fue libre. Jesús tomó el madero sin protestar como quien sabe que el amor verdadero no se explica… se entrega. Cada paso de Jesús decía: “Esto es por él”. Cada latigazo decía: “Esto es por ti”, y cuando lo clavaron, Dios estaba diciendo algo que todavía nos cuesta aceptar: “Prefiero perder a mi Hijo… antes que perderte a ti.”

La historia no nos dice qué hizo Barrabás después, porque el punto o el motivo de su liberación nunca fue Barrabás, el punto eres tú. Tú, cuando sientes que no mereces perdón. Tú, cuando piensas que ya cruzaste el límite. Tú, cuando crees que Dios ya se cansó de ti.

La cruz que Jesús cargó no era para Él, era para nosotros, Y aun así…Él no la rechazó. Eso no se entiende, eso se llora.

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Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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