Esta es la historia de a muerte de Policarpo, el anciano que no negó a Cristo. Imagina tener más de 80 años y haber servido a Cristo toda tu vida, que, aun así, te pidan una sola cosa para salvarte: Negar a Jesús. Eso fue lo que vivió Policarpo de Esmirna, uno de los cristianos más respetados del siglo segundo.
Policarpo no era un desconocido, había sido discípulo directo del apóstol Juan y había escuchado de primera mano los relatos de Jesús de su maestro. Era obispo de Esmirna, un anciano amado por la iglesia de esa región, pero en el Imperio Romano, perseguía a los cristianos, y por lo tanto servir a Cristo se estaba volviendo mortal.
En el año 155 después de Cristo, durante una persecución oficial, las autoridades fueron por él. Policarpo pudo haber huido, pero no, estuvo firme, pese a que sus amigos le suplicaron que escapara, pero Él se negó, dijo que la voluntad de Dios debía cumplirse.
Cuando los soldados llegaron, no los maldijo, o gritó, no corrió, pidió algo inesperado: “Denme una hora para orar”, y oró por ellos. Lo llevaron al estadio, lleno de gente. Allí estaba el gobernador romano el cuál lo miró con desprecio y le dijo: “Respeta tu edad.” y entonces le reclamo: “Jura por el César y maldice a Cristo… y vivirás.” Entonces Policarpo respondió con una frase que atravesó la historia: “Ochenta y seis años le he servido, y nunca me ha hecho mal, ¿Cómo voy a blasfemar contra mi Rey que me salvó?”
La multitud rugió, y el gobernador insistió: “Jura, y te dejo ir.” Pero Policarpo firme en su fe respondió: “Tú me amenazas con un fuego que dura un momento, pero ignoras el fuego del juicio eterno” La sentencia fue inmediata, lo condenaron a morir quemado vivo en una hoguera. Cuando lo ataron, Policarpo dijo que no necesitaba clavos, porque Aquel que le daba fuerzas, también lo sostendría allí. El fuego fue encendido y los testigos relataron algo impactante: Las llamas parecían rodearlo sin consumirlo de inmediato, finalmente, un soldado terminó con su vida. Así murió Policarpo, no huyendo, no renegando, no suplicando., El murió fiel a si Señor y Salvador.
Hoy muchos abandonan su fe por presión social o comodidad. Este anciano enfrentó el fuego… y no negó a Cristo. ¿Estaremos nosotros dispuesto a no negar a Jesús por cualquier situación? ¿Existirán hoy en día esa clase de cristianos?
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