Mario E. Fumero
Recuerde que una ocasión, alrededor del 1968, viajando de Comayagua a Siguatepeque, en un transporte que le llamaban baronesa, pues que eran unos camiones adaptados, en donde llevaban a las personas detrás en asiento y en el techo, colocaban sus compras y valijas le ocurrió algo que nunca olvidaré.
Al llegar a mitad del camino, estaban vendiendo diversos alimentos algunos vendedores ambulantes. Tenían tajadita de platanitos, cacahuates, y alguien vendía unos sándwiches envueltos en plástico transparente, y se veían muy atractivo, porque por un lado se miraba el jamón y el queso saliendo del mismo, y en aquel entonces su precio era de 15 centavos de lempira, porque todavía el lempira estaba fuerte frente al dólar (un dólar igual a dos lempiras). Motivado por lo atractivo, compré un sándwich con la ilusión de que tenía queso y jamón, pero cuando lo abrí, y descubrí que adentro no había nada. Sólo estaba un pedazo de jamón y queso salido, y al estar cubierto con el plástico transparente, caí en el engaño, y puedo decir que me dieron gato por liebre.
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