LA CALIDAD HUMANA

Mario E. Fumero

El éxito o fracaso de una nación, una política, una empresa, una iglesia o una sociedad depende de la calidad humana de los miembros que la conforman. Esta calidad está determinada por tres factores básicos en toda convivencia: la familia, la moral y la espiritualidad. En la medida en que estos tres factores entran en crisis, la sociedad pierde su rumbo y se sumerge en un caos convivencial, cayendo en lo que podemos denominar una degradación social, cuyo principal síntoma es la corrupción.

Hablar de calidad humana es hablar de principios individuales. Estos principios, bíblicamente hablando, se definen como “cualidades”, en cuyo centro debe estar el temor a Dios y a sus mandamientos. Tales cualidades deben reinar en el corazón del cristianismo, el cual se fundamenta en la regla de oro del amor: “No hagas a otros lo que no quieras que otros hagan contigo” (versión libre de Mateo 7:12). Esto impondría como estilo de vida la honestidad, la integridad y, sobre todo, la laboriosidad.

En cierta ocasión, el profeta Jeremías salió por las calles de Jerusalén buscando a un hombre que hiciera justicia y buscara la verdad, pero no lo halló (Jeremías 5:1-3). Nuestros problemas actuales —subdesarrollo, delincuencia, crisis de valores y corrupción— son el reflejo de la calidad humana que tenemos hoy. Quien encuentra a un hombre o a una mujer honesta e íntegra ha encontrado un tesoro. Ser incorruptible en medio de una corrupción tan nefasta es casi un milagro.

Esto nos obliga a reconocer que el futuro de nuestra nación no depende del gobierno que gane ni de las leyes que promulguemos, sino de los principios que nos gobiernan a nivel individual. Aun los pastores y sacerdotes que levantan su voz para denunciar la corrupción deben, primero, juzgarse a sí mismos.

Existen muchas causas que originan la decadencia de nuestra calidad humana en las áreas productivas, vivenciales y sociales. La principal es la falta de temor a Dios, acompañada de la terrible desintegración familiar que vive nuestra sociedad, evidenciada en el nacimiento de hijos producto de madres solteras y hombres irresponsables. Luego, al carecer de valores familiares basados en principios sólidos, surgen los efectos de vivir en la mentira, el engaño y el amor por las riquezas rápidas y fáciles, lo que inevitablemente conduce a la corrupción.

Nadie se hace rico rápidamente a menos que se corrompa, gane la lotería o reciba una herencia. Existe una riqueza que se produce por el trabajo honesto, pero esta es lenta y justa; no puede ser voraz ni ambiciosa.

Honduras es un país rico, pero con más del 70 % de su población en pobreza. ¿Por qué esta realidad? Porque somos conformistas, porque no queremos trabajar, porque muchos han hecho del engaño y la mentira un estilo de vida. Porque usamos cualquier pretexto para dar la espalda a los necesitados, buscando únicamente nuestros propios beneficios. Porque nadie quiere sacrificarse por nadie. Porque el egoísmo nos lleva a olvidar la tragedia de quienes sufren.

Hemos dejado de enseñar, nos hemos olvidado de atender al enfermo y de cumplir con el deber ciudadano cuando no obtenemos lo que pretendemos, recurriendo incluso a huelgas irresponsables. Así, perjudicamos a una mayoría necesitada con tal de combatir a una minoría que, en realidad, nada sufre.

Creo firmemente que nuestros problemas sociales, económicos y políticos no radican en el sistema, ni en la falta de recursos naturales, ni siquiera exclusivamente en nuestros gobernantes de turno, sino en nosotros mismos, en nuestra decadente calidad humana. Mientras no cambiemos esta realidad, nada podremos hacer para salir adelante de la crisis que actualmente vivimos.

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Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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