BÚSQUEDA Y ENGAÑO
Mario E. Fumero
El ser humano siempre ha tenido una necesidad imperiosa de creer en algo. Cuando perdió el concepto de la verdad como consecuencia de la corrupción de la generación de Caín, la superstición reinó y las creencias persistieron, pero hacia puntos diferentes, se distorsionaron. Comenzaron a adorar ídolos, creer en espíritus y buscar respuestas a la eternidad en los astros, naturaleza, adivinos o curanderos. La preocupación de lo venidero les llevo a buscar respuestas en lo oculto o abstracto.
EL SURGIMIENTO DE LOS VIDENTES
Esta necesidad imperiosa de encontrar respuestas a las grandes interrogantes de la vida por medio de la fe les condujo a buscar en videntes o augures respuestas. Entonces aparecieron los que aprovechándose de la ignorancia y la fe ingenua de estas personas, formaron un culto en torno a ellos, para manipular con palabras engañosas a los que buscaban creer en algo, o hallar respuesta a lo desconocido. Muchos de estos adivinos, curanderos o agoreros se sentían elegidos por los dioses. Muchos estaban convencidos de sus poderes pero otros se aprovechaban de la situación para obtener una influencia en su clan o tribu, por lo que llegaron a ser gentes privilegiadas. Estos falsos adivinos o videntes llegaron a controlar y manipular tribus y grupos enteros. La superstición sirvió de trampolín para manipular la vida de todos los que formaban su comunidad. La creencia más común en cuanto a los adivinos y agoreros se fundamentaba en la realidad de una unidad orgánica entre cuerpo, materia y espíritu, de manera que a través de los sueños o en estado de trance podían interpretar los acontecimientos futuros partiendo de la realidad del macro y micro cosmos. Muchos líderes políticos del pasado, y del presente se guían por los adivinos. Estos pueden también buscar respuesta al futuro mediante los astros, naciendo así la astrología.
EL NACIMIENTO DE LA IDOLATRIA
Desde el momento que el hombre fue creado, y comenzó a creer en un Dios, fue objeto de engaño por parte del maligno. La caída de Adán y Eva refleja el primer triunfo del mal sobre la raza humana. El pecado les quitó la luz gloriosa del Dios que se paseaba en el huerto, y entraron a un mundo en donde existía la tiniebla.
Al matar Caín a su hermano Abel, y huir, se formo de una descendencia los cainitas, que lentamente se apartaron del concepto correcto de un Dios único y verdadero (monoteísmo), cayeron en el politeísmo. Los hallazgos arqueológicos revelan que las creencias primeras de los primitivos descendientes de Caín giraban en torno al culto a los animales y la naturaleza. El sol, la luna, los astros se convirtieron en dioses, junto a una serie de animales asociados con el mal, como la serpiente.
Cuando Dios llama a Abraham (Génesis 12) y lo saca de la tierra de Ur, región mesopotámica, habitada por los caldeos, le muestra un sublime propósito, crear un pueblo iconoclasta. En Ur se practicaba no solo una idolatría en torno a los astros y animales, sino que tenían sacrificios, templos y sacerdotes junto con magos, adivinos y astrólogos[1].
Las creencias de estas comarcas envolvían ideas y principios procedentes de la verdad histórica bíblica pero mezcla con superstición. Se sabe, por los estudios en torno al origen de Zoroastro[2], que creían en un dios que según el mito se llamaba Ahura-Mazda, y era el dios creador que habitaba en las luces. Este dios tuvo un hijo llamado Atar, dios del fuego y así se fue forjando una mitología de dioses y luchas entre ellos, a los cuales se le hacían sacrificios, para aplacar su ira. Estas manifestaciones se vinculaban con hechos naturales: fuego, viento, día, noche, etc. Al hacer sacrificio se consideraba que el espíritu de los animales iban con los dioses, por lo que se comenzó a invocar el espíritu de estos como por ejemplo el “espíritu del toro” que se convirtió en el símbolo que encarnaba la divinidad de la fertilidad, etc. En Génesis 31:30, 31:32 y 35:2,4 se mencionan la existencia de dioses paganos, junto a los cuales habían adivinos, sacerdotes y videntes. Ya en el desarrollo del pueblo Hebreo dentro de la cautividad en Egipto aparece el culto a los dioses, los magos y adivinos formaban parte de la estructura social de la corte faraónica.
ÉL QUE ÉS, FRENTE A LOS QUE NO SON
La evidencia de la idolatría y el politeísmo existente en Egipto lo tenemos revelado en Éxodo 3:13 cuando Moisés se confrontó con Dios en la zarza que ardía y no se consumía. Moisés le pregunta a Dios, cuando lo envía a Faraón: “He aquí que llego yo á los hijos de Israel, y les digo, El Dios de vuestros padres me ha enviado á vosotros; si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre? ¿Qué les responderé?” Es interesante saber porque Moisés hizo le pregunta ¿Cuál es su nombre? En las creencias egipcias habían muchos dioses, su mitología estaba llena de luchas, uno quitando al otro. En la medida que el sol prevalecía, o la noche caía, cierto dios reinaba quitando al otro. Estaba el dios “RA”, después aparecen los dioses Geb y Nut, y sus hijos Set y Osiris, sus hijas Isis y Nefti que luchaban por el poder para reinar[3]. Ante esta variedad de dioses, y luchas entre ellos por gobernar, viene la afirmación de Dios: “Y respondió Dios á Moisés: <YO SOY EL QUE SOY>. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros”. Cabe reflexionar él por qué Dios no le dijo su nombre, y usó una referencia verbal para indicar su persona; “EL QUE SOY” palabra del Hebreo referente al verbo “ser” que es “EBEYEB”, y que se refiere a la primera persona del tiempo imperfecto, lo que quiere decir que no fue, ni es, ni dejará de ser, porque está siempre presente. Lo que el Señor le dijo a Moisés fue que le dijera a Faraón que “el Sin-nombre” me envió, descartando los diversos dioses existentes en esa cultura.
Maimónides, uno de los mayores estudiosos del Talmud, comento que “Dios no tiene nombre ni atributos negativos, y esta fuera del alcance del hombre conocer la esencia de Dios”. El Dios que se le reveló a Moisés no tenía que ver con los dioses egipcios. Si interpretamos este texto, tomando el análisis hebreo de la expresión “EBEYEB” que significa “SOY”, y le ponemos el artículo “ÉL” lo que en sí dice el texto es: “Mi nombre es el Sin-nombre; diles que Sin-nombre te ha enviado” Este concepto del “Sin-nombre” es descrito majestuosamente el escritor Meister Eckhat en sus estudios de Dios, porque el Dios viviente, y único, no necesita nombre. Antes del Éxodo, cuando se hacía referencia a Dios, no se le describía con un nombre, sino con un quehacer histórico o señalando sus cualidades, así se expresa en Éxodo 3:6,13 cuando se usa el término “yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac etc…”
LEGISLACIÓN CONTRA EL ENGAÑO
Aunque antes del Éxodo se condenaban las acciones de adivinación y toda forma de ocultismo, a partir de la ley de Moisés se fue más estricta, se prohibió radicalmente la práctica de tales creencias. Veamos lo que dice Deuteronomio 18:9-12: “Cuando hubieres entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas gentes. No sea hallado en ti quien haga pasar su hijo ó su hija por el fuego, ni practicante de adivinaciones, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, Ni fraguador de encantamientos, ni quien pregunte a pitón, ni mágico, ni quien pregunte a los muertos. Porque es abominación á Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios las echó de delante de ti”. Cualquier práctica de este tipo era castigada fuertemente. Esto evitó la manipulación, con lo cual los encantadores podían pervertir y esclavizar la mente de sus seguidores. El mandato del Señor fue radical en Levítico 19:31: “No os volváis a los encantadores y a los adivinos: no los consultéis ensuciándoos con ellos: Yo Jehová vuestro Dios”. Y las consecuencias al desobedecer fueron funestas, cayeron en cautiverio y esclavitud total.
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[1] – Tal parece que la astrología tuvo su fuerza en el territorio Persa, en donde alcanzó rasgos científicos, lo que hoy conocemos como astronomía.
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[2] – Zoroastro (o Zaratrusta) nació en el 589 a.C. Fue un religioso persa que condujo el paganismo dominante en su época a una revolución espiritual, proclamando un solo Dios que era Ahura-Mazda, que según relata, lo llamó para que proclamara esta verdad la cual chocó con la religión existente, por lo que huyo víctima de la persecución. El giro hecho por Zoroastro hizo aparecer una creencia monoteísta en un mundo politeísta, pues Ahura-Mazda era el único creador y regente del cosmos, naciendo el zoroastrismo o parsismo. En Irán existen los “parsis” al igual que en Bombay, India en donde hoy día existen seguidores de estas creencias.
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[3] – Cuenta la mitología egipcia lo siguiente: “…el dios Geb, se convirtió en la tierra, y elevaron a Nut, que se convirtió en el cielo. Ra regía todas las cosas. Geb y Nut después tuvieron dos hijos, Set y Osiris, y dos hijas, Isis y Neftis. Osiris sucedió a Ra como rey de la tierra, ayudado por Isis, su esposa y hermana. Set, sin embargo, odiaba a su hermano y lo mató. Isis entonces embalsamó el cuerpo de su esposo con la ayuda del dios Anubis, que se convirtió así en el dios del embalsamamiento. Los poderosos hechizos de Isis resucitaron a Osiris, quien llegó a ser rey del mundo inferior, la tierra de los muertos. Horus, hijo de Osiris e Isis, derrotó posteriormente a Set en una gran batalla erigiéndose en el rey de la tierra”. Tomado de la Enciclopedia Encarta 2000.

