Armando Di Pardo
Un estudio crítico de la Revisión de 1960 de la Versión Castellana Reina–Valera de la Santa Biblia, a la luz de la «sana doctrina».
Ediciones «Adelphia» © Copyright 1998 – 2002, Adelphia. http://www.philadelphos.org
Ediciones «Adelphia». ISBN N° 987-97636-0-2
CAPITULO III.
Eliminación del tipo de letra bastardilla para las palabras auxiliares o complementarias
DICE EL SEÑOR: «¿QUE TIENE QUE VER LA PAJA CON EL TRIGO?» (Jer. 23:28)
En nuestra Biblia Versión Antigua, cierto número de palabras está impreso en tipo de letra bastardilla o cursiva, para diferenciarlas de las palabras principales del Texto. Tal cosa indica que esas palabras en bastardilla, no traducen directamente a términos equivalentes de los Textos originales Hebreo y Griego pues éstos no los tienen, pero se imprimen porque a juicio del traductor lo requiere la construcción de la frase o el sentido del original. El uso de las bastardillas facilita la inmediata identificación de esas palabras complementarias.
Pero en la Revisión de 1960, las bastardillas fueron eliminadas, aunque no las palabras complementarias que así (junto con otras agregadas en la Revisión de 1960), han quedado indebidamente incorporadas al Texto Bíblico, sin posibilidad de identificación ni prevención alguna para el lector.
Argumentaciones
Antes de examinar algunos ejemplos de tan inconsulta medida, analicemos algunas de las «razones» circuladas en su defensa, que las extraemos de un folleto del Sr. Félix Arana, titulado: «Principales objeciones al trabajo de revisión hecho a la Biblia Reina–Valera en 1960».
(1) Se ha dicho que si el lenguaje a que se traduce exige esas palabras, «entonces ya no deben ir en letra bastardilla, porque forman parte integral del significado y sin ellas la traducción quedaría defectuosa. Lo que es indispensable, pues, no está de más; y por lo tanto pertenece al texto.»
Respuesta: Es obvio que en el caso planteado, lo que es indispensable por exigencias legítimas del idioma a que se traduce, no está de más. Ninguna cuestión al respecto.
Pero: ¿qué de los otros casos? Porque los hay. Por ejemplo: (1) cuando el traductor no necesita suplir exigencias del idioma ni completar terminaciones de palabras ni frases, pero usa palabras «extras» que, a su juicio, pueden servir para ayudar a entender el sentido o significado del texto. ¡Qué puerta abierta a cualquier «modernista» infiltrado en la labor sería ésta, al eximirse al traductor de la responsabilidad de usar las bastardillas! Y aún hombres buenos podrían sucumbir a la sutil tentación de obrar —sin duda de buena fe— para inclinar algún texto según sus propias sinceras creencias. Cuando se incursiona en el campo de la Hermenéutica Bíblica, consciente o inconscientemente, el sentir subjetivo jugará su papel; y todas las precauciones son pocas tratándose de la Palabra de Dios. De no usarse las bastardillas, muchos errores podrían subyacer bajo el amparo de las palabras adicionadas, sin que se las pueda identificar. Téngase en cuenta que al suprimirse las bastardillas, muchas palabras adicionales, complementarias, auxiliares, secundarias, etc. han sido incorporadas al Texto Bíblico en igualdad de derechos con las palabras principales, o sea, las del Texto mismo, y con ello, la Revisión de 1960 les ha concedido derechos hermenéuticos, es decir, derecho de ser interpretadas, de tener parte en la interpretación del pasaje en que han sido agregadas y a influir en la interpretación de otras porciones de la Palabra Santa. (2) Otro caso es cuando el traductor, por demasiado oficioso, se siente inclinado a adicionar palabras que no las halla en los Textos originales pero que encuentra en otras Versiones y entonces, con el buen deseo de que su traducción, o Revisión de 1960, no adolezca de omisiones, incurre en el peligro de las adiciones; y esta es otra puerta por la cual pueden infiltrarse contradicciones y aún serios errores.
El uso de las bastardillas es pues realmente imprescindible: (a) Porque sin dejar de satisfacer las exigencias gramaticales, se satisface también la exigencia de que las palabras adicionales sean debidamente identificadas, cosa ésta que será siempre reverente además de informativa y preventiva. (b) Porque las palabras adicionales quedan en su lugar como lo que realmente son, secundarias y en ninguna manera definitorias. (c) Porque al no confundirse con las del Texto no se les conceden indebidos derechos hermenéuticos ni autoritativos, con lo cual se evitan graves peligros.
(2) Otra de las «razones» circuladas es que, «en los medios literarios y periodísticos, hoy se usa la letra bastardilla para destacar, distinguir o dar énfasis a una palabra o a toda una expresión o frase. Si una persona acostumbrada en este uso de las bastardillas toma la Biblia en sus manos, pasará algún tiempo antes de que se dé cuenta que la bastardilla en la Biblia quiere decir exactamente lo contrario, es decir, restar importancia».
Respuesta: Para evitar que cierta clase de lectores crean que esas palabras en bastardilla son enfatizadas sobre las otras, la solución NO ES suprimir las bastardillas. La solución es ADVERTIR AL LECTOR, por medio de una sencilla nota en un breve «PREFACIO» (cosa que hemos sugerido en nuestro capítulo anterior), que explique la real razón de su uso.
Pero la Revisión de 1960, paradójicamente, ha incurrido en el mismo error que, según se dice, quiso evitar, pues al imprimir esas palabras secundarias en el mismo tipo de letra que las principales, les ha dado igual autoridad que las del Texto y con ello, las ha sobreestimado. Es pues en la Revisión de 1960 que las palabras adicionales han pasado a tener «énfasis indebido». Corríjase tan grave error.
(3) Se ha dicho también que si el traductor tiene el recurso de las «bastardillas», «va ser mucho menos exigente y cuidadoso en su traducción» y que si nos las usa «se verá obligado a usar tan sólo el número de palabras necesarias para dar una traducción clara y fiel del contenido del original».
Respuesta: Tales afirmaciones nos parecen un insulto gratuito a los santos traductores del pasado que en todos los idiomas a que vertieron las Escrituras usaron reverentemente las «bastardillas».
Además, es pueril pensar que si el traductor no usa bastardillas, «se verá obligado a usar tan sólo el número de palabras necesarias». La verdad es que la obligación de no usar bastardillas, sólo obliga a no usarlas, sin que tal cosa sea de por sí garantía de fidelidad en las otras palabras que él crea necesarias.
El hecho es reversible y puede que el traductor (perdonen los hermanos traductores) al verse liberado de la responsabilidad de dar cuenta de lo que adiciona, pues adicione aún más, sin que nadie pueda siquiera identificar esas adiciones. Pero hablando ahora como personas mayores, creemos que un traductor responsable, profesionalmente capaz y sano en la fe, puesto ante la alternativa de usar o no las bastardillas, debe decidirse por su uso, pues nada se pierde con ello y en cambio, mucho es lo que se gana.
Toda precaución es poca, tratándose de la traducción de la Inspirada Palabra de Dios. El uso de las bastardillas puede evitar muchos males, sin causar ninguno.
(4) Se ha dicho también que «los hermanos tendrán confianza en todo y no en parte del texto que tienen en la mano; ya no tendrán que tachar palabras para ver cuáles son las que pueden citar con autoridad y cuáles no».
Respuesta: (a) Afirmar que si no se usan las bastardillas, «los hermanos tendrán confianza en todo y no en parte del texto que tienen en la mano», es una exageración rayana en lo ridículo, pues da la impresión de que la mitad o las tres cuartas partes de nuestra Biblia Castellana se halla impresa en esos caracteres. Excusamos decir que la cantidad de palabras en bastardilla que tiene nuestra Versión Antigua es ínfima, insignificante, en comparación con la masa de las Escrituras. Pero dejemos esas puerilidades. (b) Pasando a la aducida «confianza en el texto», digamos que en ninguna manera puede ser disminuida por la presencia de bastardillas, sino reforzada, pues hará que el lector o el intérprete, consciente que allí se encuentra con un problema de traducción o de aclaración de sentido o adición, se dedique más diligentemente aún que de ordinario al estudio de ese particular versículo o pasaje. Además, su confianza en la Versión que tiene en sus manos se aumentará pues echará de ver que el traductor o revisor o el editor han procedido con honestidad y veracidad. Pero, —nótese bien lo que sigue— si no se usan las bastardillas, ningún lector o intérprete (a no ser un erudito) puede saber si está entendiendo o interpretando o aplicando el pasaje sobre la base del significado de una palabra que realmente no traduce al original sino que ha sido allí agregada. Y si llega a saberlo a través de alguna publicación exegética documentada, entonces tal cosa le hará traer a toda su Biblia bajo sospecha, pues no sabe cuántas veces tal hecho ha sido repetido ni en qué lugares lo fue. Por lo tanto: no es el uso, sino la falta de las bastardillas, lo único que puede realmente llegar a hacer perder la confianza en el Texto. (c) En cuanto a que algunos hermanos, según se dice, «ya no tendrán que tachar palabras» (o sea, tachar bastardillas), nos parece que la solución para corregir tan mala costumbre no está en suprimirlas, sino en INSTRUIR a esos hermanos al respecto. Digamos de paso que nosotros, con ya muchos años de ministerio Cristiano, las únicas personas que hemos conocido que «tachaban» palabras y enteros pasajes de las Escrituras, son los «modernistas», apóstatas que no tachan precisamente las «bastardillas»… (d) Y respecto de la «autoridad», vemos que por haberse suprimido el uso de bastardillas, TODAS las palabras adicionales resultan ahora con «autoridad» lo que es tan erróneo como peligroso. La Revisión de 1960 lo prueba en alto grado.
(5) Finalmente se ha dicho que «la ciencia de la traducción nos indica que si hay en la traducción algo que sobra, no debe estar ni en bastardilla ni de otra manera; si lo que está es indispensable para dar un sentido completo y claro, entonces pertenece al texto y debe quedar como texto».
Respuesta: De acuerdo. Devuélvanse pues las ediciones de la Revisión de 1960 para que les quiten todos los agregados que se han hecho al Texto, comenzando con los «títulos».
Pero, particularizando ahora con algunos problemas legítimos de traducción, en casos en que no existen palabras equivalentes o que den el «sentido completo y claro», entonces ÚSENSE PALABRAS EN LETRA BASTARDILLA, como las tiene la Versión Antigua. En una Biblia «sin notas ni comentarios» ese es el único camino sincero en esos casos, y tanto más cuando el traductor o el revisor adiciona palabras o frases que no toma de los Textos originales sino de otras Versiones.
En conclusión: Al Texto, en el mismo tipo de letra que el Texto, todas las palabras «indispensables para dar un sentido completo y claro»; y en tipo de letra diferente, bastardillas u otras, las palabras «indispensables» sólo como sustitutos de aquéllas por causas de problemas legítimos de traducción, o cuando por oficiosos, se adicionan palabras o frases tomadas de otras Versiones. Esto es lo correcto.
Examen de algunos casos
Examinemos ahora, algunos casos en que palabras adicionales han sido incorporadas al Texto sin ser diferenciadas, por haberse suprimido el uso de letras «bastardillas» en la Revisión de 1960.
I. Al final de Génesis 44:4
La Revisión de 1960 agregó la siguiente frase: «Por qué habéis robado mi copa de plata?».
Tal frase no está en el Texto Hebreo del cual fue traducida y con el cual fue cotejada nuestra Versión Antigua, que por tal causa no la tiene. Quizá la Revisión de 1960 la tomó de la Versión Griega Septuaginta o de la Versión Latina o de alguna otra traducción; por lo tanto esas palabras provienen de segunda o tercera mano y no de la fuente original, el Hebreo, que en este caso es la autoridad competente. Ya que la Revisión de 1960 optó por adicionarla, hubiera debido usar las bastardillas y/o aclarar el hecho en una nota. Pero no lo hizo así y por ello: (a) hace aparecer como imperfecta, en ese pasaje, a la Versión Antigua que las mismas Sociedades Bíblicas nos estuvieron dando por más de 50 años; y por negligentes, a los eruditos que nos la dieron y cotejaron; (b) introduce en el Texto Bíblico una complicación exegética, pues la frase adicionada, añade innecesaria gravedad a la sencilla estratagema de José, al poner en su boca una flagrante mentira, cosa ésta que también puede tener repercusión negativa en la aplicación práctica de la enseñanza del pasaje.
La entera frase es de origen dudoso; y es totalmente innecesaria. Sáquesela.
II. En Hechos 2:42
La Revisión de 1960 agregó, luego de la palabra «comunión», las palabras «unos con otros».
Ese agregado cambia el significado de esa parte del versículo, pues limita el alcance de la «comunión» a la sola expresión entre creyentes, siendo que antes, además de ese aspecto obvio, también incluía la comunión «con el Señor» (comparar Ia Jn. 1:3).
Por querer ser oficioso, el revisor incursionó en el campo de la Hermenéutica y cayó en el doble error de «agregar» a la Palabra, pues «unos con otros» no está en el original Griego y al agregar, paradójicamente, disminuyó su significado. Y como no se usaron bastardillas ni hay nota aclaratoria, carga el énfasis del sentido en una restricción. Esas palabras están de más y son innecesarias. Sáqueselas.
III. En 1a Co. 14:13,14,19
Luego de la palabra «lengua» la Versión Antigua tiene, en letras bastardillas, las palabras «extraña» (v.13) y «desconocida» (vv. 14,19) pues estas palabras no están en el original Griego. Pero la Revisión de 1960, al suprimir las bastardillas, incorporó las palabras al Texto y con ello, complica las cosas, pues esto traerá más confusión a muchos sinceros hermanos que soportan hoy día la tan tremenda como errónea presión de los «neopentecostalistas». ¿Será, quizá, que el revisor se inclinó a favorecer la interpretación del movimiento «carismático»? Nos parece que no, que simplemente obedeció la decisión de suprimir caracteres en bastardilla, cosa que era totalmente innecesaria.
IV. En 1a Tim. 2:5
La Versión Antigua lee: «Porque hay un Dios y asimismo un mediador». Pero la Revisión de 1960 agregó dos veces la palabra «solo» y lee: «Porque hay un solo Dios y un solo mediador». Ese agregado de la palabra «solo» debió ser impreso en tipo bastardilla: (a) porque esa palabra no está en el original Griego; (b) porque no era necesaria para dar el sentido del original, que ya estaba dado por la traducción sin aditamento. Además, por cargar el énfasis de una verdad ya evidente, se hace pasible de crítica por parte de cualquier romanista o espiritista, etc. que puede acusar a las Biblias de los «protestantes» de hacer agregados para enfatizar sus propios dogmas; crítica injusta, sin duda, y que tampoco nos inquieta, pero que no había por qué facilitar.
Así que, como agregado, debió ponerse en bastardilla; y por innecesario, no debió ponerse para nada.
V. En Hechos 18:22
La Versión Antigua, hablando de Pablo, dice: «Y habiendo arribado a Cesarea subió» y luego agrega en letra bastardilla «a Jerusalem».
Pero la Revisión de 1960 quitó esas palabras aclaratorias, sin absolutamente ninguna razón ni necesidad textual o exegética. Llama la atención que a veces la Revisión de 1960 agregó palabras y aún frases totalmente innecesarias y en otros casos quitó palabras que —sin ser imprescindibles— eran sin embargo útiles para aclarar el significado del texto. En el caso que tenemos en foco, cualquier Comentario sano, dirá que «subió», según se usa en otros pasajes del Nuevo Testamento, significa «subir a Jerusalem» (por ej. Jn.7:8, 10; 12:20).
Tales palabras, pues, debieron dejarse; pero en bastardillas, como las tiene la Versión Antigua: (a) porque ayudan a entender el significado de la palabra «subió» y lo hacen en forma correcta; (b) porque el tipo de letra bastardilla suple la exigencia de informar al lector que esas palabras, «A Jerusalem», no se hallan en el Texto Griego.
EN CONCLUSIÓN. Es nuestro sentir que mucho mejor era dejar las cosas como las tenía la Versión Antigua, usándose siempre el tipo de letra bastardilla, sin innovar en la materia.

