Mario E. Martínez B.
Sabiendo como inició Él Su Iglesia, y lo que hoy ve, no dudo en afirmar que será de triste decepción. Verá una gran cantidad de organizaciones que mejor les cabría el nombre de clubes “cristianos”. Obras de hombres, con el lineamiento dado por Xxxx Xxx, iniciado en x.xxx; “…y de ahí dependemos nosotros”, estamos bajo su “cobertura” y son ellos quienes nos controlan; por ello hemos de contar con su aprobación; si vamos a abrir una nueva sede o hacer X evento, como campañas evangelísticas o similar. En algunos casos para predicar se debe hacer únicamente con autorización del ‘ungido’. “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que habrán de venir. Jn. 16.13
De lo que Cristo ordenó a la iglesia, la unidad, la verá, en el mejor de los casos, únicamente con las que son parte del mismo club.“Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno.” Jn. 17.22. Será que únicamente somos salvos quienes hacemos parte de tal o cual denominación. Se ha hecho preguntas como: ¿Qué pasa con la gran comisión dada a la iglesia? ¿Cómo manifestamos el amor de Cristo? ¿Somos indiferentes con quienes se llaman cristianos pero están “equivocados”, por no hacer parte de nuestra denominación? ¿Qué piensan ellos de nosotros? ¿La hermandad es únicamente con los grupitos de nuestro círculo? ¿Cuál es el objetivo de mi denominación, iglesia o congregación; quien la creó, a quién pertenece?¿Cuál fue el objetivo dado por Cristo a la iglesia? ¿Será sanidad, liberación, prosperidad, vida apacible y sin problemas o será otro el objetivo que Cristo le trazó a Su iglesia? “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.” Jn. 16.33
Como la Biblia lo indica, el objetivo es otro muy diferente y si no fuera ese su objetivo, personalmente diría que es frustrante; pues todo éxito, imperio, riqueza, posición, titulo, sanidad, prosperidad, etc., no es más que vulgar baratija al lado del plan de redención por el cual murió el Señor Jesucristo. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.” Jn. 3.16.
El Señor ordenó congregarnos. No desconocemos que se abren locales con letreros de: “iglesia cristiana”, pero que su verdadero fin es “bendición” para sus gestores en: dinero, réditos políticos con votos cautivos, negocio, satisfacer ansiedad de poder y egolatría ejerciendo dominio sobre personas débiles, indefensas por sus necesidades y dificultades; y tanto más según las múltiples condiciones y ambiciones humanas.Así que cada quien sabe en nombre de quien se reúne.“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mt. 18.20
El plan dado a la iglesia, es la salvación y nada más; todo lo demás viene como añadidura: liberación, sanidad, prosperidad; de ahí lo dicho, según el plan de Dios. “Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” Fl. 4.6
Todo este maremágnum de iglesia arrugada y manchada tiene su causa, a mi juicio, el habernos apartado de la fuente de sabiduría provista por Dios: Su Sagrada Palabra, reemplazada por libros, donde se sientan doctrinas parecidas, pero muy diferentes a la establecida por Quien todo lo sabe. Algunos se atreven a hablar de reformas de la iglesia, como si lo establecido por Dios precisara de reformas hechas por el hombre.
El Señor fundó Su iglesia el dia de Pentecostés y le trazó el lineamiento en su inmodificable palabra. El diablo, el engañador, en su astuta obra de evitar que el hombre adquiera lo que él perdió, crea todo este cúmulo de enredo para desviar al hombre. Uno de sus modernos métodos son los libros de “doctrina”, a la cual recurren tantos pastores y ministros; y son seguidos en institutos bíblicos, como si la Biblia fuera insuficiente. De ahí que el Señor ordena: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la Ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que está escrito en él, porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.” Js. 1.8
Como cristianos hemos adquirido la función de atalaya, en defensa de la Palabra de Dios. “«Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, mi palabra, y los amonestarás de mi parte.” Ez. 3.17
QUE EL SEÑOR TE DE SABIDURIA

