Mario E. Fumero
Nos enfrentamos a una seria amenaza anarquizante, la cual es la causante de muchos problemas socio-económicos a los cuales llamamos «delincuencia». De la delincuencia nace la inseguridad y el crimen organizado, el cual a su vez tiene sus raíces en el negocio del narcotráfico.
Pero no solamente estamos siendo perjudicado por la delincuencia común organizada, sino por los altos índices de violencia que vive la sociedad moderna. Es por ello que tenemos en un próximo análisis buscar las causas de tanta violencia y sadismo. Pero hablemos ahora de la lucha por resolver el problema delincuencial.
Los gobiernos trabajan arduamente en tratar de crear leyes y mecanismos que generen seguridad, para controlar y reprimir tanto la delincuencia comunes, como la violencia que afecta a todos los niveles de la sociedad, pero ¿qué se está haciendo o podemos hacer para frenar este fenómeno entre los menores de dieciocho años?, Ha aparecido una nueva figuras de violencia infantil como es el bullying (o agresión escolar) así como la instrumentalización de menores para el sicariato y el trasiego de drogas debido a su protección jurídica.
Esto me ha llevado a analizar a fondo la crisis de inseguridad global, y comenzaré con el primer elemento del problema, que no podemos ignorar frente a toda acción incorrecta Este elemento vital se llama «temor«. Pero hay dos formas de interpretar el temor. Una es el temor que nace de un miedo infundado a lo oculto y desconocido, que a veces nace de lo fantasioso y psicótico, siendo una enfermedad, por lo cual lo catalogo como un temor infundado e ilógico. Después tenemos el temor lógico que nace del conocimiento. Es aquel que aparece cuando se violentan ciertas leyes, normas o acciones que pueden traerme consecuencias funestas o negativas, y de lo cual soy consciente. Por ejemplo; es normal que le tenga miedo a la altura, a violar una ley física, ha tocado un animal agresivo o peligroso, al jugar con fuego o realizar cualquier hazañas del sumo riesgo. En este caso el temor se convierte en un freno que nos detiene frente a un peligro real, sabiendo que si actuó incorrectamente, sufriré una consecuencias que podría afectar mi vida o mi salud.
El temor se forma con los valores que recibimos. Los valores nacen de los principios morales y lo religioso, que no se transmitieron nuestros a través de los padres y los cuales a su vez lo heredaron de sus padres, de acuerdo al marco o identidad nacional en donde nacieron. El temor forja el respecto, la disciplina, la formación del carácter, así como los modelos de conducta aprendidos en la infancia. La suma de todos estos elementos, determinan nuestro comportamiento, de manera que la sabiduría que adquirimos se convierte en las bases sobre la cual funcionará el temor (Proverbios 1:7).
Cuando en una sociedad las personas pierden el temor a la ley, al orden, al respecto y a la vida y a las personas, automáticamente estamos frente a un ser humano sin freno y sin valores, a expensas de convertirse en un delincuente o corrupto. De manera tal que el que forja en los hijos los valores para vivir con temor hacia lo malo, son los padres.
Es en el hogar en donde el niño empieza a robar, mentira, irrespetar, engañar e imponer sus caprichos a una pequeña escala. Si los padres no funcionan como instructores y correctores, se convertirán un muchacho con grandes conflictos en su adolescencia. Por ejemplo, el niño le cogió a su papá dinero para comprar caramelos, la madre a subienda no lo corrigió en su acción y más bien le celebró la gracia afirmando que era un niño muy inteligente. Otro niño le quitó la son compañeritos un juguete y la madre le pido que se lo dejará, enseñándole a coger lo congeló ajeno.
La Biblia enseña que un poco de levadura hinchada toda la masa(Gálatas 5:9). Si no corrigen al niño en sus malas acciones cuando es pequeño, al crecer, sus acciones y harán más grandes, y por la falta de corrección y temor los padres perderán el control, y el niño entrara al un grupo de riesgo, para convertirse en un futuro delincuente.
Para que un joven tenga valores se necesita restaurar la autoridad familiar, los esquema de valores en el hogar y sobre todo que exista una integración sólida familia. Pero ¿Hay condiciones jurídicas para ello?
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