Mario E. Fumero
1Pedro 3:15 «Sino santificad al Señor Dios en vuestros corazones, y estad siempre aparejados para responder con mansedumbre y reverencia á cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros:«
Quien calla ante el error, se vuelve cómplice del mismo, pues indirectamente es culpable por su silencio, ya que ellos, por su ignorancia, son arrastrados a caer en doctrinas falsas. Es por ello que San Pedro nos exhorta a confrontar con respeto, ante todos los que demanden una respuesta de la esperanza que hay en nosotros, señalando no que es incorrecto según la Biblia.
Algunos proponen que ante la mentira y el engaño, nos quedemos callado, porque no debemos señalar al hermano, dando lugar a que la apostasía, como un cáncer, se riegue por todo el cuerpo de Cristo, pero es un deber confrontar el error y la hipocresía, con firmeza y valor.
¿Cómo se enfrentó Jesucristo la hipocresía y la mentira de los fariseos? En Mateo capítulo 23, Jesús los confronta llamándoles de todo, hipócritas, víboras, sepulcro blanqueados (Mateo 23:13,15,23,25,27,29,33,51) y como era un mal generalizado, no puntualizó en nombres, porque lo señalado estaba enquistado en toda la élite religiosa de su época. Cuando vemos a un falso maestro y callamos, ¿no somos participe de su engaño?
No debemos juzgar precipitadamente, pero sí lo debemos de hacemos con justo juicio (Juan 7:24), defendiendo los principios doctrinales, por lo cual, no debemos tener temor en hacerlo, ya que Jesús nos da autoridad para juzgar lo injusto, de lo justo, (Lucas 12:57) principalmente cuando lo que señalemos no sea de implicación personal, sino doctrinal, porque bien dice el refrán, que el que calla, otorga.

