Mario E. Fumero
2 Timoteo 1:3-4 “Doy gracias a Dios, a quien sirvo con limpia conciencia como lo hicieron mis antepasados, de que sin cesar, noche y día, me acuerdo de ti en mis oraciones, deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de alegría”.
Una de las características de la iglesia primitiva era la sensibilidad. En esta carta de Pablo Timoteo se demuestra un sentimiento de cariños y aprecio hacia su discípulo Timoteo, expresando que hasta con lágrimas le recordaba.
Los tiempos han cambiado, nuestro mundo se ha insensibilizado. Esta corriente ha producido un fenómeno social llamado “deshumanización”. Dentro de la educación, la medicina, y el estado, somos solo un número, un engranaje. La tecnología nos ha llevado a insensibilizándonos. Ésta insensibilización nos ha llevado a la deshumanización y despersonificación como seres humanos, y nos ha conducido a la frustración, soledad y depresión.
No me extraña que el mundo sea insensible y deshumano, porque la Biblia dice que por multiplicarse la maldad, el amor se enfriaría (Mateo 24:12). Pero si me aflige ver la condición de DESHUMANIZACION dentro del cristianismo, tanto en las iglesias, como en el evangelismo.
La fortaleza del cristianismo primitivo estaba en la relación personal de los hermanos (Hebreos 13:16), pero las nuevas corrientes hacen a la iglesia un centro de distracción y masificación, a lo cual llamamos “mega iglesia”.
La gente vive sin pastor, pero con buenos actores y payasos, que manipulan los sentimientos, pero no forman el carácter y el amor entre los hermanos. El principio bíblico de la comunidad (iglesia) es la ayuda mutua (Romanos 14:19) y el amor fraternal entre los hermanos (1 Tesalonicenses 4:9), pero ¿Podrá existir esta realidad un las mega iglesias? ¿Practican las iglesias el cuidado de los más necesitados? ¿Somos solidario con los que sufren?
CONTINUARA

