Leer Sant. 3:13-18
Luis Guizada Diaz
Antes y después de Cristo, todos los Emperadores, para asegurar su reinado en la siguiente generación, contrataban a los mejores eruditos y filósofos del mundo para que eduquen a sus hijos y así llegarían a ser grandes Cesares, grandes gobernantes, grandes emperadores. Estos hijos, que fueron muy entrenados, fueron Césares muy inteligentes, e incluso también se volvieron filósofos, por ejemplo el Cesar Marco Aurelio, fue también filósofo, dejó muchos escritos, pero no pudo ser buen padre, no orientó ni educó bien a sus hijos. Algunos incluso fueron perversos en su conducta, por ejemplo, Calígula, Nerón, y la lista se puede dar desde promiscuos, bisexuales, homosexuales, y podemos seguir la lista.
En algunos países del oriente, algunos padres de buena economía, para que su hijo sea un gran genio, inteligente, le mandan a formarse a los pies de grandes genios. Hay una verdad en todo lo que señalamos, que los sabios no nacen, sino se hacen. Los hijos de grandes genios, no llegaron ser como sus padres, porque requiere entrenamiento, requiere modelos de vida, que los padres sean consecuentes con lo que dicen y hacen.
En Santiago 3:13-18, el gran sabio, hermano de nuestro Señor Jesús, nos declara, quién es la persona sabia. En el pasaje da énfasis de cómo debe actuar el sabio. La enseñanza de Santiago es la conducta de la persona sabia, más que su genialidad para resolver problemas, por eso comienza con esta frase “¿Quién es sabio…?” Tiene el mismo sentido de Sant. 3:1 “…no os hagáis maestros (inteligentes) muchos de vosotros sabiendo que recibiremos mayor condenación”. Con la frase ¿Quién es sabio…? Santiago quiere dar una diferencia entre el Sabio y el Inteligente. Por eso inicia con la frase: “¿Quién es sabio y entendido…?: El sabio piensa lo que va a decir y hacer. La gente no sabía, hace y dice lo que piensa. El sabio analiza, evalúa cómo va a proceder, cómo actuará, y se pregunta: “Si hago esto, ¿cuál es la consecuencia de mi decisión?” Esto implica que tiene un objetivo claro respecto de su conducta y de su vida. El sabio conoce y sabe cómo manejar sus emociones. El sabio sabe desarrollar el equilibrio entre su mente racional y sus emociones. El sabio desarrolla sus habilidades para elegir bien sus metas que le ayudarán a él y a su familia. Sabe hacer las cosas correctas. Por eso el sabio tiene valores profundos, como base para conducir su vida. Esto implica, cuando la persona tiene a Dios y aplica diariamente lo que enseña la Biblia, es más sabio(a). Por eso dice Prov. 1:7 “El principio de la sabiduría es el temor a Dios”. El sabio tiene que conocer, estudiar, examinar y confrontar las informaciones. El sabio sí es inteligente. Pero el inteligente no siempre es un sabio.
La persona inteligente le preocupa saber mucho, tener conocimiento para hacer mejor las cosas, por eso está orientado a los resultados, pero no siempre tiene sustento con valores esenciales, ni sabe cómo manejar sus emociones. El inteligente está preocupado con la eficiencia, con el progresó. No importa cómo, puede ser mintiendo, explotando, dañando, pero trata que sea para su provecho. Por eso las grandes empresas no buscan gente honesta, sino eficiente, sagaz, astuto, inteligente. En el contexto político, los candidatos buscan gente inteligente, astuta, capaz de convencer a la gente, pero estas personas no son sabias porque utilizan todos los medios posibles, mintiendo, falseando la mentira por la verdad.
En el tiempo de Jesús, los fariseos y escribas eran muy inteligentes, enseñaban profundamente las escrituras, pero inteligentemente lo acomodaban para sus intereses. Pero estos fariseos y escribas, eran egocéntricos, celosos, egoístas, no afectivos, nada de empáticos. A esto se refiere Santiago “Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad (La verdad es Dios, es la esencia de lo recto) porque esa sabiduría (capacidad cognitiva de inteligencia, pero nada tiene que ver con lo moral y valores divinos) no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólico”. Solo cuando la persona se encuentra con Dios, y busca depender más de El, se vuelve más sabio(a). Ese es nuestro destino como hijos de Dios. ¿Eres sabio o solo inteligente?


