«Prometiéndoles libertad, siendo ellos mismos siervos de corrupción. Porque el que es de alguno vencido, es sujeto a la servidumbre del que lo venció» 2 Pedro 2:19
Mario E. Fumero
Aunque el mundo moderno se liberó de la esclavitud tradicional, cuando la gente era comprada para servir a un amo, aún no hemos dejado de seguir viendo el surgimiento de nuevas formas de esclavitud. Pero definamos el concepto de esclavo[1]. Se entiende por esclavo la situación de una persona que carece de derechos permanente, especialmente los fundamentales de igualdad y libertad, convirtiéndose en propiedad, de aquel que lo compro, convirtiéndose en un objeto.
Pero no solamente es esclavo aquella persona que ha sido comprada para estar sometida a otra persona como una posesión, sino que también este término envuelve una atadura o dependencia a otros tipos peores de esclavitud, mediante la cual estamos siendo dominados, no por personas, sino por nuestros deseos pecaminosos, cayendo así en una dependencia o ataduras que anulan nuestra voluntad, estando atado en vicio o en pecados degradantes, un ejemplo de ello es la dependencia a drogas, alcohol, ludopatía o diversas formas de pecados.
Si partimos de este concepto, todo aquel que está atado a algo material que lo domine obsesivamente, como, por ejemplo, las riquezas y el poder, es un esclavo dentro de una connotación diferente, en tal caso, su liberación es más difícil que aquella esclavitud que se ejerció en la época antigua y en la Edad Media.
Pero existen actualmente otras muchas formas de esclavitud más modernas y peores a las ya señaladas, se llama la esclavitud tecnológica en la cual están cayendo nuestros niños, jóvenes y adultos, y la cual tiene la capacidad de anular nuestra forma de expresar los sentimientos y afectos, para vivir aislados de los demás atados a una tecnología y un metaverso que anula nuestra racionalidad, convirtiéndonos en zombis.
Esta moderna esclavitud, muy extendida, distrae a los cristianos en los cultos, invadiendo la capacidad de escuchar, compartir y liberar sentimientos. Pero lo más terrible es que esta esclavitud no solo los distrae, sino que los ata y los envuelve, convirtiéndolos así en adictos compulsivos a un mundo digital, por lo cual como dice San Pedro, son vencidos y sometidos a servidumbre.
[1]– La palabra “δοῦλος” [“doûlos”] es la más recurrente en la denominación del “esclavo”: aquel sujeto sometido al mando de otro y, por ende, privado de su libertad.


