Mario E. Fumero
Es común encontrar en el Nuevo Testamento, principalmente en las epístolas, expresiones como esta: “Así como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros” 1 Tesalonicenses 2:11[1]. Si observamos detenidamente el pasaje, notaremos que se usa mucho el término “HIJO” para hacer referencia a una relación de paternidad espiritual dentro de la relación en la formación de vida.
Quizás la cita que más me ha impactado, es cuando Pablo le llama la atención a los corintios a obedecer sus ordenanzas, y los confrontan con sus serios problemas de divisiones y contiendas, y les dice, afirmando su autoridad espiritual; “Porque, aunque tengáis diez mil ayos[2] en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.” 1 Corintios 4:15. El término “engendrar” hace referencia a una paternidad iniciada desde antes de la conversión. Se emplea también en Filemón 10[3].
Si analizamos este término en su etimología gramatical, vemos que “ENGENDRAR” significa: procrear, propagar la especie, tener un hijo. Si se usa junto a las palabras “hijo” y “padre” ¿Qué se quiere decir con ello? Es bueno determinar que de un texto aislado no se puede hacer doctrinalmente. Para afirmar o ratificar algo con peso teológico, debemos apoyar nuestro enfoque en varios textos bíblicos. La paternidad espiritual es uno de los elementos más claros en la formación de vidas, de acuerdo con el esquema bíblico dentro de las epístolas paulinas.
EL ORIGEN Y SENTIDO DE DISCÍPULO
Casualmente, el término “DISCÍPULO” procede del griego “MAZETES”[4], y tiene una connotación similar a la relación de un padre con un hijo. El discípulo se sujetaba a un maestro al cual servía, y con el cual andaba todo el tiempo, para recibir sus enseñanzas, basada no solo en teoría, sino en todo un estilo de vida. Comía, vivía, caminaba con su maestro. Para el maestro, el discípulo era como un hijo adoptivo, al cual tenía que legarle toda la herencia del conocimiento adquirido en toda su vida. El discípulo escribía las enseñanzas de su maestro, y afirmaba lo enseñado, dando crédito al mismo, definiéndose su relación con su maestro como si éste fuera un padre. El apóstol Pablo relaciona el discipular, como criar un hijo, usando términos que envuelven este principio: leche, vianda, nodriza, engendrar, hijo, padre.
Si partimos de la enseñanza de Jesús, tenemos que aceptar que la conversión es “nacer de nuevo[5]” y todo lo que nace, crece, y experimenta una evolución determinada por un cuidado especifico de unos padres. Para nacer se tiene que ser engendrado, y esto se origina por medio del Espíritu Santo a través de la Palabra. Una persona que dé el mensaje y adopte una actitud de protección hacia esa nueva criatura, se convierte en su cobertura espiritual[6]. Es por ello que el apóstol Pablo, escribiéndole a un sector de los corintios con los cuales tenía un vínculo muy especial de relación, les expresa su angustia y dolor por los conflictos existentes en esa iglesia[7]. Él les revela además que los cuido y les dio leche para que crecieran, pero con su actitud reflejaban inmadurez, por lo que los consideraba otra vez carnales y que actúan como niños[8].
La “LECHE” es el primer alimento espiritual que recibe un nuevo convertido. Se menciona varias veces en la Palabra, (1 Corintios 3:2, 9:7, Hebreos 5:12, 1 Pedro 2:2). Su sentido sigue el parámetro de la realidad natural. Cuando un niño nace, su primer alimento es la leche, pero no cualquier leche, sino la materna. Si a un niño se le cambia de leche, o se le da más fuerte que la que debe recibir, de acuerdo con su edad, puede sufrir diarrea, pero si por el contrario, al crecer no se le da la leche pura, se desnutrirá. La adulteración de la leche puede causar cólicos y trastornos estomacales. De igual forma, el nuevo convertido necesita una leche materna dada por un maestro que se debe convertir en madre y padre para su vida.
Este maestro debe proporcionarle a ese nuevo convertido una enseñanza adecuada a su necesidad específica, para que pueda crecer sano, como dijo Pedro[9]. Actualmente los nuevos convertidos reciben enseñanza de varias personas. Muchas veces la misma no lleva los elementos necesarios para un sano crecimiento. Se trata de dar más conocimiento que formación, y es entonces cuando estos nuevos convertidos padecen de “diarrea espiritual”, esto se debe a que trabajamos sobre su curiosidad y emociones, y no de acuerdo con su necesidad, evadiendo confróntalo con sus malas costumbres, que proceden de un hombre viciado, el cual debe ser regenerado por medio de una enseñanza que corrija los defectos o actitudes que no estén conforme al nuevo estilo de vida que debemos forjar. Otros no reciben el alimento adecuado, y son movidos más a emociones y “mensajes de ofertas” que de una enseñanza profunda y comprometida con el Señorío de Cristo, por lo cual se desnutren, no creciendo apropiadamente. Son similares a los corintios; carnales, sin madurez y con actitudes de insujeción, que los lleva a refugiarse en una falsa espiritualidad, afirmando que “el Espíritu les revela todas las cosas”, como aquellos que, por ser de Cristo, no se sujetan a nadie[10].
Estar bajo paternidad es estar bajo cuidado, con un alimento apropiado, y con un maestro que ejercerá las funciones de protector, corrector, consejero y guía, hasta que alcancen madurez. La paternidad espiritual es idéntica a la que un padre podría tener con un hijo natural. El proceso de crecimiento es también similar; cuanto más pequeño es el hijo, más indefenso esta, por lo cual, tendremos que darle más protección y cuidado. En la medida que el hijo crece, su libertad aumenta, y con ello su capacidad de discernir entre el bien y el mal.
MADUREZ significa capacidad de criterio. Aplicado a los seres humanos se refiere a la capacidad que tiene para meditar en una idea o proyecto. También se refiere al crecimiento en edad y sensatez. Ser maduro es ser sabio, entendido, coherente, como lo expresa Pablo[11]. La madurez espiritual se adquiere por medio de un discipulado que nos hace capaces de afrontar una vida cristiana, que, pese a los problemas y tormentas, nos mantiene firmes, produciendo convicción.
Ser maduro en sentido espiritual, no es ser viejo en edad, sino en formación dentro de un discipulado. Un anciano, en el sentido bíblico de la Palabra, no es un viejo en edad, sino una persona madura en la Fe. Ha sido enseñado bajo la autoridad y sujeción de un maestro que a su vez le ha forjado el carácter, dándoles elementos tales como exhortación, reprensión y disciplina. Debemos tener presente que, al crecer, recibimos el “alimento sólido”, pues hemos sido adiestrados no solo en el carácter, sino en la forma de buscar en Dios su voluntad[12]. Ejercer los sentidos es la meta del crecimiento a través de la paternidad, y reproducir en el diario quehacer los valores transmitidos por nuestros padres[13] lo cual debe emanar de la Palabra revelada.
BIBLIOGRAFÍA
[1]-1 Corintios 4:14 “No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados”
[2]– El significado bíblico de “ayos” hace referencia a las personas designadas al cuidado y vigilancia de menores. Proviene del hebreo ‘ômenîm’ que significa “educador” y “guardián”. Según la ley bíblica antigua, eran personas tutoras responsables de los menores huérfanos hasta que llegarán a la edad adulta.
[3]-“Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones”,
[4]– El termino Griego ‘maghthv’ (matee –tes) se refiere generalmente a cualquier ‘estudiante’, ‘alumno’, ‘aprendiz’, o ‘partidario’, lo opuesto de un ‘maestro’. En el mundo antiguo, sin embargo, es comúnmente asociado, con personas que eran seguidores devotos de un gran líder religioso o maestro de filosofía. Tomado de:
[5]– Juan 3:3 “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”
[6]-Romanos 10:14 “¿Cómo pues invocaran a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?”.
[7]-2 Corintios 2:4 “Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas, no para que fueseis contristados, sino para que supieseis cuan grande es el amor que os tengo”
[8]-1 Corintios 3:2 “Os di a beber leche, y no vianda; porque aun no erais capaces, ni sois capaces todavía”
[9]-1 Pedro 2:2 “Desead como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación”
[10]–1 Corintios 1:12 “Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo”.
[11]– 1 Corintios 2:6. “Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo ni de los príncipes de este siglo, que perecen”
[12]-Hebreos 5:14. “Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”.
[13]– Filipenses 3:17. “Hermanos, sed imitadores de mi, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros”.



