Mario E. Fumero
Nuestra sociedad, al igual que casi todas las sociedades del planeta, esta inmersa en una terrible crisis de valores. Estamos frente a una descomposición social total, tanto en lo político, social, económico y religioso.
Comenzare por la parte en la cual estoy inmerso; Lo religioso. Cada día aparecen visionarios, iluminados, ungidos, apóstoles y adivinos que hacen “su agosto” con la expectación de la gente, agobiadas por la crisis existente. Unos ofrecen “vendas mágicas” para todas las enfermedades, otro anuncian un mensaje apocalíptico, y algunos se dedican a explotar la ingenuidad de los adeptos, para explotarlos sexualmente, abusando de ellos, incluso con niños. La Iglesia esta en escándalo, y el cristianismo en afrenta, todo esto debido a los malos sacerdotes y pastores que hacen escarnio a la Palabra de Dios.
En lo político, ¡Ni hablar!. Se dice que para ser político hay que ser corrupto. Yo no creo que todos los políticos sean corruptos, pero no podemos negar que en el mundo de la política los escándalos de corrupción se dan en todas las latitudes. Ha habido corrupción en los políticos de Japón, Estados Unidos, Alemania, España y una larga lista de naciones prospera. En Honduras la corrupción y la mentira están al orden del día como un mal endémico. Esto nos sitúa en el segundo lugar en el ámbito internacional
En el área de lo social, vivimos con una incertidumbre constante. Todos reclaman derechos, privilegios, prebendas. La forma de reclamar estos supuestos “derechos” es mediante la interrupción del transito, tomando puentes, haciendo huelgas que causan daña la economía y educación del país, ya precaria de por sí. Los maestros están formando una cultura de protesta que esta arrastrando a las futuras generaciones hacia acciones más violentas. En los medios visuales la “apología a la violencia” esta al orden del día, y la extrema libertad produce una juventud sin temor al sexo desordenado. Vivimos en un mundo de contradicciones, de mentiras, de hipocresía, y ¿Qué podemos esperar de nuestros jóvenes frente a estas realidades? La delincuencia alcanza índices alarmantes. Mueren más en actos violentos entre maras y delincuencia, que en muchas guerras civiles.
La justicia carece de elementos que infundan temor al delincuente. Los antisociales se sientan protegido por los “derechos del delincuente”, expuestos en el permisivo y benevolente Código Procesal Penal. Los honestos tienen que vivir rodeado de barrotes, alarmas, cercos, vigilancia privada, mientras los delincuentes se pasean por las calles y barrios sin temor ninguno. La policía no es eficaz cuando se les llama, no habiendo una respuesta rápida, ya sea porque tienen temor del delincuente, o porque carecen de equipamiento, o porque no vale la pena arriesgar la vida para capturar a un infractor que será puesto en libertad a las 24 horas.
Y como efecto de todo lo anterior, la sociedad vive una crisis económica. La inseguridad y la corrupción reducen la inversión y produce un mercado inseguro, por lo que el desemplea aumenta, y las malas políticas económicas sumergen en la miseria a la mayoría de los habitantes. Lo ricos son más ricos, la clase media se vuelve pobre y los pobres se convierten en miserables, desencadenándose una inestabilidad social que conduce a más violencia, delincuencia y descomposición, porque todos quieren vivir del cuento, de la mentira y del engaño.
Todo lo antes dicho, más el deterioro ecologico que producen los fenomenos naturales, hacen que el vivir tranquilo y seguro en la tierra sea imposible. Este presente cahotico nos hace ver un futturo incierto, y nos preguntamos ¿Qué podemos hacere para evitar el derrumbe de la sociedad? Y me viene a la mente una respuesta; “dejar a Dios obrar en el hombres para modificar esa ambición voraz que que lleva a vivir fuera de la voluntad Divina”. El mundo la ha dado la espalda a Dios para vivir de acuerdo a sus propios caprichos, y esta es la maldición que priva sobre la humanidad. Se cumplio el texto de Jeremias 2:13 que dice: “Porque dos males han hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”. Hemos forjado una sociedad sin temor, sin respeto, llena de codicia y propensa a rendir culto al sexo, violencia y vanidad. Como fruto de ello, nuestra sociedad se derrumba. Hemos echado a Dios de nuestras escuelas, reuniones políticas, de los hogares, de la economía etc y ahora estamos en declive. Solo hay una salida para poder recuperar el terreno perdido, “volvernos al Creados”, de lo contrario, vamos rumbo a la destrucción. Quiera Dios que recapacitemos a tiempo.


