MARIO E. FUMERO
Nuestro sistema democrático depende de la justicia para mantener la paz y la estabilidad social, pero: ¿Qué pasa cuando ésta falla? Cuando esto ocurre, la comunidad entra a un proceso de deterioro que conduce a los ciudadanos a sentirse inseguros, desprotegidos y a veces amenazados, por lo que surgen soluciones contrarias al orden divino, como es <tomarse la justicia por su mano, o adquirir un arma para defenderse uno mismo, siendo parte y juez del problema>.
Esto es lo que está sucediendo en Guatemala, Bolivia y Perú, y no dudo que ocurra en nuestro país, a menos que atajemos a tiempo la ola delincuencial que nos abate. En estos países, las comunidades del interior han optado por aplicar ellos mismos la justicia a los delincuentes y violadores. Un ejemplo de estos hechos lo tenemos en Guatemala, donde una población enardecida linchó a un delincuente, sin que las fuerzas del orden pudieran hacer nada.
En otro poblado, un grupo de ciudadanos, indignado por la pasividad y tolerancia de un juez, que dejó libre a un violador y criminal, decidieron matar al juez, lapidándolo, ya que lo consideraban una amenaza para la comunidad. En otros países, que dicen ser más civilizados, como Estados Unidos, la población se protege de la delincuencia comprando y teniendo en sus casas armas de fuego, incluso algunos tienen hasta ametralladoras[2].
La ley en muchos Estados de la Unión Americana considera que matar a un delincuente dentro de tú casa tiene la atenuante de “defensa propia”, y quedan libres. En la China Comunista se hacen tribunales populares, para juzgar a los delincuentes que ponen en peligro la comunidad, y las sentencias se ejecutan a plena luz del día, en la plaza, donde son fusilados. En algunos países islámicos se castiga con mutilación a los ladrones, y castración a los violadores, y penas severas a los drogadictos y contrabandista, e incluso, se aplica la pena de muerte en lugares públicos por medio de la horca.
En nuestra nación, la gente está llegando al máximo de su capacidad para aguantar la envestida de la violencia y delincuencia, tanto de las maras, como de los delincuentes comunes. Ellos ven, con tristeza, que ni las fuerzas del orden, ni la justicia, pueden hacer nada y muchos pobladores de colonias en Tegucigalpa y el interior optan por dejar sus casas, y huir de las amenazas que hay en sus barrios, donde viven en un “estado de sitio” por la delincuencia, pues a partir de las 9 de la noche no se pueden circular por la colonia, y si lo hacen, son asaltados, violados, amenazados, intimidados o asesinados. Esta desesperación puede llevar a algunos a decidir “tomarse la justicia por su mano” y se organicen los vecinos para armarse y protegerse ante la indefensión a la cual están expuesto, lo que complicaría más la criminalidad. Un aspecto visible es que existen escuadrones de la muerte que son pagados por personas que, al sentirse amenazados por los delincuentes, pagan para que los eliminen, pues, aunque se denuncie, salen rápido de la cárcel dispuestos a vengarse de sus denunciantes.
¿Qué hacer cuando nadie nos protege, y vivimos amenazados? El instinto de conservación nos llevará a buscar la forma de protegernos acudiendo a métodos incorrectas de comportamiento. Esta es una respuesta lógica desde el punto de vista “animal”. Ante la amenaza, solo nos queda la defensa. Es por esta razón, que, al fallar el sistema judicial y policial, los pueblos terminan actuando como jueces y verdugos, estableciendo un tipo de justicia, que, si bien es lógica, muchas veces se convierte en injusta y peligrosa.
La indefensión de los ciudadanos honestos frente a la delincuencia es una bomba de tiempo que desencadenará violencia. Esto llevará a “tomarse la justicia por su propia mano”. Es un proceso lento y peligroso, porqué:
Primero nos encerramos en nuestras casas, protegidos por barrotes, alarmas y cercos de alambrado, pero al salir a la calle quedamos a expensas de los grupos indeseables; asaltantes, ladrones, roba carros, secuestradores, mareros etc. Los ricos contratan seguridad privada (guardaespaldas), los de la clase media no pueden llegar a tanto, y entonces, se declaran en “estado de sitio”, no salen de sus casas a ciertas horas, y viven siempre con el temor del asalto.
Todo esto es porque mientras los ladrones y delincuentes andan sueltos y protegidos por los “derechos humanos”, los ciudadanos decentes viven presos en sus casas y en sus temores.
Lo Segundo es defenderme o huir del barrio, y es aquí donde puede ocurrir lo que pasa en Guatemala y Perú. ¿Hasta dónde podemos aguantar el vivir en zozobra y temor por la delincuencia? ¿Cuáles son los límites de la capacidad humana para aceptar la indiferencia y apatía judicial frente a la delincuencia? Este triste proceso de hacer justicia por cuenta propia, no lo apruebo, porque rompe el orden legal. Sin embargo. reconozco que, para muchos, es la única salida a su situación de inseguridad ciudadana. No podemos negar que la corrupción del sistema policial y judicial siembra el descontento y la frustración, lo cual nos lleva a situaciones extremas. La falta de “Temor a Dios” quita el freno para detener el mal, y como dice la Biblia, éste, tarde o temprano nos alcanzará.
[1] -Escrito en junio del 2002.
[2]-Solo hay un país del mundo con más armas que habitantes: Estados Unidos. Según la organización suiza Small Arms Survey (SAS), en el país norteamericano hay 120 armas de fuego por cada 100 habitantes.



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