CÓMO EL MUNDO HA CONQUISTADO A LA IGLESIA

Mario E. Fumero

Vivimos un cristianismo decadente. Tristemente hemos perdido la perspectiva de conquistar al mundo para Cristo, y estamos viendo como el diablo ha conquistado a la iglesia para adaptarla al mundo, ignorando el mandato de Santiago en donde afirma “que la amistad con el mundo es enemistad para con Dios” (Santiago 4:4).

Hace poco tuvimos una experiencia que me dejó pensando en la realidad decadente del cristianismo moderno. Una iglesia alquiló nuestras instalaciones para celebrar unos 15 años, supuestamente de forma cristiana, pero cuál grande fue mi sorpresa. cuando los jóvenes que se rehabilitaban me dijeron que hubo una fiesta con reggaetón, rap y rock, y es que en realidad toda esa música que sonaba chocante para los internos que venían de ese mundo estaban envuelta de letras cristianas. En otras palabras, habían cristianizado al diablo, usando letras cristianas, pero ritmos mundanos.

Podemos afirmar que cuando andamos con la verdad, el mundo nos aísla y aborrece, porque el mundo vive alimentado de la mentira (Juan 15:18). Una de las verdades más trascendentales que podemos afirmar en estos tiempos, y por la cual nos pueden marginar, es ver como todas las modas, ritmos y costumbres mundanas se han convertido en parte del quehacer de algunas iglesias evangélicas. Los evangélicos, no todos, se han tan modernizado tanto, que ya no tenemos que ir a una discoteca para mover el esqueleto, o a un circo para divertirnos, porque todos los esquemas mundanos de ritmo, luces, efectos especiales y manipulación forman parte de muchas iglesias alimentando las emociones. Esta adaptación de la mundanalidad en la iglesia está al orden del día. Dicen ser sanas en la doctrina, pero están enfermas. Dicen ser cristianas, pero sirven doctrinas de demonios (1 Timoteo 4:1). Dicen predicar a Jesucristo, pero alimentan la carne (Romanos 8:8-9). En fin, nos enfrentamos a una realidad espeluznante de un cristianismo corrompido, donde tristemente en vez de que la iglesia conquistara al mundo, el mundo ha conquistado la iglesia.

¿Por qué el mundo se ha entrado a la iglesia con tanta fuerza? Sencillo, porque si queremos captar gente y llenar los templos, hay que ofrecerles lo que a la carne le gusta, y acudir a métodos atractivos, presentando un evangelio de oferta y distracción, pero no confrontativo. Predicar la verdad, no es fácil en un mundo dominado por la mentira. Vivir rectamente en un mundo torcido es difícil. Hoy día el evangelio no es un compromiso, sino un negocio. Los cultos no son una expresión espontánea de adoración, sino una manipulación que induce a emociones triviales originada por ritmo y manipulación psicológicas, que nos lleva a una adoración espontánea, entendiendo que el culto debe ser racional (Romanos 12:1). Pero ¿qué se entiende por culto racional? Significa que lo que hago lo entiendo lo comprendo y lo expreso según mi convicción necesidad y espontaneidad sin que nadie tenga que hacerme decir lo que a lo mejor no siento. Es donde expresemos lo que en realidad sentimos en nuestro corazón.

¿Qué ocurriría si confronto a la gente con el mensaje de Cristo? poco lo aceptarían como ocurrió en la época de Jesús (Mateo 8:18-22, Lucas 9:57-62). En un mundo dominado por la codicia, la ambición, lo atractivo, hace fácil la vida cristiana, y es ahí donde nace el Evangelio de la oferta, porque vivir un evangelio de demanda es difícil, sin embargo el llamado de Jesucristo para ser su discípulo envuelve un gran sacrificio, porque hay que quitar el “YO” y estar dispuesto a sufrir y obedecerlo en todo (Mateo 16:24)y esta fue la ordenanza que Jesús le dio a su discípulo cuando los envió en la gran comisión (Mateo 28:19-20). Amar a Dios más que al mundo es difícil, pero el que no lo hace evidencia que en realidad el amor del Padre no esta en él, y no es cristiano (1 Juan 2:15).

Predicar Palabra es confrontarnos con el pecado. Es producir un cambio radical en nuestro estilo de vida, incluyendo nuestra percepción del mundo (2 Corintios 5:17). Es por eso que la Biblia nos enseña que una experiencia con Dios cambia nuestra perspectiva de ver al mundo, y sus deseos (1 Juan 2:17), porque ahora ya no vivimos para nosotros mismos, sino que vivimos para él, y lo que hacemos lo hacemos para agradar al hijo de Dios (Romanos 14:8).

Y para concluir este análisis, debemos definir el principio de los dos reinos. Las enseñanzas del Nuevo Testamento establecen que existen dos reinos, uno es el reino de este mundo, y el otro es el Reino de Dios el cual Cristo vino a establecer (Juan 18:36). La palabra reino aparece 340 veces en la Biblia Reina Valera de 1960, y 32 veces con la afirmación de “reino de los cielos” en el Nuevo Testamento, y referente al término “Reino de Dios” se menciona 4 veces, de forma tal, que el principio de los dos reinos es una enseñanza básica de la doctrina cristiana y compararlo con el reino terrenal (mundo) ambos se contraponen, por lo que los valores de cada uno son diferentes. Jesucristo definió bien esta diferencia entre uno y otro (Juan 15:18-19). El proclamó el Reino de Dios entre los hombres estableciendo el principio de que no podemos servir a dos señores (Mateo 6:24) y, por lo tanto, si somos de él, tenemos que vivir conforme al modelo que él nos dejó, y el cual se encuentra en los evangelios.

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