La mesa o el banquete del Reino no va a ser ocupada por los más religiosos, ni por los más ricos, ni por los más importantes de este mundo.
No sé si alguna vez te has preguntado si la iglesia a la que asistes es, realmente, una iglesia del Reino, una iglesia que sigue los parámetros de los valores del Reino de Dios, pero una cosa: una iglesia local no tiene sentido si no es una iglesia del Reino, de ese Reino o Reinado de Dios que irrumpe en nuestra historia con la figura de Jesús.
Pues sí, la gran tarea de Jesús fue establecer el Reino de Dios, lugar en donde deben estar ubicadas todas las iglesias que quieran ser seguidoras del Maestro.
Una iglesia del Reino debe saber que el Reino de Dios no es neta y exclusivamente algo espiritualista, algo desarraigado del mundo y de la historia, sino una iglesia cuyos valores tienen mucho que ver con el aquí y el ahora que nos ha tocado vivir, con el prójimo al que debemos servir y amar, con el mundo injusto al que debemos acercar esos valores.
El Reino de Dios no es algo metahistórico, ni apocalíptico, ni basado en una espiritualidad desarraigada del mundo en donde hay tantos prójimos nuestros que sufren, que son abusados, injustamente tratados y lanzados a los lados de los caminos de la vida de forma inmisericorde.
El Reino de Dios no es sólo para el más allá. Es un Reino que “ya está entre nosotros”. Se puede hablar del “ya” del Reino, aunque quede un “todavía no” con aspectos que se completarán ya en la Nueva Jerusalén donde no habrá más llanto, ni dolor, ni muerte, porque las primeras cosas pasaron.
Pregunta: ¿Qué características debe tener la Iglesia del Reino? El Reino de Dios establecido por Jesús y que va marcando todos sus valores en las Parábolas del Reino, exige que la Iglesia acoja y ponga en práctica esos valores como condición sine qua non para ser iglesia del Reino.
Sin la asunción de estos valores, por mucho que se alabe, ofrende y ore en una congregación, no podrá ser una iglesia del Reino. ¿Qué valores son éstos? Son valores de dignificación de los débiles.
Recordad este valor que nos da como valor del Reino: “Muchos últimos serán primeros”, un valor que, quizás, muchas iglesias no creen en ello o, al menos, no lo practican y siguen poniendo en los primeros lugares de eminencia a aquellos que destacan por su riqueza, su influencia o prestigio humano. Cuando ocurre esto no hemos entendido lo que es una iglesia del Reino.
En esta línea que acabamos de comentar hay otras parábolas del Reino que nos afirman algo que a muchos religiosos o a muchas iglesias les puede parecer escandaloso.
Y es esto: la mesa o el banquete del Reino no va a ser ocupada por los más religiosos, ni por los más ricos, ni por los más importantes de este mundo. Quizás otro de los valores que nos cuesta asumir, pero es enseñanza bíblica fundamental.
Nos puede parecer extraño o hasta mal, incorrecto o incomprensible, pero así lo explica Jesús en el Nuevo Testamento. No. No se llena con los que se creían más puros y dignos, sino que volvemos de nuevo al escándalo para muchos religiosos del tiempo de Jesús y, quizás también, por muchos de los religiosos de nuestro tiempo. No se llena con los que se creían más puros y dignos, sino que se llena con los pobres, los lisiados, los marginados, los apaleados y oprimidos del mundo. ¿Qué es lo que quiere enseñar a la iglesia todo esto?
¿Acaso Jesús hablaba de forma figurada y quería darnos alguna lección importante en torno a la humildad, en torno al consejo bíblico de considerar a los demás como superiores a nosotros mismos? ¿Debe aceptar la iglesia esa radicalidad en torno a los débiles de la tierra? ¿Puede estar la iglesia pervirtiendo esa forma de ser y evangelizar de Jesús que siempre lo hacía desde los pobres y, en tantas y tantas ocasiones, nos los ponía como ejemplo de dignidad y humildad que hay que imitar?
Lo que no se puede hacer es pasar por alto estas enseñanzas e infravalorar en muchos casos a los más sencillos, los más débiles y a los menos capacitados. En el Nuevo Testamento muchos religiosos consideraban a los ignorantes como malditos porque eran incapaces de entender sus interpretaciones de la Torá, pero cuando nos enfrentamos a narraciones que muestran que los banquetes de las parábolas anticipan el banquete final del Reino, no podemos hacer oídos sordos.
Creo que una de las alegrías del Evangelio, uno de los motivos de gozo y de alabanza es que los que viven en indignidad, van a ser dignificados; los errantes y excluidos, van a ser acogidos; los que nadie ha querido contratar, van a ser los primeros en ser pagados; los que han sido postergados como los últimos o los ínfimos, van a ser puestos en los primeros lugares. Son valores del Reino que deben florecer en las iglesias.
Hay otros valores también del Reino que las iglesias deben acoger y fomentar como el que nos dice que se debe invitar a los que nadie invita y comer con aquellos con los que, quizás, otros no invitarían nunca ni desearían comer con ellos; debe sentarse al lado de aquellos con los que, quizás, nadie se quiere sentar. Eso sería una iglesia del Reino que sigue sus valores con la misma radicalidad que su Maestro.
Todo esto deben ser algunas de las características que debe tener una iglesia del Reino, cosa que nos puede llevar a reflexionar si nuestra iglesia está en esta categoría tan especial. Pensemos, analicemos, reflexionemos.


