Mario E. Fumero
Las Naciones Unidas han establecido una serie de normas y convenios a nivel mundial que, al enfatizar en exceso los derechos humanos, tristemente han desarmado a los gobiernos y a las familias en la implementación de leyes y prácticas que regulen y corrijan a los hijos en su formación moral dentro del hogar. Estas normas terminan limitando los derechos de los padres sobre sus propios hijos a tal grado, que los padres se encuentran desarmado para aplicar disciplina.
En este capítulo analizaremos lo que considero violatorio de la autoridad de los tutores en la formación de sus hijos, según el marco cultural y moral que corresponde a cada familia.
Uno de estos convenios impuesto por la ONU a los gobiernos es la “Convención sobre los Derechos del Niño”, aprobada el 20 de noviembre de 1989 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su resolución 44/25.
Analicemos algunos artículos de este convenio que afecta la autoridad. Dejamos que un joven, procedente de pandilla y que conoce muy bien dicho decálogo nos comente el mismo, sobre lo cual yo añadiré un comentario.
Artículo 2, sección 2, establece lo siguiente[1]: “Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para garantizar que el niño se vea protegido contra toda forma de discriminación o castigo por causa de la condición, las actividades, las opiniones expresadas o las creencias de sus padres, tutores o familiares”.
En el análisis de este articulo el joven Christian comenta: “En ese punto podemos ver que una parte de este artículo protege a los niños contra la discriminación, y eso es positivo; pero lo que sigue puede prestarse a manipulación y ser usado para desarmar a los padres en cuanto al castigo, pues no se define qué es ‘castigo’. Así, cualquier tipo de corrección moral o física puede interpretarse como una violación a los derechos del menor, dejando sin opción a los padres para ejercer su autoridad disciplinaria dentro del hogar. Bajo esos parámetros, yo pude manipular a mi madre para ingresar a las pandillas ”. Efectivamente, esta convención puede prestarse para debilitar la autoridad de los padres, al prohibir de manera radical el castigo, sin especificar ni diferenciar entre una disciplina correcta y una violencia dañina.
Hubiera sido necesario definir, en ese punto, los tipos de castigo aceptables en la formación del carácter disciplinario del niño. Por lógica, ningún castigo que implique violencia, tortura o maltrato que produzca daño físico, o afectar la dignidad del menor, debe ser aceptado, pero es menester definir estos dos términos: DISCIPLINA Y CASTIGO
- Disciplina: proviene del latín discipulus (“discípulo, estudiante”) y se entiende como una manera coordinada, ordenada y sistemática de hacer las cosas de acuerdo con un patrón de conducta, método o normas determinada. Incluye también las consecuencias de no cumplirlas.
- Castigo: es la sanción, pena o reprimenda que se aplica a una persona que ha cometido una falta, o ha violado las normas existentes. Su propósito es corregir y lograr que la persona actúe conforme a las pautas establecidas. Los castigos se clasifican en castigo físico o castigo moral.
- La disciplina y el castigo, aplicados con justicia y moderación, son esenciales para la formación del carácter. Ninguna sociedad puede funcionar sin reglas claras, ni sanciones.
LAS REGLAS DEL JUEGO
Toda actividad —sea deportiva, laboral, familiar o social— está regulada por normas. Cuando éstas se violan, hay consecuencias. Un ejemplo sencillo lo vemos en el fútbol: cuando un jugador comete una falta leve, recibe una tarjeta amarilla; si la falta es grave, se le saca tarjeta roja y queda expulsado. Ningún deporte existe sin reglas. Lo mismo ocurre en la familia y la sociedad: la convivencia exige normas y sanciones claras.
LAS PAUTAS BÍBLICAS EN LA FORMACIÓN DE LOS HIJOS
El principio judeocristiano para la educación de los hijos está claramente establecido en Deuteronomio 6:5-9: “Amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, andando por el camino, al acostarte y al levantarte. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas”. Éstas enseñanzas deben transmitirse desde que el niño es pequeño y aún no tiene uso de razón, y la misma debe formar parte de los valores de su cultura familiar. Los padres, además, deben ser ejemplo de estas reglas.
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ANÁLISIS DE CHRISTIAN: “—Hoy en día muchos niños y jóvenes conocemos esta Convención, y nos refugiamos en ella para justificar atrocidades. Hablo así porque yo fui uno de esos jóvenes que les escudaba en mis derechos, olvidando completamente mis deberes. El saber que mi mamá no podía castigarme me dio un arma para imponer mis caprichos a los 12 años. Yo conocía mis deberes, pero los ignoraba porque, como niño, buscaba siempre excusarme para hacer lo que más me convenía.
Ahora, con 20 años, comprendo mejor. Veo que varios artículos de esa convención desarmaron a mis padres. No todos los derechos son malos, pero algunos nos otorgan demasiado libertinaje, dejando a los padres sin herramientas para frenar nuestra rebeldía.
Creo que debemos proponer al Estado y al gobierno que analicen más a fondo estos convenios y corrijan los vacíos. El 90 o 95% de lo que proponen es valioso, pero ese 5 o 10% restante destruye valores tradicionales de nuestra cultura.
Todos sabemos que uno de los factores principales de la criminalidad en Honduras son las maras o pandillas, y que muchos de sus integrantes son jóvenes y niños reclutados desde temprana edad. Las maras nos hacen creer que lo malo es bueno y lo bueno es malo. Quienes venimos de hogares disfuncionales entramos en esos grupos buscando una familia, aunque sea falsa, y terminamos sometidos a una obediencia ciega al mal. Poco a poco, mediante la violencia, fuimos programados para actuar inconscientemente en contra de la sociedad—”.
¿ES SUPERIOR EL INTERÉS DEL NIÑO SOBRE EL DESEO DE LOS PADRES Y EL BIEN SOCIAL?
Artículo 9, Sección 3 Texto de la Convención: “Los Estados Partes respetarán el derecho del niño que esté separado de uno o de ambos padres a mantener relaciones personales y contacto directo con ambos padres de modo regular, salvo si ello es contrario al interés superior del niño”.
Por lógica, el Estado no debe actuar únicamente de acuerdo con lo que el niño desee, sino conforme a los riesgos reales que este pueda enfrentar. Debe garantizarle protección, cuidado y estabilidad en el seno de una familia, sin permitir que los caprichos o decisiones inmaduras del menor prevalezcan sobre su necesidad de seguridad y sostenimiento.
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ANÁLISIS DE CHRISTIAN
“—Al analizar esta problemática, me pregunto: ¿por qué hay tantos niños y jóvenes involucrados en maras y pandillas? Todos sabemos que la desintegración familiar es uno de los mayores problemas que enfrenta nuestro país, y afecta directamente a los niños. Si analizamos bien este artículo, vemos que un menor puede separarse de sus padres si así lo decide. Pero, salvo que tenga padres desalmados o abusivos, ese interés del niño no debería prevalecer.
Con este artículo estamos fomentando la desintegración familiar: se da lugar a que los hijos se aparten de sus padres simplemente por rebelarse o elegir el mal camino. Esto anula la autoridad de los padres, quienes ya no pueden traerlos de regreso a casa cuando se involucran con pandillas. Como el artículo establece que prevalece el ‘interés del niño’, aunque ese interés lo ponga en riesgo, las maras tienen una gran ventaja.
De esta manera, muchos menores que huyen de la disciplina terminan absorbidos por grupos antisociales. En la actualidad, existen numerosos casos de jóvenes, que, como yo, en algún momento nos escapamos de casa para evadir la corrección. Al asociarnos con pandillas, nuestros padres quedaron desarmados, sin poder hacer nada legalmente para obligarnos a regresar al hogar.
Debemos entender que un niño no puede decidir por sí solo si quiere o no vivir con sus padres, a menos que exista un caso comprobado de abuso físico o maltrato grave. Los menores tienden a equivocarse en sus decisiones y fácilmente pueden ser manipulados por grupos antisociales, redes de trata de personas o incluso pederastas, un mal tristemente extendido en nuestra sociedad.
Mi consejo a todos los niños y jóvenes que buscan refugio en maras o pandillas es que no se dejen engañar con promesas falsas de protección o de una ‘familia’. Sigamos el consejo de nuestros padres y respetemos las reglas de nuestro hogar. Recordemos que nuestros padres nos corrigen porque nos aman, y la disciplina o el castigo son instrumentos para formar nuestro carácter y enseñarnos a respetar las reglas del juego. No se dejen arrastrar por quienes ofrecen drogas, dinero o placeres momentáneos. El precio que se paga al final es demasiado alto. La Palabra de Dios lo confirma: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7)” —.
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Artículo 14, Sección 1 – Texto de la Convención: “Los Estados Partes respetarán el derecho del niño a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión”.
La gran pregunta que surge es: ¿cómo puede un niño ejercer plenamente este derecho cuando, por ley y por naturaleza, está sujeto a la autoridad paterna, al marco cultural y al ambiente en el que ha sido concebido y criado? Las leyes establecen que un menor no alcanza la emancipación hasta cumplir los 18 años; por lo tanto, mientras esté bajo la tutela de sus padres, debe sujetarse a ellos en todos los aspectos de la vida. En consecuencia, los valores no se definen únicamente por el pensamiento autónomo del niño, sino por los principios culturales, morales y espirituales que la familia, como núcleo básico de la sociedad, le transmite.
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ANÁLISIS DE CHRISTIAN
“Cuando leí este artículo de la Convención por primera vez, me puse a pensar en el grado de libertinaje que se concede a niños y jóvenes al proclamar su derecho a la libertad de pensamiento y de conciencia. Por lógica, esa libertad debe ser controlada, y la religión dependerá de los valores de los padres, quienes deben enseñar a sus hijos el temor a Dios. Una vez que alcancen la emancipación, podrán escoger por sí mismos qué camino seguir. Pero mientras tanto, los padres tienen la responsabilidad de guiarlos. Recordemos que solo hay un DIOS verdadero. Cuando hablamos de religión, existen muchas religiones y sectas en el mundo, algunas de origen satánico, que dañan a otros a través de prácticas de magia oscura y que incluso pueden llevar a un menor a adorar ídolos como la “santa muerte”.
Tristemente, cuando uno entra en las pandillas, los vínculos con el ocultismo y el satanismo se vuelven frecuentes. De ahí surgen los nombres de algunas maras predominantes, como la MS, que algunos interpretan como ‘Mara Satánica’ o ‘Mara Salvatrucha’, y la 18, que se asocia con el símbolo apocalíptico del número de la bestia: 666.
Por eso creo que los padres deben transmitir sus creencias y principios, no de manera impositiva, sino con el ejemplo, a través de acciones y hechos. La enseñanza religiosa y moral debe vivirse en casa. Dentro de esa sujeción a la autoridad paternal, el niño puede desarrollar sus puntos de vista, pero siempre respetando los valores del hogar.
Una vez que alcance la mayoría de edad, tendrá él que decidir, si quiere seguir las creencias de sus padres o apartarse de ellas, pero esa decisión únicamente la tomará en el momento de su emancipación, no antes”
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Artículo 15, Sección . Texto de la Convención: “Los Estados Partes reconocen los derechos del niño a la libertad de asociación y a celebrar reuniones pacíficas”.
Esta cláusula del convenio ha generado serios problemas, especialmente en hogares disfuncionales. Muchos padres se encuentran con que sus hijos se juntan con pandillas y, cuando intentan traerlos a casa de manera impositiva, se topan con que la ley los protege. En la práctica, hasta que el menor no comete un delito, las autoridades no pueden intervenir.
Lo más grave es que, como vimos en la historia al inicio de este capítulo, si un padre trata de sacar a su hijo de la calle —cuando este anda involucrado con grupos antisociales— el mismo menor puede acusarlo de violentar este artículo, alegando represión. Es por ello por lo que el padre corre el riesgo de ser señalado como delincuente, cuando en realidad lo único que intenta es salvar a su hijo de las drogas o las pandillas.
ANÁLISIS DE CHRISTIAN
“Es en esta etapa cuando me pongo a pensar en las consecuencias de este artículo, que me impactó profundamente. ¿Por qué? Porque al otorgar libertad de asociación a un niño antes de los 18 años, el Estado termina desarmando a los padres. En mi caso, cuando me rebelé contra mis padres a los 12 años, busqué refugio en la pandilla 18. Pensaba que ya era más maduro que un adulto, y no quería aceptar la autoridad de mis padres, pues el espíritu de rebeldía prevalece con fuerza en la adolescencia. Existen adolescentes que desarrollan una capacidad de conciencia e inteligencia muy alta, incluso superior a la de sus padres. Este fenómeno se acentúa en un mundo dominado por la tecnología, los videojuegos y los contenidos que fomentan agresividad y violencia.
Es cierto que muchos niños poseen una capacidad intelectual avanzada, pero esa misma inteligencia mal encausada los lleva a desarrollar mecanismos de chantaje y deseos de aventura que los hacen manipular a sus padres. Como consecuencia, terminan tomando decisiones erradas. Para un líder de mara, resulta sencillo manipular la mente de un adolescente entre los 12 y 17 años. A través de mecanismos de persuasión, presión de grupo y manipulación mental, los arrastran a cometer actos violentos. Así me ocurrió a mí”.
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Después de analizar este punto podemos afirmar que aunque el 95% de los Derechos del Niño son valederos, este punto en particular es atentatorio sobre la patria potestad de los padres sobre los hijos, ya que ellos no solamente heredan las costumbres y el idioma de tus padres, si no las creencias y culturas que a través de generaciones se han transmitido de padres a hijos. Un menor tiene derecho a discrepar de sus padres, pero mientras esté sujeto a los mismos debe respetar los principios y las normas establecidas en la convivencia familiar.
EL VALOR DEL TRABAJO EN LA FORMACIÓN DE LOS HIJOS
Otro aspecto importante a abordar es el papel de los padres cuando enseñan a sus hijos a trabajar dentro del contexto familiar, con el propósito de que aprendan a administrarse y valorar sus propios recursos.
Es necesario diferenciar entre dos realidades muy distintas:
- Explotación infantil: Cuando los padres utilizan a los niños de forma incorrecta, con fines meramente económicos, privándolos de su desarrollo, estudio y recreación.
- Formación en el valor del trabajo: Cuando se enseña al menor a participar en tareas dentro del hogar o del entorno familiar, como un medio educativo para inculcar disciplina, responsabilidad y aprecio por el esfuerzo.
En los campos de Honduras es común que el niño, al regresar de la escuela, acompañe a su padre a trabajar en la milpa. Aunque algunos podrían denunciar esto como abuso infantil, en realidad, forma parte de la formación del carácter, siempre y cuando no se le prive del derecho a estudiar, descansar y participar en la vida familiar. Este tipo de enseñanza fortalece el sentido de pertenencia, y además, ayuda a que el niño valore lo que tiene, y fomenta la sostenibilidad y el orden dentro de la familia.
[1]– https://www.ohchr.org/es/instruments-mechanisms/instruments/convention-rights-child


