DISCIPLINANDO A LOS HIJOS.

          Mario E. Fumero

          Si queremos formar vidas, no podemos evitar el aplicar a veces actitudes correctivas o disciplinarias, razón por lo que debemos entender que tanto el amor como el castigo van de la mano, pues dice la palabra que:

«La vara y la corrección dan sabiduría, mas el muchacho consentido avergonzará a su madre» (Proverbios 29:15).

          Para no cometer errores a la hora de aplicar ésta, debemos considerar algunas pautas para que la disciplina no se convierta en vez de corrección, en represión, cometiendo errores de conducta que afecten al hijo en su integridad física y moral. Para ello debemos tomar en cuenta los siguientes puntos:

1- Que no existe un aprendizaje sin ejercicios prácticos que corrijan los errores de conducta. La Biblia establece que la obediencia no sólo se impone con palabras, puesto que no es optativa (si quiero o no) sino imperativa, y hay que implantarla como dice Santiago 1:21

«Por lo tanto, desechando toda suciedad y la maldad que sobreabunda, recibida con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas». Es por ello por lo que tenemos que desarrollar un mecanismo de comprensión, de acuerdo con la edad y actuación del niño para implantar lo enseñado, ya que no podrá haber una enseñanza familiar, sin el principio primario de la VARA, pues: «El que detiene el castigo, a su hijo aborrece, mas el que le ama, desde temprano lo corrige» (Proverbios. 13:24).

          Eso sí, hay que tener cuidado «como y cuando» aplicamos el mismo, pues se puede cometer abusos que podrían ser delitos, principalmente cuando maltratamos a nuestros hijos de forma violenta, y por regiones del cuerpo delicadas. El castigo físico tiene sus retractores y defensores. El mismo es peligroso en mano de padres impulsivos, neuróticos y sin dominio propio. Pero en algunos casos, principalmente en la primera etapa de la formación[1], es el único mecanismo que a veces funciona, ante de poder usar el castigo moral.

2- La vara era una rama de árbol, y representaba en el Antiguo Testamento la autoridad y corrección. Era símbolo del patriarcado, y estaba presente en todo hogar judío para imponer el orden y la disciplina. Con ella se aplicaba el castigo físico al violador de la ley; en Proverbios 22:15 se menciona como el método de disciplina al hijo: «La insensatez está ligada al corazón del joven, pero la vara de la disciplina la hará alejarse de él». Este castigo debe aplicarse principalmente en la etapa de uno a siete años. Se establece en Proverbios 29:15. Este método es un medio de dar sabiduría, siempre y cuando se use de forma debida y de acuerdo con las circunstancias: «La vara y la corrección dan sabiduría, pero el muchacho dejado por su cuenta avergüenza a su madre.»

El pegarles a los hijos para infundirles temor y respeto es bíblico y se debe usar en los primeros siete años de vida, siempre y cuando se tomen en cuenta algunas reglas antes de aplicar el castigo físico: No le pegue sin, primero, corregir con la palabra e indicar las causas del castigo, pues de lo contrario es reprensión y no corrección. No le pegue en estado de ira. La ira en el golpe destruye y socava el poder correctivo. Cálmese y, con todo dominio, aplique de forma controlada, y por zonas no peligrosas (pies, nalgas, etc.) el castigo impuesto, no abusando del mismo continuamente. pues no es saludable, y en cuanto pueda, aplique mejor el castigo moral.

Antes de pegarle, dele oportunidad al hijo para que exponga sus razones o defensa. El hijo debe explicar su conducta, y usted escúchele, antes de omitir la sentencia. Use siempre la misma vara, y colóquela en un lugar visible. Que él sepa que violar la ley equivale a castigo, para que tenga temor y controle sus impulsos y deseos incorrectos. Una vez dada una sentencia, cúmplala, si no, sería interpretado como debilidad. Si comete un error en el castigo físico, equivocándose, reconózcalo y pídale perdón.

3- El castigo físico no debe usarse todo tiempo. Según el niño crece, se debe cambiar al castigo moral, que consiste en privarlo de algo que le guste, agrade o desee —entre los 7 a los 18 años— No siempre el mismo método correctivo es positivo; a veces necesita combinarlo con otros para obtener un mejor resultado, sabiendo que todo castigo debe llevar a la reflexión y al amor, que produce temor, el cual es el principio de la sabiduría.

          El temor significa respeto a la ley, y no tener miedo al hombre. A veces es mejor los mecanismos de modificación de conducta, motivación, diálogo, que el pegarle, principalmente cuando es mayorcito (7-13 años). Sea cual sea el castigo, debe haber firmeza. No ceda a menos que la actitud del hijo responda favorablemente, sin usar chantajes. Ej.: «Se le castiga un día en el dormitorio, pero al medio día al ver que se porta bien, y sin éste pedirlo, se le perdona». Es necesario que el hijo aprenda a pedir perdón y a ver el perdón; esto es comprensión: «Como el padre se compadece de los hijos, así se compadece Jehová de los que le temen.» (Salmos 103:13).

4- No se deben usar métodos de castigo fuera del presentado por la Biblia. El uso del miedo, el maltrato, las amenazas, las comparaciones, la humillación y las palabras ofensivas de parte de los padres a los hijos son destructivas, incorrectas y conducirán a tu hijo a la rebelión o frustración. La Biblia ordena a los padres «no provoquen a ira a los hijos» con procedimientos contrarios a su Palabra (Efesios 6:4).

          Es triste pensar que muchas veces los padres son tan estrictos y brutales en sus castigos, que ellos mismos están aumentando la rebelión interna del hijo y, a la larga, desembocará en una ira violenta contra todo el medio social. Muchos padres, en lugar de corregir las acciones malas de sus hijos con disciplina amorosa e inteligente, según la Biblia (Hebreos 12:7-11[2]), usan métodos que reprimen o coaccionan, por lo que éstos, llenos de resentimientos, exteriorizan sus frustraciones en las drogas o la violencia social.

5- Como conclusión, debemos vivir el mandato de Dios al ordenar criar a nuestros hijos en “disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4), procurando que la disciplina le produzca pesar y dolor por la falta cometida, a fin de enmendar esos fallos de un comportamiento que debe ser moldeado dentro de unas reglas de convivencia. Que en el seno del hogar los padres establezcan valores sólidos y estables, para legarle a los hijos un futuro feliz, que es el más grande patrimonio que uno puede recibir, para que cuando sea viejo «NUNCA SE OLVIDE DE ELLO».


[1]– Se considera la etapa de formación de un niño desde que nace hasta que alcanza los 7 años, y comienza su sociabilización a los 4 o 5 años. En esta etapa el castigo físico moderado es el más común. Una nalgada un leve Jalón de oreja se puede hacer de forma leve y moderadamente. En esta etapa es cuando el desarrollo moral del niño entra a primera fase (premoral), la obediencia y el castigo formativo están ligados al temor a las consecuencias negativas y a la obtención de recompensas

[2]– “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10 Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero este para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. 11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

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