EL TEMOR COMO FRENO

Mario E. Fumero

          Los seres humanos tenemos reducida nuestra capacidad de «gobierno instintivo» porque según crecemos, adquirimos inteligencia. Al ser criaturas pensantes, nuestro comportamiento no estará limitado a las leyes físicas, o a un programa instintivo, como sucede con los animales, sino que actuaremos por el conocimiento y la formación que tengamos del medio. Somos, en nuestra conducta adulta, el producto del medio. Es por ello que se hace real el refrán de que dice: «Dime con quien andas, y te diré quién eres».

EL PRINCIPIO DEL TEMOR DA SABIDURÍA

          Al educar a los hijos, desde el día que nacen, debemos infundirles principios que les hagan actuar dentro de ciertos esquemas determinados de conducta moral. Estos principios operan como un freno, para evitar que cometan actos contrarios al orden natural o moral. A esto la Palabra lo llama instrucción; «Instruye al niño en su camino; y aun cuando sea viejo, no se apartará de él» (Proverbios 22:6) «El que ama la instrucción ama el conocimiento, pero el que aborrece la reprensión se embrutece» (Proverbios 12:1) «Escucha, hijo mío, la disciplina de tu padre, y no abandones la instrucción de tu madre;» (Proverbios 1:8).

          Mediante la formación se forja una conciencia que establece una escala de valores que mide lo bueno, de lo malo, advirtiendo a su vez las consecuencias que produce la desobediencia a la ley moral, social o natural. Este «temor»[1], a las secuelas que trae la desobediencia a las normas establecidas es lo que la Biblia define como «el principio de la sabiduría», «El temor de Jehová, (que) es el principio de la sabiduría; (el cual) los insensatos desprecian (ignorando) la sabiduría y la disciplina» (Proverbios 1:7) “El énfasis entre corchetes es añadido por el autor”. «Y dijo al hombre: Ciertamente el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal es el entendimiento» (Job 28:28). «El temor de Jehová es la enseñanza de la sabiduría, y antes de la honra está la humildad» (Proverbios 15:33).

          Notemos lo importante que es adquirir conocimiento (sabiduría) mediante una instrucción que infunda temor. Ésta es la regla que da felicidad y equilibrio emocional y social. Este principio bíblico no se puede ignorar ni descuidar frente a las hordas liberales que envuelven nuestros tiempos. Le tememos al fuego porque quema, y no hace falta ser sometido a una quemadura para aprender a distinguir los peligros que envuelven el jugar con fuego. Sabemos que si me tiro de una gran altura me mato, y no necesito hacerlo para comprobarlo. Tenemos temor a todo aquello que encierra peligro. El temor es el medio que nos detiene frente al mal que acarrea el violar una ley natural o física. Hay un temor instintivo y un temor inducido.

EL TEMOR INSTINTIVO: Brota automáticamente, cuando estamos en alguna situación extrema de peligro. Opera bajo el control del instinto de conservación. Aunque no se haya enseñado, aparece como señal de alerta. Es la forma en que reaccionamos cuando nos sentimos resbalar por un barranco, o nos sale al encuentro un animal feroz, o estamos en medio de una guerra, o en una calamidad natural. Aparece de forma innata, incluso en el reino animal, los cuales, al sentirse en peligro, atacan o huyen.

EL TEMOR INDUCIDO: Nace como producto de una formación. Ocurre cuando se es educado en el temor a Dios, y por lo tanto, se respetan los valores precisos que nos llevan a tener un comportamiento determinado con relación a la vida, el prójimo, los padres y a las ordenanzas de nuestros superiores. Es cuando consideramos que violar la ley; moral o civil, produce un «delito» o pecado que acarrea consecuencias de castigo. Es ser conscientes de que el pecado produce juicio, y muchas veces dolor y tristeza. La Biblia establece que: «la paga del pecado es muerte; pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro» (Romanos 6:23). ¿Pero a qué le llamamos pecado? A cualquier violación de las leyes establecidas, y de lo cual tenemos conciencia, pues «el que sabe hacer lo bueno y no lo hace, eso le es pecado” (Santiago 4:17). Es necesario entender que desobedecer la ley moral acarrea castigo, ya sea correctivo, cuando nuestros padres nos llaman la atención después de haber desobedecido, o disciplinario, cuando produce consecuencias que afectan mi vida social y espiritual.

LA DISCIPLINA QUE INFUNDE TEMOR

          El término «disciplina» tiene varias connotaciones en la Palabra. Puede significar “enseñar un orden de valores”, o “la acción de corregir los desórdenes contra las normas morales establecidas”. Según muchos teólogos. la disciplina nace como producto de la enseñanza, y una disciplina positiva dará salud al cuerpo, sea con relación al hogar o a la vida de la iglesia[2].

          La disciplina formativa es la enseñanza dada a un niño desde pequeño, para que aprenda a sujetarse a los principios morales y sociales que rigen el hogar y su entorno Esta enseñanza la ejecutan los padres desde que el niño nace[3], hasta que tiene el discernimiento desarrollado para escoger entre el bien y el mal. Esto se logra a través de una relación profunda en todo el diario vivir (Deuteronomio 6:3-9), por eso el texto dice que «las repetirás en la mañana, al levantarte, al acostarte y estando en tu casa». Pero y cuando no se sujeta al orden establecido ¿qué hacer? Entonces se necesita algún medio para inducirle el respeto a la ley. Es ahí cuando aparece la «disciplina correctiva» que es aquella que se impone cuando la persona, una vez aprendida la «disciplina formativa», no cumple lo enseñado[4]. El orden previo a la ejecución de un castigo está determinado en Tito 2:15 en los siguientes términos: «Estas cosas habla, exhorta y reprende con toda autoridad. ¡Que nadie te menosprecie!» El término «habla» equivale a enseñar. Después de hablar o enseñar se debe exhorta, o llamar la atención sobre lo enseñado. Si persiste en su conducta obstinada, vendrá la reprensión, que es hablarle más fuerte. Si a pesar de todo no cambia de actitud, se le hará un juicio y se le aplicará un castigo o corrección. Existen dos tipos o formas de castigos: -El moral; con lo cual le privamos de algo que le gusta, y le causa pesar. Como por ejemplo, no dejarlo salir a jugar, encerrarlo en su cuarto, etc.

-El físico; cuando por su desobediencia le pegamos, usando el principio de la «vara», el cual es objetado actualmente. Ambas formas de disciplina deben producir, en el que comete una falta (delinque o peca), un sentido de culpa o de pesar por la acción cometida, para que tenga temor[5]. Dice la Palabra que: «Al momento, (de ejecutarse el castigo) ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza (porque afecta y produce dolor en la persona que la recibe); pero después da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados.» (Hebreos 12:11 Énfasis entre corchete es mío).

          Toda disciplina debe producir tristeza, para que el infractor reconozca su falta, y acepte la existencia de una autoridad que vela por el cumplimiento del orden establecido.

¿SERÁ INCORRECTO EL USO DE LA VARA?

La psicología moderna descarta el uso del castigo físico como fórmula de disciplina debido a que muchos padres actúan de forma violenta, causando daños físicos a sus hijos[6], por lo que actualmente nadie trata de defender éste tipo de castigo.

          Las autoridades toman ciertos hechos aislados y brutales para justificar la creación de leyes que les prohíben a los padres el uso del castigo físico, esto me muestra que muchas veces se van al extremo. ¿Sería lógico prohibir el uso de automóviles debido a que son la mayor causa de muerte? La Palabra de Dios condena las actitudes brutales de los padres que en estado de ira maltratan a sus hijos, y advierte; «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina y la instrucción del Señor» (Efesios 6:4).

          Sin embargo, hay casos que requieren este tipo de castigo, siempre y cuando se haga con «dominio propio, juicio y sabiduría», principalmente en aquellos hijos que no entienden o sienten dolor por el castigo moral. El problema está en que hay que saber aplicar el castigo físico como una forma de corrección, y no de represión[7], usándolo como un mecanismo correcto, sin violencia y con previo juicio y diálogo con el transgresor.

          La «vara» mencionada en el A.T. era un medio de disciplina, una forma de domar ciertos caracteres fuerte, que no entienden otras razones, y aunque la tendencia general es rechazarla, hay casos que su uso detendría muchos males. Cuanto más suave y permisivo sea la actitud social frente a los delitos, menos temor y respeto tendrán los delincuentes o infractores a las normas morales o sociales, y esto es lo que hoy ocurre. ¿Acaso no son los delincuentes, por regla general, reincidentes? ¿Infunde temor al que delinque los métodos de justicia permisiva existentes, en donde los derechos están por encima de los deberes, y las cárceles a veces son hoteles o centros de corrupción?

EL PRINCIPIO BÍBLICO DE LA «VARA»

          La vara tiene un gran significado en la Biblia. Equivale a tener autoridad y poder para ejercer una función de mando. En el caso de Moisés, la vara fue el medio para revelar el poder de Dios al Faraón (Éxodo 4:1-4, 20, 7:10). Dice Jueces 5:14; «De Efraín vinieron algunos cuyas raíces estaban en Amalec; detrás viniste tú, oh Benjamín, con tu pueblo; de Maquir descendieron los jefes; de Zabulón vinieron los que llevan la vara de mando (Jueces 5:14). Noten que se dice que la vara es «el símbolo de mando». Pero además la vara se usaba para corregir y ejecutar castigo a aquellos que desobedecían, para infundir aliento, temor y corrección. El Salmista David exclama en el salmo 23: «…Tu vara (la disciplina) y tu cayado (dirección, ternura,) me infundirán aliento» (4 bis. Énfasis en corchete es del autor). Los pastores usaban el cayado para atraer hacia así ellos a las ovejas que se salían del camino, y ayudarlas, mientras que la vara era para disciplinarlas y azotarlas cuando no obedecían las órdenes dadas. Hay citas que hacen referencia al uso de la vara como medio de disciplina, e infundir temor. Veamos esos textos: «En los labios del entendido se halla sabiduría, pero la vara es para las espaldas del falto de entendimiento» (Proverbios 10:13).

          El escritor expresa una verdad negada por la liberalidad actual, usar la vara para corregir el mal, y llevar al individuo, por medio de ella, al entendimiento de las reglas morales. Personalmente creo que esta norma no se aplica a todos los casos, pues hay hijos que les duele más el castigo moral que el físico. Además, el uso de una disciplina rígida debe ser la última opción después de haberle hablado, exhortado y reprendido. Sé que es duro para un padre el tener que pegarle al hijo unos buenos azotes por zonas sólidas, y con moderación, pero a veces es necesario, y si lo hacemos con dominio propio, sabiduría y juicio previo, podremos infundirle temor, y evitar males mayores.

          En otra parte Proverbio 26:3 dice; «El látigo es para el caballo, y el freno para el asno, y la vara para la espalda de los necios» Aquí se hace distinción entre el látigo y la vara. Entre domar y corregir hay diferencia. Se doman los instintos, pero se corrigen los defectos de acciones que atenta contra el orden establecido. «La insensatez está ligada al corazón del joven, pero la vara de la disciplina la hará alejarse de él» (Proverbios 22:15).

          Hay padres que sufren las consecuencias de haber sido muy «permisivos» con sus hijos, por no corregir a tiempo algunas actitudes incorrectas. Hay hijos que llegan incluso a pegarle a sus padres, y estos no saben qué hacer. Han perdido o le han quitado la autoridad. Algunos me han dichos -es que me da lástima pegarle- y por lo tanto, les han permitido a sus hijos toda clase de desmanes, sin poner coto a sus desórdenes dentro del hogar, y estos son menores de edad.

          Si enfocamos estas acciones dentro del marco legal de la Biblia descubrimos que la falta de respeto a los padres en el judaísmo se consideraba un delito tan grave que podía causar la pena de muerte, así lo dice la ley de Moisés en Éxodo 21:15-17: «El que hiera a su padre o a su madre morirá irremisiblemente», «El que maldiga a su padre o a su madre morirá irremisiblemente”. Era inimaginable el hecho de que un hijo le pegara a un padre, y menos que le faltase al respeto. Pero ésta es la condición moral a la que hemos llegado en estos tiempos, lo cual fue anunciado por las profecías bíblicas: «Porque habrá hombres amantes de sí mismos y del dinero. Serán vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,» (2 Timoteo 3:2)».

LOS PADRES SIN DERECHOS

          En el Estado de California un grupo de padres, víctimas de la liberalidad proclamada por la psicología y la educación en los últimos 40 años[8], tuvieron que juntarse y formar una asociación para defender sus derechos sobre los abusos que sufrían por parte de sus hijos. Para ello crearon una «Asociación de Padres Maltratados», y proclamaron la recuperación de su autoridad para poner mano fuerte al abuso y maltrato de los cuales eran víctimas por parte de sus hijos adolescentes. Ellos afirmaron “es tiempo de tomar el control del hogar, y echar abajo esos antivalores contrarios al orden bíblico, que dicen que le den las llaves de la casa y del auto a sus hijos, que le den toda la libertad, que no le llamen la atención, y evitando castigarles, porque ellos, aunque sean menores, tienen derechos” y denunciaron públicamente los abusos de sus hijos, reclamando sus derechos para poner freno al desorden de estos, y decidieron entablar una demanda en una corte, para retomar el control de una autoridad familiar que se había perdido, anulada por las filosofías permisivas de la educación moderna.

          ¿Cómo es posible que un adolescente pueda hacer lo que le da la gana, sin que los padres puedan decir «basta ya»? Es tiempo de “amarrarse los pantalones”, para establecer reglas para todos, y demandarle al que no las cumpla, las cuentas que sean necesarias. Esto induce temor y produce respeto[9].

Estos principios han gobernado la conducta del pueblo judío y árabe en todo el mundo lo largo de su historia, razón por lo cual han sobrevivido a los cambios de los tiempos, sin perder su patrimonio y la autoridad familiar. Notemos como el escritor de Proverbios aclara que; «La vara y la corrección dan sabiduría, pero el muchacho dejado por su cuenta avergüenza a su madre» (Proverbios 29:15).

          En otras palabras, dejarle pasar todo, por no actuar con dureza, es llevar al muchacho a la necedad y al capricho, lo que en su juventud podrá costarle caro, y nosotros sufriremos las consecuencias, por no haber tenido el valor de corregirle sus defectos a tiempo, infundiéndole el temor y respeto a los valores morales. En la actualidad los antivalores se han adueñado de todos los aspectos de la vivencia. El principio de libertad lo ha devorado todo, hasta ignorar los valores de la verdadera relación humana, que es el respeto a los demás. En 1 de Pedro 2:16 se enseña cómo debemos usar la libertad; «Actuad como libres, y no como los que hacen de la libertad un pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios» (1 Pedro 2:16).

          Toda libertad tiene límites, de lo contrario se convierte en libertinaje y causa anarquismo. Benito Juárez, prócer mexicano, afirmó que «el respeto al derecho ajeno es la paz» y por lógica, tu libertad termina cuando la mía comienza, pues el amor y el respeto a los valores regula el uso de esta libertad.

          Si a la falta de una autoridad, le añadimos la falta de disciplina, y le sumamos la permisividad moral, produciremos una sociedad sin temor, a la deriva, dispuesta a embestirlo todo, sin que nada ni nadie la detenga, y esto es lo que actualmente estamos viviendo. Padres débiles, hijos caprichosos, sociedad permisiva, filosofía liberalista, principios cristianos erradicados, y un Estado que ha pasado de laico[10] a materialista y humanista. ¿Qué futuro nos espera?, a simple vista el panorama respecto a la autoridad es muy sombrío.

A FALTA DE TEMOR ACARREA JUICIO

          El temor infunde respeto. Un «miedo» (que no es ni pánico, ni temor a lo desconocido) que nace de la conciencia de saber que la desobediencia lleva en sí castigo, o produce consecuencias desastrosas. Es ser consciente que si mato voy preso, si robo pierdo mi derecho a ser libre, si cometo una falta tendré que pagar las consecuencias, hablando en términos judiciales[11]. Es por ello que en la Palabra aparecen términos que advierte del peligro que acarrea el no seguir las normas establecidas: «Pero si no me escucháis y no ponéis por obra todos estos mandamientos, y si rechazáis mis estatutos y vuestra alma menosprecia mis decretos, no poniendo por obra todos mis mandamientos e invalidando mi pacto, entonces yo también haré con vosotros esto: Decretaré contra vosotros terror, tisis y fiebre que consuman los ojos y dejen exhausta el alma. Sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos se la comerán» (Levítico 26:14-16).

          Algunos dirán; «no es justo, pues la gente no hace lo que quiere por miedo”. Si el miedo al juicio y a la calamidad detiene el mal ¿no es acaso un efecto positivo? ¿Es que acaso no le tenemos miedo a los relámpagos cuando caen cerca de nosotros? y cuando vemos una serpiente, ¿vamos corriendo a cogerla para vencer el miedo? y si lo hacemos, ¿cuáles serán las consecuencias?

          El temor es un freno, pero para que opere como tal debemos tener conciencia de las consecuencias que produciría el desobedecer, y saber usar dicho freno. Si violas las normas establecidas, males vendrán sobre tú vida. Si juegas con fuego, tarde o temprano te quemaras. ¿Acaso no podemos culpar a la liberalidad sexual la proliferación del mortal SIDA en la sociedad presente? «Todo lo que el hombre siembre, eso también segará» (Gálatas 6:7), y de todas tus acciones, algún día, tendrán que dar cuenta a Dios, sean buenas o malas (Romanos 14:12, 2 Corintios 5:10).

          Infundir temor a los hijos hacia el pecado es ayudarles a vivir victoriosos. Es cerrar las puertas a muchas calamidades. Es crear barreras que le preserven contra el mal que destruye. Vale más que sufran la corrección, por desobedecer las leyes morales, que, con el tiempo, sufran los estragos del pecado en su cuerpo y en su alma. Unos padres vinieron ante mí llorando para pedirme ayuda para su hijo, un joven de 16 años, víctima de las drogas. Al entrar en el problema descubrí que ellos no le enseñaron el temor a Dios, nunca lo disciplinaron, más bien fueron tolerantes y permisivos con él, hasta que ya no pudieron más. Si hubieran actuado correctamente cuando era pequeño, con firmeza, hubieran podido detener su proceso de deterioro moral. Si a través de la Palabra y el castigo sabio le hubiera corregido a tiempo ¿cuántas lágrimas se hubieran evitado? Pero no supieron infundirle temor, y ahora sufrían las consecuencias por su descuido.

          Una vez una madre me dijo; -.es que pegarle a mi hijo me duele.-. Comprendo que cuando hay amor, no se quiere usar el castigo, pero por eso mismo, porque le amo, debo corregirlo. Vale más castigarle, aunque llore de tristeza un rato, que llorar después toda la vida por no haberle corregido en sus malas acciones, y sufrir las consecuencias de sus extravíos.

L TEMOR SE PIERDE

          Pero en una sociedad «liberada», desposeída de los valores cristianos, todo cambia. El pecado para el mundo «es un concepto absurdo y pasado de moda», dominando así las filosofías del humanismo y el pragmatismo. Todas estas corrientes siembran enseñanzas tales como; «debemos adaptarnos al cambio de los tiempos, y liberarnos de los «prejuicios del pasado». “No debemos darle importancia al mito religioso en cuanto a abstenernos de lo que nos gusta”. “Si lo que hacemos nos agrada, satisface, funciona y es aceptado por la mayoría (pragmatismo filosófico), entonces sigamos adelante etc.[12]«. Estas ideas han afectado profundamente todos los aspectos de las relaciones humanas, incluso dentro de las iglesias evangélicas.

          Lo que antes era malo, ahora es aceptable, y después se vuelve normal, de tal modo que cualquiera que esté en contra de esta «nueva moda» es un conservador, radical y anticuado. Un ejemplo está en los conceptos del amor libre. Jóvenes se juntan sin casarse, y el estado no sólo lo tolera, sino que hasta les ofrece incentivos fiscales. En algunos países estas parejas, que viven juntas sin casarse, pagan menos impuestos que los matrimonios, y gozan de más garantía a la hora de una separación, pues hay menos costos legales. El matrimonio cristiano «ha pasado de moda» y es tan grave el problema, que «casarse y descasarse» es un juego común en la sociedad moderna[13].

          Algunos gobernantes están preocupados por este hecho, y en algunos estados conservadores de los Estados Unidos se ha legislado para establecer un nuevo estilo de matrimonio, que haga más sólido y duradero el mismo, evitando su fácil disolución. A esta nueva modalidad se le llama «pacto matrimonial». Al casarse bajo este «pacto» no solo hay un acto legal de matrimonio, sino que hay un documento que establece dificultad a la posibilidad de un divorcio fácil, restringiendo al máximo las causas de este, y poniendo penas grandes de indemnización al que actué de forma infiel. Sin embargo, la crisis del matrimonio azota todas las naciones del mundo, con el beneplácito de sus gobernantes, que son los primeros que dan malos ejemplos.

LA NUEVA MORAL SOCIAL

          Se trata de presentar el pecado de la homosexualidad, o del genocidio, a través del aborto indiscriminado, como algo normal, y que la sociedad debe no sólo tolerar, sino bendecir. Se legisla para que las parejas de homosexuales y de lesbianas tengan los mismos derechos que los matrimonios normales, pues lo contrario es discriminación. Hay situaciones en donde condenar el pecado e infundir temor a hacer lo malo se considera intimidación, y por absurdo que parezca, se han dado casos de pastores acusados ante los tribunales por condenar públicamente la institucionalización de los grupos «gay». La acusación en tal caso ha sido de «discriminación sexual» o de “apología al odio”. Y es que para la sociedad de hoy, la aceptación del fenómeno «gay» es un imperativo incluso jurídico. Estos, y otros grupos antimorales, reciben fondos de organizaciones gubernamentales e internacionales para defender lo que ellos llaman «sus derechos».

          No hay temor ni respecto a lo que la Palabra enseña: «No te acostarás con un hombre como uno se acuesta con una mujer. Eso es una abominación» (Levítico 18:22). «¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: que ni los –, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los calumniadores, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. (1 Corintios 6:9-10).

          Estos textos son tan claros que nadie puede afirmar lo contrario. Sin embargo, el poder diabólico, que rige los destinos de los gobiernos, lleva a algunos a considerar estos valores fuera de lugar en la sociedad de hoy. Incluso no está lejano el día en que veamos una versión Bíblica adaptada a los intereses de estos grupos, pues aún la Palabra se tratará de manipular[14] y adaptar a las corrientes mundanas dominantes, en un mundo liberado de todo, y presa de una degradación atroz.

RELIGIÓN SIN VALORES

          Son muchos los predicadores que han caído en la trampa de las influencias permisivas de la sociedad moderna, y han elaborado una «a-teología» que trata de justificar lo injustificable[15]. Hace tiempo que se ha formado una corriente liberal de enfoques teológicos que pone en peligro la verdad moral de la Palabra de Dios. Se trata de descartar el valor de la «cabeza» para introducir y apoyar el pluralismo de gobierno familiar. Se «desmitifica» la interpretación bíblica, para anular el poder divino, y explicar, con lógica humana, lo que obedece al poder de Dios. Pero lo peor de todo es que aparecen maestros: «hablando palabras infladas y vanas, (los cuales) seducen con concupiscencia de la carne y disolución a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error» (2 Pedro 2:18).

          Este es el caso de un líder religioso de la Iglesia Episcopal de Santa María en New York, el cual afirmó en un diario hispano que «Dios es homosexual» y termina ese artículo, en el cual defiende a los homosexuales y grupos gay, diciendo: «Concluimos el conversatorio durante el sermón, reconociendo que toda diversidad demuestra el sentido del humor de Dios. Como a Dios no le agrada la rutina ni la monotonía, decidió, muy inteligentemente, crear a unos hombres y a otras mujeres, a unos negros y a otros blancos, a unos heterosexuales, y a otros homosexuales…Vamos a identificar y a eliminar de nuestra vida el racismo, el machismo y la homofobia. Construyamos una sociedad nueva, sin pecado, sin prejuicio, sin injusticia y gritemos a toda voz, que viva el Dios negro, que viva el Dios mujer y que viva el Dios homosexual»[16]. Para el padre Luis Barrios la mejor manera de eliminar el pecado es aceptarlo y legalizarlo. Con líderes religiosos como éste, el diablo tiene buenos promotores y predicadores dentro de la misma iglesia.

LOS ANTIVALORES PROMOVIDO POR EL ESTADO

          La otra realidad que hace prevalecer los antivalores en el mundo de hoy es el papel que los gobernantes y legisladores han tenido al forjar un Estado que ha pasado de ser laico, para convertirse en cómplice de las filosofías contrarias a los valores tradicionales.

En muchos países los gobernantes le han dado la espalda a la protección de la familia, y han emitido leyes que restan autoridad a los padres, y delegan a la educación pública una enseñanza que rompen el orden moral del hogar, y de ello hablaremos después. Hay sistemas en donde los derechos humanos se han impuesto a tal grado, que los padres han perdido el poder de castigar a sus hijos con castigos físicos o morales (y no hablo de represión, sino de métodos correctivos por medio de la vara).

          Se dio el caso de un padre sueco cuyo hijo de 12 años llegó borracho en la madrugada a la casa. Después de darle por el trasero, lo encerró en su cuarto, castigado hasta que se le pasara la borrachera y reflexionara. El adolescente se escapó por la ventana, fue a la policía, y denunció al padre de malos tratos. Éste fue llevado preso. El niño fue enviado a un hogar de cuidado para menores, y el padre citado a los tribunales, por lo que fue sentenciado por un delito de agresión. El padre se fue de Suecia y presentó una denuncia a los tribunales internacionales, reclamando la autoridad que el Estado le había quitado, para evitar que su hijo se volviera drogadicto. ¿Cual es la ley moral que rige el sistema social actual? ¿Podremos permitir que estos parámetros de antivalores entren a gobernar nuestras casas?.

          Algunos defenderán que no se le debe pegar a los hijos. Debemos determinar ¿qué, por qué, y cómo se debe pegar? Jesús cuando vio la profanación del templo, pues habían hecho de su casa de oración un mercado, se indignó, y dice Juan 2:15. «y después de hacer un látigo de cuerdas, los echó a todos del templo, junto con las ovejas y los vacunos. Desparramó el dinero de los cambistas y volcó las mesas» Sí el maestro usó el látigo para castigar a los mercaderes, ¿por qué se es tan permisivo hoy día? Somos más cristianos que el mismo Cristo, y tan espirituales que ignoramos la realidad de la materia. Hay lugar para el castigo, y no podemos negar la importancia de este para convertirnos en permisivos y «pasotas[17]» pues el mismo Jesús lo usó cuando fue necesario.

          Me contaron una historia de New York sobre el caso de un padre que tenía un hijo adolescente de 15 años que se iba con sus amigos todas las noches a discotecas, drogándose, y llegando a la casa a altas horas de la madrugada. Un día el padre le dijo que, si volvía drogado, y más tarde de la una de la madrugada, no le abriría la puerta. El joven no hizo caso de la advertencia, y se apareció a las tres de la madrugada acompañado de un policía que obligó al padre a recibir al hijo en su casa, y le advirtió que no debía actuar con él de forma fuerte, pues podría incurrir en delito.

          Todo lo relatado aquí es la realidad que hoy estamos viviendo. Necesitamos revisar nuestros valores y nuestras leyes y realidades frente a una delincuencia incontrolable en la juventud, para tomar las medidas necesarias y restaurar una autoridad perdida, a fin de poder evitar que nuestra juventud caiga en un terrible anarquismo social. ,


BIBLIOGRAFÍA

[1]– La palabra “TEMOR” en el A.T. procede del término hebreo “morah” que aparece en Isaías 8:13 y significa persona que infunde miedo, respeto o reverencia. Se deriva de “yare” que indica temer, reverenciar”. (Diccionario de Strong # 4172). 

[2]– -”A History of Church Discipline of the Primitive Church” N. Marshall, 1714 y re-impreso en Oxfprd en el 1844. 

[3]-Algunos cuestionaran ¿cómo enseñarle a un niño recién nacido “principios y disciplina” si no entiende nada? Se le enseña desde el momento que se le esta-blece un orden sobre las horas en que debe tomar la lecha, la hora de bañarlos, así como el tiempo de jugar y dormir. Si esto se ejecuta de forma metódica, se creara unas condiciones de disciplina que le ayudara a dormir cuando tiene que dormir, y comer cuando debe comer, no perturbando la noche a los padre 

[4]-Atrévete a Disciplinar” James Dobson, Editorial Vida. 

[5]-“Respuesta a la disciplina” Norman Wright. Editorial Clie. 

[6]– Existe el “Síndrome del niño maltratado” que es la agresión física de los padres sobre los hijos produciendo dañas y lesiones. 

[7]– “Represión” Efecto de reprimir anulando el poder establecido. Uso de la fuerza sin razón lógica. 

[8]– En la década del 1960 y antes del movimiento hippie la liberalidad educativa y psicológica inundo la sociedad norteamericana. 

[9]– ¿Hacia donde va la familia?. Larry Christenson, Editorial Betania. 

“La Era del Engaño” John Hagee, Editorial Betania 1997. 

[10]– Laico: Que no es eclesiástico ni religioso. Independiente de la autoridad de los organismos religiosos. Diccionario enciclopédico Larrousse,. Editorial Planeta, 1984. Se refiere a la separación de la Iglesia del Estado, por lo cual este es interconfesional o neutral respecto a la religión. 

[11]– -”Measure for Measure” O, O. Donovan, Bramcote, Nottingham, 1977. 

[12]– Kant designa la acción utilitaria (si tiene éxito esta bien) como principio del cual W. James, padre del pragmatismo americano enseña que “lo verdadero consiste simple-mente aquello que es ventajoso para nuestro pensamiento”.

“Diccionario de Términos Filosóficos” Editorial Acento, Madrid España, 1995. 

[13]– “Afirme sus valores, Lo esencial en un mundo a la deriva” Charles R. Swindoll, Editorial Betania. 

[14]– Con la dinámica de introducir un “lenguaje inclusivo” se puede llegar a modificar el término condenatorio a la homosexualidad con expresiones ambiguas, pues en la versión “Dios Habla Hoy” de estudio, se transformó el término “fornicación” de 1 Corintios 6:18 por prostitución, dando a entender que el que se prostituye peca, pero el que fornica no peca, abriendo la puerta al amor libre. “Conspiración Contra las Sagradas Escrituras” Domingo Fernández y César Vidal, Producciones Peniel, Honduras 1997. Vealo en https://contralaapostasia.com/2022/08/15/conspiracion-contra-las-sagradas-escrituras-1-parte/

[15]– Definimos por «a-teología» ciertos principios de conducta que con apariencia de religiosidad se están imponiendo sin tener contenido teológico bíblico, ni lógico, a la luz del principio de Dios. 

[16]– Escrito por el Padre Luis Barrios, sacerdote puertorriqueño en New York de la Iglesia Episcopal Santa María y publicado en el periódico «El Diario» del viernes 27 de Junio del 1997, página 18.

[17]– Expresión española que indica que «uno pasa de todo”, que es indiferente ante cualquier circuntancia. 

Avatar de Desconocido

About unidoscontralaapostasia

Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
Esta entrada fue publicada en Articulo, Dios y el mal, Mario Fumero, Temor. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.