Mario E. Fumero
Recuerde que una ocasión, alrededor del 1968, viajando de Comayagua a Siguatepeque, en un transporte que le llamaban baronesa, pues que eran unos camiones adaptados, en donde llevaban a las personas detrás en asiento y en el techo, colocaban sus compras y valijas le ocurrió algo que nunca olvidaré.
Al llegar a mitad del camino, estaban vendiendo diversos alimentos algunos vendedores ambulantes. Tenían tajadita de platanitos, cacahuates, y alguien vendía unos sándwiches envueltos en plástico transparente, y se veían muy atractivo, porque por un lado se miraba el jamón y el queso saliendo del mismo, y en aquel entonces su precio era de 15 centavos de lempira, porque todavía el lempira estaba fuerte frente al dólar (un dólar igual a dos lempiras). Motivado por lo atractivo, compré un sándwich con la ilusión de que tenía queso y jamón, pero cuando lo abrí, y descubrí que adentro no había nada. Sólo estaba un pedazo de jamón y queso salido, y al estar cubierto con el plástico transparente, caí en el engaño, y puedo decir que me dieron gato por liebre.
quí tenemos un supuesto sándwich que solapadamente no tenía por dentro lo que aparecía por fuera. Y eso mismo es lo que ocurre en muchas iglesias que predica un evangelio atractivo por fuera, pero sin contenido por dentro. ¿Y a que me refiero con ello? Que presentan la parte atractiva y llamativa del evangelio, escondiendo la parte confrontativa y demandante del mismo. Esa es la misma técnica que usó Satanás para tentar a Jesús, ofreciéndole todos los reinos de la tierra, si postrado le adoraba (Mateo 4:8-9). Muchos predicadores presentan un evangelio en donde te ofrecen dejar de sufrir, de angustia y dolor, y alentando la ambición mediante una teología de prosperidad y bendiciones. Ellos afirman que sólo tiene que levantar la mano, y ya está, la salvación y el milagro está hecho. ¿pero será esta la verdad que proclamó Jesucristo?
Cuándo nos compenetramos en las enseñanzas y llamado del Divino Maestro, no encontramos en ningún pasaje de los evangelios una oferta atractiva para que alguien le siguiera. Sus palabras más bien eran confrontativas, y a veces dura (Juan 6:60). A Mateo le dijo “Sígueme” y se levantó, dejando el trabajo (Mateo 9:9). Al joven rico que le quería seguir, le ordenó vender todo lo que tiene para poderle seguir (Marcos 10:21). A otro que se le ofreció para seguirle, y le puso la excusa de la su familia, le dijo que dejara que los muertos enterraran a los muertos (Mateo 8:22). A uno que quería buscar en el bienestar y comodidad le dijo que él (Jesús) no tenía donde recortar su cabeza (Mateo 8:20) y todas sus palabras fueron claras y confrontativa. El estableció qué sí alguien quería ser su discípulo, tenía que negarte, (o sea quitar su yo) y sacrificarse, que equivale a tomar la Cruz, y seguirme, que es equivalente a obedecerle (Lucas 9:23).
Cuándo adornamos el evangelio con promesas falsas y baratas, mostrando la oferta, sin enseñar primero las demandas, estamos dando una verdad solapada, o una verdad a media, o un evangelio adaptado al gusto del cliente. Debido a ello tenemos megas-iglesias en donde los supuestos cristianos tienen una calidad de vida vulnerables y débiles, haciendo de Cristo una mampara de religiosidad, pero sin dar frutos de arrepentimiento.


