CUANDO EL ESTADO USURPA EL PAPEL DE LA FAMILIA

Mario E. Fumero

          Los errores humanos crean las condiciones para que los gobernantes se atribuyan poderes que les permiten interferir en la vida íntima de las personas. No podemos negar que hay padres que abusan de su familia, y es allí cuando el Estado entra en escena, con la intención de proteger y garantizar la convivencia dentro de un régimen de legalidad, en el cual nadie viole los derechos del otro ni haya despotismo.

          Los gobiernos humanos nacen como producto de la necesidad de regular la convivencia entre las personas en comunidad, ya sea en un caserío, aldea, pueblo o una nación. Dios está detrás de todo gobierno. Él mismo estableció el orden de éste al afirmar en Romanos 13:1-3: “Sométase toda persona a las autoridades superiores, porque no hay autoridad sino de parte de Dios; y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios se resiste; y los que resisten acarrean condenación para sí mismos. Porque los gobernantes no están para infundir temor al que hace lo bueno, sino al que hace lo malo. ¿Quieres no temer a la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella.”

          Sin embargo, debemos cuestionarnos: ¿hasta qué punto tiene derecho un gobierno humano para intervenir en la vida familiar? Alguien afirmó con acierto: “Cuando el gobierno respeta las libertades de sus ciudadanos, se tiene democracia; pero cuando los ciudadanos temen al gobierno, lo que se tiene es una dictadura.”

PREDOMINIO DEL SUPER-ESTADO

          Hemos visto cómo algunos Estados se toman atribuciones que no les corresponden, anulando ciertos derechos individuales. Es lógico que, frente al descuido de los padres, o por el abuso de éstos al ejercer una autoridad incorrecta, el Estado deba intervenir y legislar, proclamando leyes que regulen aspectos de la relación familiar. En esto estamos de acuerdo. Pero es necesario definir con claridad qué es abuso y qué es corrección.

Cuando la relación familiar se deteriora y aparecen consecuencias sociales, el gobierno asume un papel más protagónico. Siempre que la balanza se inclina hacia un extremo, surgen fuerzas que la llevan al lado opuesto, rompiéndose el equilibrio. Debemos tener presente que todos los extremos son peligrosos.

          Existen casos de padres que han abusado físicamente de sus hijos con golpes brutales, o incluso con abuso sexual e incesto, fruto de una mente enferma. Partiendo de estos hechos —aunque sean aislados— los gobiernos han determinado legislar, prohibiendo todo tipo de castigo físico o moral (disciplina), generalizando así lo que en realidad debería aplicarse únicamente a los abusos extremos.

          En los casos donde el castigo es represivo y causa daño, la intervención del Estado es justa, pues protege a los niños del maltrato de padres enfermos. El Estado, en tanto garante del bien común, debe actuar. Sin embargo, poco a poco y por razones “justificadas”, termina absorbiendo el papel de la familia, anulando los principios de autoridad establecidos en la Palabra de Dios[1].

          Sería bueno definir claramente qué es corrección y qué es represión, como señalamos antes. Aunque el Estado debe castigar la violencia familiar represiva, también debe reconocer el derecho de los padres a corregir a sus hijos, siempre que lo hagan dentro de parámetros correctos que excluyan la tortura y la crueldad física o verbal. ¿Sería lógico, debido a la imprudencia de algunos automovilistas, prohibir conducir a todos, a menos que llevaran un policía al lado? El ejemplo ilustra el error de legislar con base en los extremos. Así como en el tránsito hay deberes y derechos, en la relación padres-hijos también debe existir un equilibrio.

          El Estado debe respetarlo, siempre dentro de un marco de legalidad. Por tanto, un padre puede darle una nalgada a su hijo, después de amonestarlo por una falta, pero no debe golpearlo violentamente con un palo, fracturarle un hueso o causarle heridas. Eso sí es delito, condenado incluso por la Palabra de Dios.

EL ESTADO Y LA EDUCACIÓN SEXUAL

          Ante el aumento de enfermedades de transmisión sexual y de embarazos en niñas, y frente a la falta de responsabilidad de muchos padres en la formación sexual de sus hijos, el Estado ha decidido intervenir en esta área siguiendo pautas de organismos internacionales[2]. Dichos organismos buscan implantar una educación sexual de corte liberal, que incluye la ideología de género y teorías contrarias a la naturaleza biológica. Dentro de los planes del Ministerio de Educación está la implementación de una educación sexual adaptada a la filosofía secular[3] y liberal, promoviendo incluso el fenómeno transgénero.

          Es cierto que muchos padres no están preparados para afrontar la distorsión y depravación sexual que actualmente caracteriza a nuestra sociedad. Pero surge la pregunta: ¿Quién es el verdadero responsable? Es el mismo Estado quien permite la pornografía, no censura los contenidos inmorales de la televisión ni del cine, los cuales llenan la mente de niños y jóvenes de imágenes y mensajes cargados de erotismo y deseos carnales, contrarios a la moral cristiana (o tradicional).

          La filosofía secular del Estado afirma que “se puede tener una relación sexual segura fuera del matrimonio si se usan preservativos”. Además, el mismo Estado otorga licencia a compañías de internet, productoras de cine pornográfico y líneas telefónicas eróticas, que promueven aberraciones sexuales, — a millones de jóvenes a enfermedades físicas, mentales y a crímenes derivados de la violencia sexual[4]. También es el Estado quien concede licencia a centros de prostitución, discotecas, casinos y lugares de orgías. Pretenden presentarse como defensores de la familia, pero en realidad han socavado sus cimientos al aprobar leyes que van en contra de la moral y del espíritu cristiano.

¿QUIÉN PROMUEVE LA CORRUPCIÓN SOCIAL?

          El Estado contribuye a la corrupción social cuando anula la moral cristiana en las escuelas públicas, eliminando el principio de Dios y los valores cívicos, mientras da cabida al humanismo, a las teorías evolucionistas y a la ideología de género y el marxismo. En los Estados Unidos, la “Asociación Nacional de Educación” (ANE) —el sindicato más grande del país, con enorme poder económico— ha financiado la promoción de ideas anticristianas, fomentando la educación sexual inclusiva y normaliza la ideología de género. En muchos centros educativos, con el respaldo del ANE, se han instalado máquinas expendedoras de condones y se han promovido prácticas de “meditación trascendental” invocando a los llamados “espíritus guías”, principalmente la adoración a la Madre Tierra[5] o a la antigua diosa Gaia. Este resurgimiento de paganismo, disfrazado de ecología, también se difunde a través de películas como Pocahontas de Walt Disney, donde se presenta la comunicación espiritual con los árboles y la naturaleza.

          Mientras tanto, todo vestigio de enseñanza bíblica es eliminado de la educación pública[6]. Conocí el caso de un maestro sancionado por hablar a sus alumnos acerca de la Segunda Venida de Cristo, mientras otros profesores afirman sin censura la realidad de los OVNIs o promueven prácticas de yoga y meditación.

          El 25 de junio de 1962, el Gobierno de los Estados Unidos prohibió la oración en las escuelas públicas, bajo el argumento de la “libertad de religión”, y ordenó retirar de las paredes las Tablas de los Diez Mandamientos. En su lugar, se toleran rótulos que promueven el amor libre y la inmoralidad. El resultado: la violencia, las drogas y la muerte se han enseñoreado de los centros educativos, junto con el incremento de las enfermedades sexuales.

          Hoy, los muros de muchas escuelas han sido tomados por grafitis que exaltan el satanismo. Donde antes había una Biblia o una cruz, ahora se encuentran estrellas de cinco puntas con cabeza de cabra —símbolo satánico— o esvásticas nazis. Si un joven entra al instituto con una camiseta que diga “Dios es amor”, se le llama la atención por “hacer propaganda religiosa”. En cambio, si lleva una camiseta con símbolos nazis, satánicos o sexuales, no recibe ninguna sanción[7].

CREANDO LOS MONSTRUOS QUE NOS DEVORAN

          Hoy día los gobiernos se enfrentan a una dura realidad: destruyeron los valores de la autoridad familiar al proclamar los principios liberales del “Estado laico” y ahora tienen que lidiar con una juventud anárquica que no respeta ni a los maestros ni a ese mismo Estado que fue su benefactor. Ocurrió lo mismo que en el cuento del médico que creó a Frankenstein, quien terminó siendo destruido por su propia creación.

          Muchos gobiernos, bajo convenios con la ONU, han sido arrastrados hacia un laicismo escéptico que promueve la eliminación de Dios, imponiendo valores que fomentan una secularización con tintes ateos. Con ello, los valores históricos y tradicionales han sido barridos del escenario público y social, para proclamar un “súper Estado” que se convertirá en un dios, dando origen al gobierno del anticristo. Así se cumplirá la Palabra de Dios: “Se opondrá y se alzará contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto, que se sentará en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2:4).

          Hemos visto cómo las fiestas cristianas se han ido paganizando. La Navidad[8], por ejemplo, ya no tiene casi nada de cristiano: se ha convertido en una celebración secular y mundana, donde prevalecen el mercantilismo y el alcoholismo. El sentido cristiano de la Navidad fue reemplazado por un simple “felices fiestas”, y el culto a Santa Claus tiene más importancia que el mensaje del pesebre.          La proclamación de los carnavales opaca la importancia de la Semana Santa, que a su vez se ha transformado en una fiesta de diversión y carnalidad, con ofertas turísticas que desplazan el verdadero sentido de la Pascua[9].

          En algunas iglesias suspenden sus cultos para que sus miembros se vayan a las playas. Y mientras tanto, las fiestas de carácter abiertamente pagano, como el “día de las brujas” y el “día de los muertos”, florecen con fuerza. No podemos negar que todas las influencias contrarias al cristianismo se han insertado en los estilos de vida de aquellos países cuyas raíces fundacionales fueron cristianas.

          En Estados Unidos, la festividad de Halloween[10] se ha impuesto como una celebración nacional. Durante esos días —a finales de octubre— empleados de bancos y empresas atienden al público disfrazados. Recuerdo que en una ocasión, estando en Miami, fui al banco a realizar una gestión y la empleada que me atendió estaba disfrazada de vampira. ¿Hasta dónde ha llegado las influencias diabólicas en nuestro tiempo?

          Las estadísticas son alarmantes respecto al crecimiento del satanismo y sus ritos sangrientos. Las autoridades de investigación temen una oleada de actos violentos que no podrán controlar en el futuro, pues los cultos satánicos cobran fuerza entre la juventud aficionada al rock y a las drogas[11]. La propia sacerdotisa de la Iglesia de Satanás en Van Nuys, California, confesó que el heavy metal es una herramienta poderosa para reclutar y manipular jóvenes hacia esta secta, que cada día gana más influencia en los Estados Unidos[12].

UN SISTEMA QUE PROFANA LO SAGRADO

          Vivimos en un sistema que hace burla abierta de la religión. Por medio del cine, se producen películas que desfiguran la verdad bíblica y profanan la santidad y la persona de Jesucristo. Cuando los cristianos protestan, el Estado se hace el sordo, tolerando tales profanaciones en nombre de una supuesta “libertad de expresión” que todo lo permite[13]. ¡Qué contraste con los Estados que fundamentan su identidad en la religión musulmana! Estos, sean radicales o moderados, no permiten que se profane la figura de su profeta Mahoma. Cuando Hollywood intentó filmar una película sobre él, tuvo que acatar las condiciones del islam para que pudiera entrar al mercado árabe y evitar una protesta mundial. ¿Qué exigieron? Que Mahoma no apareciera de frente y que la película fuera fiel al Corán.

          ¿No podrían también los Estados con raíces cristianas exigir respeto hacia sus principios fundamentales, sean símbolos religiosos o patrios? Hoy se permite la profanación de la persona de Jesús; mañana será la de los próceres y, después, incluso la de la bandera. ¿Qué vendrá después?          Aclaro que no es mi intención defender las creencias musulmanas —pues creo firmemente que Jesús es el Hijo de Dios y que solo en Él hay salvación— pero resulta inevitable señalar el contraste entre el avivamiento de la fe musulmana y la decadencia de los valores cristianos en nuestra sociedad[14].

COMPARACIÓN ENTRE EL MUNDO CRISTIANO Y EL MUSULMÁN

          Somos testigos del integrismo islámico en muchos países del mundo. La gran mayoría de los países árabes están volviendo al Corán, que es la “Biblia” de los musulmanes. Muchos estados han legislado inspirándose en las normas establecidas por Mahoma en el Corán. “Alá es grande” figura en los lugares públicos y estatales. La educación está impregnada de una imposición religiosa musulmana, y aunque algunos estados mantienen actitudes moderadas —como Marruecos, Egipto, Arabia Saudita y Kuwait—, no por ello dejan de enfatizar el valor moral de la doctrina islámica.

          Otros países imponen las leyes islámicas a la fuerza, adoptando actitudes fanáticas, como Irán. En muchos de estos estados está prohibido el consumo y la venta de bebidas alcohólicas. La violación sexual se castiga con la castración. El hurto se paga con la amputación de una mano, y si el ladrón reincide, le cortan la otra, aplicando la ley del Talión, que ya aparecía en el Antiguo Testamento hebreo (Éxodo 21:24-25)[15]. En la convivencia familiar son respetuosos de sus fiestas religiosas, como el Ramadán, así como de sus rezos y normas alimentarias. En este aspecto, se parecen a los judíos ortodoxos. El Estado apoya estas prácticas, otorgando feriados en tiempos de solemnidad “espiritual”, según su tradición. No tienen la verdad, pero actúan con más coherencia que aquellos que sí la tienen.

          Recuerdo una experiencia personal: viajando de Nueva York a Oslo, tuve que hacer una escala de varias horas en el aeropuerto de París. Subí a una zona de espera y me recosté en un sillón. A mi lado estaba un musulmán, con su túnica y gorro típico. Cuando dieron las 12 del mediodía, sacó una alfombra, la orientó hacia La Meca, y arrodillándose en ella, tocó el suelo con su rostro tres veces, mientras oraba. Después se puso de pie, recitó porciones del Corán y volvió a postrarse. Así estuvo unos diez minutos, hasta que guardó la alfombra y siguió esperando su vuelo. Me vino a la mente el pasaje de Ezequiel: “Me levanté y fui al valle; y he aquí que la gloria de Jehová estaba allí, como la gloria que vi junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro” (Ezequiel 3:23).

En ese momento me hice muchas preguntas:

¿Por qué nosotros, los cristianos, tenemos tanto temor de orar en público?

¿Por qué somos tan disimulados en nuestra fe?

¿Por qué, teniendo una verdad superior, vivimos una crisis moral y nuestros países se hunden en la corrupción?

La única respuesta que encuentro es: “porque hemos olvidado nuestros valores patrimoniales”.

LOS GOBIERNOS FINANCIAN CAUSAS INJUSTAS

          Los gobiernos con trasfondo cristiano apoyan causas injustas por el simple hecho de ser estados laicos. Muchos financian campañas y exposiciones de contenido inmoral, como las exhibiciones blasfemas, obscenas y corruptas que patrocinó en Estados Unidos la “Fundación del Arte”, usando fondos públicos para promover las obras de Robert Mapplethorpe y Andrés Serrano, donde se exaltaba el masoquismo y toda clase de aberraciones[16]. En mi trabajo contra las drogas, soy testigo de que en varios países las agencias gubernamentales e internacionales estaban dispuestas a financiar campañas de prevención y rehabilitación, siempre y cuando en ellas no apareciera nada relacionado con Dios ni con principios cristianos.

          Creo que el principio que rige a las naciones es la creencia en Dios. Para que haya orden debe haber ley; y para que haya ley, debe existir un gobierno. El apóstol Pablo lo declara claramente en Romanos 13:1: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”.

          Sin embargo, los gobernantes no pueden actuar ignorando la ley moral y natural dada por Dios. Por más “laico” que quiera ser un Estado, necesita reconocer principios básicos de moral. No se trata de caer en fanatismo religioso, pero tampoco de abrazar el escepticismo o ateísmo o proclamar un estado profano, que poco o nada han aportado a la humanidad.

LA FAMILIA: COLUMNA VERTEBRAL DE LA SOCIEDAD

          La familia es la base de la sociedad. El Estado surge como producto de varias familias que se organizan en una comunidad. Nunca podrá suplantar la realidad familiar. Si tuviéramos que resumir este principio, lo expresaría así: Dios + Hombre + Familia + Comunidad = Gobierno (Estado).

          Cuando las familias se desintegran o no cumplen su función, el Estado se ve obligado a intervenir, imponiendo normas para proteger a los menores de los peligros de la desintegración familiar y de la paternidad irresponsable.

CONCLUSIÓN

          La destrucción de la autoridad familiar y de las normas disciplinarias ha dado paso a una educación liberal y permisiva que hoy muestra consecuencias desastrosas. Las estadísticas son alarmantes:

–2 de cada 3 matrimonios terminan en divorcio.

–6 de cada 10 parejas conviven sin matrimonio civil o religioso.

–8 de cada 10 delincuentes o drogadictos proceden de hogares desintegrados, con problemas de alcohollismo, migración, irresponsabilidad paterna o infidelidad conyugal.

–6 de cada 20 niños nacen de madres solteras[17].

El pastor John Hagee afirma que hoy tenemos una generación de “padres fantasmas”. Un estudio reveló que:

El 60% de violadores proceden de estos hogares. Mas el 72% de ellos son adolescentes, y el 70% de presos con largas condenas provienen de hogares sin padre. Actualmente, el 60% de los niños que vive en Honduras no tiene a su lado la figura de padre biológico.

          Es lógico que la ausencia del padre o de la madre desestabilice la formación de los hijos, pues ambos fueron puestos por Dios para el equilibrio emocional de la persona. Cuando se rompe ese equilibrio natural, las consecuencias se dejan sentir.

          Esta es la terrible realidad de Honduras y de muchos países que, al suscribir convenios con las Naciones Unidas, han quedado desarmados en sus valores culturales y en la autoridad familiar que antes servía para frenar la rebeldía de los hijos y darles principios sólidos de vida.

Revisemos nuestras normas. No permitamos que, por ser demasiado tolerantes y permisivos, nuestra niñez se convierta en anarquistas sociales que rompan las leyes fundamentales de la convivencia. Fortalezcamos la familia y no sigamos desarmando a los padres


[1]– Es común en la sociedad Escandinava y de algunos Países Europeos el caso de padres sancionados por darle a sus hijos unos azotes. Incluso hay lugares como Suecia, en donde el Estado alienta a los jóvenes de 16 a 18 años dejar a sus padres y hacer su propia vida, ayudándole. Aunque es bueno que los hijos salgan de sus casas cuando sean mayores, deben ser ellos, y los padres, los que tomen esta decisión sin intromisión del Estado. 

[2]– En los 17 puntos de la agenda 2030 existe el punto claves que son el 4 y 5 que exige a los gobiernos una educación de género de acuerdo a los parámetros de los organismos internacionales. Ver: https://www.pactomundial.org/noticia/agenda-2030-de-la-onu-hacia-donde-vamos/

[3]– En Boston, un profesor invitó a un transexual a hablarle a los niños de primer grado de su problema. Citado en “La Era del Engaño” John Hagee, editorial Caribe, 1997, página 71. 

[4]– En Estados Unidos algunos escritores como John Hagee afirman que como producto de la liberalidad sexual el 50% de los adolescentes entre 15 a 19 años tienen relaciones sexuales activas y un millón de adolescentes quedan embarazadas. “La Era del Engaño, Editorial Caribe, 1997, página 76. 

[5]– Se hacen talleres de meditación trascendental en donde Harriette Davis enseña a los padres y a los niños la manera de integrarse con la madre tierra. Ver “Lo que usted necesita saber sobre la Nueva Era” Cesar Vidal Manzanares, editorial Unilit, 1991, página 26. 

[6] – Cuando se coloca un poste para una campaña de «SIDA» en donde se recomienda la relación sexual promiscua con el uso de preservativos, se está haciendo promoción a la libertad sexual, la cual es contraria al valor de la castidad y de la fidelidad conyugal, siendo este el principio cristiano valedero y el único que garantiza una salud sexual segura. 

[7]– Trabajo y Justicia” Joseph C. McLelland. Editorial Mundo Hispano 1977. 

[8]– Si vamos a la historia podremos descubrir que Jesús no nació en diciembre, sino que esta era una fiesta pagana de los romanos llamada a las fiestas saturnales, pero al unirse la iglesia al sistema romano, transformaron las costumbres paganas en cristianas, y heredamos las mismas.

[9]– La Pascua judía es la fiesta más solemne de los judíos, porque celebran la décima plaga que azoto Egipto, cuando marcaron los dinteles de la puerta con la sangre de un cordero, para que el ángel de la muerte pasará de largo. Ese día Jesucristo celebró la Santa Cena que simbolizaba ese cordero que moriría para que la muerte no prevaleciera en los que en él creyeran.

[10]– Se llama también “fiestas de las brujas” No podemos negar que la influencia de los Estados Unidos iinvade América Latina, y por medio de las escuelas bilingües estas costumbres paganas.

[11]– Del libro de Johanna Michaelson “Like to the Slaughter”. Publicado por Harvest House Publishers. Eugene, Or. Página 267. 

[12]– Del libro de Johanna Michaelson “Like to the Slaughter”. Publicado por Harvest House Publishers. Eugene, Or. Página 267. 

[13]– Se ha pasado de un cine épico, a un cine contrario a los valores morales, en donde la crítica a la iglesia cristiana se hace patente con las últimas entregas de Hollywood. Un Ejemplo es la Película “Cape Fear” en la cual se ridiculiza y degrada a los pentecostales, cuando el homicida y criminal se le hace aparecer como un “cristiano pentecostal”,. 

[14]– Hay todo un plan Islámico para implantar su religión en el occidente a partir del año 2,000. Piensan conquistar de nuevo el mundo cristino con el poder del petro- dinero, aprovechando la decadencia moral que vive el occidente.

[15]– El cristianismo a su vez proclama la misericordia frente a la crueldad. Mt 5:7.

[16]– Bibliografía: «State of the Arts:From Bezalet to Mapplethorpe» Gene Edward Veith, hijo. Crossway Book, Wheaton, Il. 1991. 

[17]– Las bases de estas estadísticas son el producto de mi investigación en el trabajo con jóvenes en Honduras y España a lo largo de 5 años.

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