PETRO ES BLASFEMO, Y ORTEGA, ENEMIGO DE DIOS

Mario E. Fumero

Recientemente, una líder de la iglesia en Colombia me comentaba sobre un mensaje que el presidente de ese país, Gustavo Petro, había lanzado —quizás bajo los efectos del alcohol o de alguna sustancia— durante un discurso para inaugurar unas obras del Hospital San Juan de Dios, en Bogotá. En dicho acto afirmó que Jesús pudo haber tenido relaciones sexuales con María Magdalena, generando una fuerte reacción de molestia en las redes sociales y, principalmente, entre el pueblo católico y evangélico del país.

Estas declaraciones de Petro, al expresar públicamente semejante disparate desde el punto de vista teológico, lo convierten en un blasfemo. Personalmente considero que, por la forma y el momento en que lo hizo, el hombre no se encontraba en su juicio cabal, pues conociendo las creencias del pueblo colombiano resulta absurdo que se expresara de tal manera, ya que dicha afirmación choca frontalmente con la idiosincrasia de la mayoría de la población.

Por otro lado, uno de nuestros pastores me comentó que recientemente viajaba de Choluteca a El Paraíso utilizando la ruta por Nicaragua, y que al llegar a la frontera nicaragüense le prohibieron el ingreso de su Biblia. Al investigar al respecto, supe que el régimen sandinista, liderado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, en su lucha contra los cristianos, ha intensificado la represión contra las iglesias cristianas y ha decidido restringir el ingreso de Biblias al país, además de prohibir la evangelización casa por casa.

Esta medida forma parte de un hostigamiento sistemático que incluye la cancelación de misiones pastorales, la limitación de la libertad de culto y el trabajo pastoral en comunidades del interior, evidenciando claramente que los gobernantes de ese país le han declarado la guerra a Dios. La simple posesión de una Biblia puede convertirse en delito, lo cual podría traer consecuencias desastrosas para la pareja Ortega-Murillo, pues las Escrituras enseñan que Dios no puede ser burlado, y a lo largo de la historia hemos visto que quienes se han burlado de Dios o de su Palabra han terminado en desgracia.

Es terrible pensar que no solo se ha anulado la libertad de expresión y de culto en Nicaragua, sino que también se han decomisado instituciones cristianas y encarcelado o deportado sacerdotes y pastores. Pero lo más grave es la prohibición de la circulación de un libro que constituye el fundamento del cristianismo y una de las obras cumbre de toda la literatura mundial.

Podemos afirmar que tanto Gustavo Petro, en Colombia, como Daniel Ortega y Rosario Murillo, en Nicaragua, al desechar a Dios y burlarse de Él, están cayendo bajo juicio divino. Al perseguir a los cristianos y prohibir la Biblia, han incurrido en un grave “anatema” que tarde o temprano les traerá consecuencias, porque no están luchando contra la Iglesia ni contra la Biblia, sino contra el supremo Creador, y el Todopoderoso, tarde o temprano, les pasará factura.

Lo menos que pueden hacer los líderes gobernantes, aun siendo escépticos, ateos o no creyentes, es respetar las creencias de la mayoría. Aunque en su fuero privado no estén de acuerdo con los principios de la Palabra de Dios, no deben usar el poder para combatir y condenar el fundamento de nuestra fe, que es la persona de Jesucristo y la verdad contenida en las Sagradas Escrituras, las cuales forman parte de nuestra herencia patrimonial, cultural y espiritual.

marioeduardofumero@gmail.com
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