LA SEXUALIDAD Y EL MATRIMONIO

Mario E. Fumero

Tomado del libro “Noviazgo inteligente”

        No podemos hablar del matrimonio, si no analizamos profundamente la realidad de la sexualidad, Igual es la obra maestra de la creación como es “la familia”. Por medio de esta se produce la procreación, la conservación y reproducción de la especie. dando origen a la familia, y forjando el matrimonio; Sin embargo, cuando se descontrola, y se sale de los límites marcados por el Creador, se convierte en una pasión brutal, que al igual que una creciente de agua cuando se sale de su cauce, lo arrasa todo, y pasa a convertirse en un arma destructiva para la vida física y moral del hombre y la sociedad.

            El enemigo de Dios, Satanás, sabe la vulnerabilidad del instinto sexual, cuando el mismo está sujeto a manipulación en su ejecución. Debemos entender que el sexo está guiado por el instinto, no requiriéndose obedecer a un conocimiento previo para su ejecución. Pero sí se trata de usar dentro de una metodología de «conocimiento previo»[1], se corre el riesgo de ser manipulado y distorsionado para no obedecer al plan del Creador y el fin previsto por Él. ¿Cómo, y por qué afirmo que el conocimiento sexual produce riesgos? Veamos brevemente el estudio del comportamiento sexual dentro del reino animal.

El sexo, al ser guiado por un impulso instintivo, no requiere ni experiencias previas, ni una formación ejecutora de tipo intelectual, aunque sí debemos conocer las leyes fisiológicas que lo rigen. Tenemos entre los muchos ejemplos, la relación sexual más difícil del reino animal. ¿Sabe cuál es? El apareamiento más difícil dentro de éste se ejecuta entre las abejas. Cuando se desea fecundar a la abeja reina, se ejecuta el vuelo nupcial, por medio del cual los zánganos[2] de la colmena salen en vuelo detrás de la reina virgen, y se inicia en pleno vuelo una lucha para que un zángano la fecunde, haciendo una maniobra acrobática en vuelo para invertirse y tener un acto sexual que le costará la vida. Cuando el zángano ejecuta la copulación[3], sus órganos genitales se quedan incrustados en la reina, la cual al volver a la colmena es revisada por las obreras y conducida a la cámara nupcial donde iniciará su período de ovulación. ¿Sabe qué le ocurre después al zángano? El precio que tiene que pagar por su acto sexual le cuesta su propia vida. ¿Acaso recibió alguna enseñanza o un cursillo previo para saber cómo tenía que hacer un acto sexual tan difícil? ¿Pudo practicar previamente? Me temo que no. Sin embargo, él sabe cómo tiene que hacer a pesar de no recibir un curso de sexología, ni de acrobacia aérea. Éste, y otros muchos ejemplos, demuestran que, el sexo funciona bajo patrones prefijados por Dios, y que las experiencias previas, el conocimiento y la manipulación, más que ayudar, tienden a desvirtuar y distorsionar su realidad.

            Si el acto sexual responde a un impulso instintivo, surge entonces una pregunta lógica: ¿por qué es necesario enseñar hábitos y costumbres en torno a dicha acción? La respuesta radica en que, si los seres humanos actuaran con rectitud, guiados por el instinto y en obediencia al plan divino, no habría necesidad de una educación sexual formal. Sin embargo, dicha enseñanza se vuelve indispensable debido a que el enemigo ha distorsionado tanto el propósito como la forma adecuada de llevar a cabo el acto sexual. Es precisamente esa desviación del diseño original lo que hace necesaria la instrucción y la formación ética en torno a la sexualidad. Notemos que los únicos que explotan, distorsionan, manipulan, venden y corrompen el sexo son los seres humanos, los que por el uso de la inteligencia tienden a buscar algo más que satisfacción y el cumplimiento de un designio divino.

            Cuando hay salud en un comportamiento recto, y se siguen las normas de higiene, no requiere muchas medidas preventivas y educativas. Pero cuando hay factores que ponen en riesgo la salud, la educación si se hacen necesarias para evitar el contagio. El conocimiento nace por la necesidad, por el descubrimiento de algo, y no por el capricho humano. La ignorancia algunas veces es saludable, principalmente cuando en la misma no hay peligros. De igual forma el sexo es un instinto que brota sólo, cuando llega su tiempo. Y si lo regulamos por la obediencia a la ley moral, y nos guiamos bajo los patrones instintivos y morales de la naturaleza, no necesitaríamos tantos argumentos, ni libros, para afrontar los problemas que el mismo genera al salirse de sus propósitos originales. Lo que más ha contribuido a la degradación y depravación sexual en gran medida, es la influencia mercantil de la pornografía y la filosofía liberal que en temas sexuales ha prevalecido en nuestra sociedad.

            Deseo por medio de este estudio, analizar la realidad sexual que actualmente abate la vida de muchos cristianos, y dar a conocer, frente a la manipulación diabólica que se está haciendo de la sexualidad, la realidad del Creador en cuanto a su fisiología e instinto, y determinar por qué debemos ser conscientes de su ejecución, y los peligros que encierra el salirnos del santo mandamiento.

            No trato de hacer un estudio sexológico aquí, sino defender la castidad y la importancia de un noviazgo y matrimonio correcto dentro de los esquemas bíblicos, acompañado de la natural ejecución de un acto que puede realizar al hombre y a la mujer de forma plena, pero que, por desgracia, a veces causa enormes males (sociales, físicos y morales) a la sociedad que es víctima de su frenesí, dando lugar a los deseos de la carne, lo que nos puede llevar a la destrucción y la ruina física, moral y social.


BIBLIOGRAFÍA

[1] – Una de las causas de mayor corrupción sexual en nuestro tiempo radica en la enseñanza torcida que se da a través de muchas revistas, películas y conceptos anticristianos, en donde se trata de enseñar la satisfacción plena adoptando actos que van contra la moral, la lógica y la misma naturaleza.

[2] -Zángano: El macho de las abejas que solo sirve para procrear y su número es limitado en la colmena por las abejas obreras, ya que no trabajan en las mismas. De ahí la expresión “eres un zángano” para referirse a los vagos.

[3] – Mientras los seres humanos realizan por medio del acto sexual el coito, en los animales esta acción se le denomina “copulación”; de copular que significa unirse sexualmente el macho y la hembra de los animales.

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