LA CONVIVENCIA LOCAL DE AMBAS AUTORIDADES

Alejandro Peláez

          En la Iglesia local, la paternidad espiritual y la autoridad pastoral no compiten ni se superponen; interactúan de manera complementaria y ordenada bajo la autoridad suprema de Cristo. Por ello, una misma oveja puede honrar y obedecer a su padre espiritual y a su pastor local sin confusión, ya que ambas autoridades operan en esferas distintas, con funciones diferentes, y bajo una misma sujeción: “Cristo como cabeza de la Iglesia”.

          La paternidad espiritual engendra, forma y transmite identidad; la pastoral cuida, gobierna y conduce a la grey local. Ambas autoridades provienen de Dios, pero no tienen el mismo alcance ni la misma responsabilidad. La autoridad paternal no gobierna la iglesia local ni sustituye la función pastoral ni del consejo de ancianos, sino que se ejerce en sujeción al orden del cuerpo. A su vez, la autoridad pastoral reconoce y honra la gracia paternal sin absorberla ni anularla.

          La paternidad engendra hijos; la pastoral gobierna ovejas. Cuando este orden se respeta, la Iglesia crece sin confusión, sin orfandad espiritual y sin división. Pero cuando la paternidad espiritual deja de someterse al pastor local, pierde su naturaleza y se transforma en interferencia dentro del orden establecido por Cristo.

          El pastor reconoce la gracia paternal como un don de Dios para la madurez del cuerpo, y el padre espiritual entiende que no gobierna la vida comunitaria ni la estructura de la iglesia local. Ambos reconocen un mismo principio de autoridad: Cristo es la cabeza, el pastor local es el responsable del rebaño, y la paternidad espiritual cumple una función de formación, afirmación y multiplicación en la vida del discípulo.

          Dentro de la iglesia local, la autoridad pastoral es la autoridad funcional de gobierno, mientras que la paternidad espiritual se desarrolla en un ámbito relacional y personal, generalmente de uno a uno. Cuando este orden se honra, se evita el doble gobierno, las autoridades paralelas y la manipulación espiritual.

          No reconocer estas relaciones espirituales es atentar contra el diseño del Reino. Es como desmembrar un rebaño y exigirle que funcione con plenitud: eliminar a la oveja que pare y cría —la paternidad espiritual— o desconocer al pastor que asume la responsabilidad integral del rebaño —la autoridad pastoral—. Ambos fueron instituidos por Dios y ambos son necesarios, pero cada uno dentro de sus límites.

          La Escritura es clara al afirmar – “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros; a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11–12, RV1909). Cada ministerio tiene una gracia específica y un límite definido. El problema no es la autoridad, sino la falta de sujeción al orden divino. Cuando los límites se honran, la autoridad fluye con salud; cuando se ignoran, la autoridad se pervierte.

          El padre espiritual no controla conciencias; forma corazones. El pastor no reemplaza la paternidad; gobierna con responsabilidad y da cuentas a Dios, tal como está escrito:“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta” (Hebreos 13:17, RV1909). Y también: “Aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; porque en Cristo Jesús yo os engendré por el evangelio” (1 Corintios 4:15, RV1909).

          Aquí se manifiesta el equilibrio del Reino: paternidad sin gobierno absoluto y gobierno sin apropiación de los hijos. Donde este equilibrio se rompe, surge la orfandad espiritual o el autoritarismo religioso. Pero donde hay honra, límites y alineación, la autoridad espiritual produce identidad, formación de carácter, transmisión de visión y legado congregacional. El espíritu apostólico no tolera confusión de roles ni competencia de autoridades, mientras que el espíritu profético llama al orden, restaurando los límites y el corazón de las relaciones, conforme a lo escrito: “He aquí, yo os envío el profeta Elías… Él hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres” (Malaquías 4:5–6, RV1909).

          Dios edifica su Iglesia sobre relaciones sanas, límites claros y honra mutua. Él delega autoridad, pero nunca sin límites. La bendición no está en ocupar más espacio del asignado, sino en permanecer fiel dentro del llamado recibido. Si obedecemos todos estos principios tendremos una iglesia sana y saludable que crecerá por inercia de reproducción y no por esfuerzos humanos estériles y muchas veces innecesarios

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Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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