Mario E. Fumero
Del libro “Noviazgo Inteligente”
No podemos negar que en toda relación humana existe algún tipo de contacto físico y emocional, especialmente cuando se es joven, apasionado y se está en una relación de noviazgo. Tampoco podemos afirmar que todo contacto físico sea malo, erótico o sexual, ya que no toda expresión de amor implica necesariamente pasiones desordenadas. Por esta razón el apóstol Pablo afirma que: “Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas” Tito 1:15.
COMO EXPRESAR EL AMOR
La expresión de amor no necesariamente debe catalogarse como una acción sexual. Por eso es necesario definir hasta donde una acción física de amor conlleva peligro o no. Quizás la expresión más valedera para juzgar y distinguir lo malo de lo bueno es la que dio el escritor Dawlin Ureña de Grand Rapids, Michigan[1] cuando escribió que; “Los novios pueden hacer mientras están solos, todo lo que harían si sus padres estuvieran presentes”. Quizás este consejo sea la pauta para diferenciar entre lo lícito y lo ilícito.
El Apóstol Juan establece un criterio que distingue lo puro de lo impuro y es que si andamos “en luz” tenemos comunión los unos con los otros (1 Juan 1:7), lo que establece que todo queda manifiesto, nada hay oculto. Cuando en un noviazgo se anda en integridad, no hay nada que ocultar, ni esconder, engañar o mentir. Donde hay pureza, no hay engaño, y donde no ha habido engaño, difícilmente nacen los celos.
Las relaciones misteriosas, las actitudes esquivas, el hecho de esconder, y ocultar algo, o disimular cosas, evidencian que algo no es recto, o al menos algo se oculta. Ese deseo de tener una relación transparente y de pudor debe ser la meta o el esfuerzo para expresar un mutuo amor impregnado de pureza, lo que evidencia un “noviazgo auténtico”. Es decir, un amor en el que se integren realmente los tres niveles del ser humano: el nivel físico, el psicosocial y el espiritual, sin llegar a la fornicación o lujuria. Superarse como pareja, significa tratar de no tener una relación puramente sentimental, sino basada en principios y convicciones.
Más grave todavía es el riesgo de reducir sus relaciones a la dimensión física, puramente sexual, o dejar que la misma predomine y se constituya en el interés fundamental de la pareja. El sexo, elemento integrante y esencial del amor matrimonial, no constituye el centro de la relación personal. Tampoco es la esencia del verdadero amor, pues esa relación, para que sea duradera, se debe fundamentar en la comprensión e integridad mutua. Existe el peligro de que el sexo pueda convertirse, en vez de una expresión de amor, en puro egoísmo y pasión desordenada.
Queda claro que el afecto y el amor necesita expresarse más allá del deseo sexual, no sólo con palabras, sino también con gestos, detalles y acciones simbólicas, miradas, etc. Pero también es evidente que hay diversos grados o formas de expresar el amor, y que dichas expresiones requieren ser adecuadas a cada situación. No es lo mismo el amor de una madre por el hijo, que el de dos hermanos, o el de dos amigos, o el de unos novios, o el de los esposos. Todos esos afectos piden ser expresados, pero de modo diferente.
DIFERENTES FORMAS DE AMARSE
Entendemos la diferencia entre el amor filial o el cariño profundo de dos hermanos, al amor erótico del deseo carnal que envuelve el sexo. Igualmente hay que comprender la diferencia entre el amor de afecto de dos amigos, o dos novios, lo cual no tiene las mismas características que el amor entre esposos, y no se pueden usar las mismas expresiones de amor en ambos casos. También hay un amor mucho más sublime, que se da a aquel a quien no conozco, y no es familia, ni tengo ningún interés en él. Este tipo de amor que se da a cambio de nada, y es definido en griego como amor “ÁGAPE”[2] qué significa puro, y sin condicionantes. Así es el amor de Dios hacia nosotros[3].
La relación sexual fuera del matrimonio suele ser casi siempre, expresión de egoísmo o pasión desordenada, despojada de un amor puro, que lo convierte en un amor corrosivo. No es suficiente con decir «es que nos queremos«, sino debe haber una compresión mutua más allá del mero acto sexual. Es ahí donde la atracción primaria se debe convertir en la convicción mutua, que sobrepasa lo carnal, para entrar en lo sentimental, emocional y espiritual.
Existe el riesgo de que, dentro de un matrimonio haya momentos en que la mujer se le niegue al esposo en cuanto a realizar el acto sexual, quizás porque está deprimida, o está en su etapa de menstruación, o está confronta conflictos emocionales. La Biblia recomienda que una mujer no se le debe negar a un hombre en cuanto a la relación sexual, salvo por mutuo acuerdo, y por un tiempo reducido, a fin de no llevar al hombre al adulterio por su falta de continencia[4].
Recordemos la advertencia bíblica del apóstol Pablo cuando nos ordenó huir de la fornicación[5], que consiste en tener relaciones sexuales antes del matrimonio. Cuando se comete un acto sexual fuera del matrimonio con otra pareja que no sea tu esposa o esposo, la Biblia lo cataloga como adulterio.[6] El adulterio envuelve un doble pecado, por un lado, el engaño o la infidelidad conyugal y, por otro lado, el placer sexual fuera del orden establecido por Dios.
BIBLIOGRAFÍA
[1] -http://www.antesdelfin.com/
[2]– El amor ágape, en su definición más pura, es un amor desinteresado, incondicional y altruista. Es un tipo de amor que busca el bien del otro sin esperar nada a cambio, y a menudo se asocia con el amor de Dios hacia la humanidad o con el amor sacrificial por los demás.
[3]– “1 Juan 4:19 “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”.
[4] 1 Corintios 7:5 “No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia”.
[5]– 1 Corintios 6:18. «Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
[6]– Cuando el apóstol Pablo habla de «fornicación» en 1 Corintios 6:18, usa la palabra griega «porneia» (πορνεία), que tiene un significado amplio y no se limita solo a la fornicación, sino también al adulterio. Cuando se refiere a Adulterio (moicheia) implica relaciones sexuales de una persona casada con alguien que no es su cónyuge.


