Mario E. Fumero
No cabe duda de que en estos momentos el mundo se ve amenazado por lo que podría convertirse en una guerra regional en el Medio Oriente. Los últimos acontecimientos en torno a ataques de Estados Unidos contra Irán, y la respuesta de este hacia objetivos estratégicos en países cercanos, colocan el panorama al borde de una gran escalada militar.
Aunque el régimen iraní no cuenta con muchos aliados firmes, y Rusia parece mantener una postura ambigua de tolerancia estratégica, e incluso ellos saben que el radicalismo islámico puede convertirse en una amenaza para su propia seguridad, no existe peligro de una guerra mundial.
El gran problema del régimen iraní radica en la imposición estricta de su doctrina islámica, con la cual ha reprimido al pueblo y relegado a la mujer a un segundo plano. Su radicalismo, unido a su intención de desarrollar armas nucleares, representa una amenaza potencial para la estabilidad mundial, y principalmente para los países vecinos e Israel.
El discurso de sectores radicales dentro del islam político incluye la idea de expandir un modelo teocrático al resto del mundo, y confrontar a quienes consideran enemigos ideológicos. Israel figura entre sus principales adversarios declarados, por lo cual su meta es echarlos al mar.
Recientemente también se han producido tensiones entre Pakistán y Afganistán, este último bajo un régimen islámico de corte radical, aunque con menor capacidad militar que Irán. Mientras Estados Unidos e Israel confrontan a Irán, los países del Golfo Pérsico reciben las consecuencias indirectas de este enfrentamiento.
Este panorama lleva a algunos intérpretes bíblicos a relacionar los acontecimientos con la profecía de Ezequiel 38, donde se menciona una coalición de pueblos contra Israel. Al leer ese capítulo, encontramos nombres antiguos como Persia, Caldea o Asiria, que hoy corresponden a regiones que forman parte del actual Medio Oriente. Persia, por ejemplo, es el antiguo nombre de lo que hoy conocemos como Irán. Dentro de esta perspectiva profética, algunos consideran que Irán ocupa un papel central en los eventos finales descritos por el profeta en los últimos tiempos previo a la venida de Cristo.
Muchos países del Medio Oriente ven con preocupación el avance nuclear iraní. El temor no es solo militar, sino ideológico, debido al carácter teocrático y radical del régimen de los ayatolás, cuyo modelo político-religioso limita libertades individuales, especialmente la de las mujeres y minorías.
El desmantelamiento de los proyectos nucleares en manos de regímenes radicales es visto por algunos gobiernos regionales como una medida necesaria para evitar una escalada mayor.
¿Cómo afecta esto a Honduras y Latinoamérica? Aunque Honduras está geográficamente lejos del conflicto, no está exenta de sus consecuencias. Gran parte del petróleo mundial proviene del Medio Oriente. Cualquier guerra o inestabilidad en la región impacta directamente el suministro del petróleo y por lo tanto, frente a la escasez los precios del crudo se dispararon.
Si el suministro disminuye, el precio del combustible aumentará, y con ello subirán los costos de transporte, producción y alimentos. Esto podría generar una gran inflación en países latinoamericanos que dependen casi totalmente del petróleo importado.
El combustible no solo mueve vehículos; es la base de la industria, la logística y el comercio. Una crisis prolongada podría traducirse en inflación severa e incluso escasez.
Siendo consciente de esta realidad, lo único que podemos es prepararlo para enfrentar la crisis. ¿Y cómo? ahorrando combustible, y teniendo una reserva estratégica, no solo de combustible, sino de alimentos no perecederos, y buscar alternativas para disminuir el uso de vehículos, así como reducir el consumo de los combustibles, porque otra solución no hay, ya que somos un país dependiente de un producto imprescindible para la movilidad y la industria nacional.


