EL MENÚ A LA CARTA

Mario E. Fumero

Tomado del libro «TIEMPOS PELIBROSOS» EN 1987

          Existen muchos tipos de restaurantes. Unos ofrecen un «plato del día», otros tienen una serie de alimentos pre- elaborados, que pudiéramos llamar «comida rápida». Sin embargo, existen otros donde se preparan los alimentos según un menú. El cliente escoge y espera su plato preferido. De la misma forma se han puesto de moda los productos «light»[1], o aquellos bajos en calorías, los descafeinados, los productos sintéticos etc. Esto se debe a que estamos en un mundo que busca lo fácil, lo cómodo, lo placentero.

Este espíritu, que satisface el capricho humano, se ha adueñado de nuestra sociedad, y se ha formado en su entorno todo un mercado con enfoques científicos, el Tecno mercado, el «marketing», como se le llama en los Estados Unidos. Las técnicas publicitarias nacidas de los estudios sociológicos de las encuestas que estimulan el apetito de consumir aún aquello que no es bueno, ni saludable. Las grandes empresas, que se valen de los especialistas en mercado, analizan el comportamiento humano, sus deseos, sus caprichos, sus comodidades, sus inclinaciones a través de encuestas hechas por empresas dedicadas al estudio de la demanda. Una vez obtenido el resultado, trabajan en la elaboración de un producto que reúna las condiciones predeterminadas por los deseos de los consumistas, y puedan satisfacer así a la mayoría para alcanzar el éxito en la venta. La dinámica dominante es producir lo que a la gente le gusta. Esto se aplica, no sólo a los alimentos, sino a los programas de televisión, el cine, la música y el deporte.

          Este espíritu ofertista y mercantilista del mundo también se ha infiltrado dentro de nuestras iglesias, a grado tal, que la iglesia ya no es un cuerpo funcional, sino un restaurante en donde la gente va a recibir el alimento que le gusta. En otras palabras, un menú ajustado a sus deseos y caprichos. Los pastores se preguntan: – ¿Cuál será el método más efectivo para hacer crecer la iglesia? -. Porque lo cuantitativo ha anulado lo cualitativo. Al respecto afirma Charles Corson en su libro «El Cuerpo»: -Si la gente está buscando la religión como un producto, entonces la iglesia tiene que ofrecer uno competitivo. No es un proceso consciente[2].  Así las técnicas del mercado se aplican a la actividad de la iglesia, haciendo de ésta un club social y espiritual de gente religiosa que, por medio de un culto, una ofrenda y un sermón diluido y aplicado «según el deseo popular», acallan sus conciencias y encubren sus pecados.

La técnica de ofrecer un evangelio que satisfaga el capricho de la gente nos ha llevado a elaborar toda una teología basada en la oferta e ignorando las demandas, y así hemos derrumbado el muro que nos separaba del mundo, para introducirlo dentro de la iglesia. Ya no hay que ir a buscar afuera lo que hemos traído dentro. La iglesia es un gran mercado que le ofrece a cada cual aquello que más le complazca, satisfaciendo la presunción espiritual que la gente tiene. Esto nos ha llevado a desvirtuar el principio del CUERPO, para convertir la iglesia en una carnicería, un orfanatorio, un club, un centro activista, un restaurante, un negocio, desposeída del espíritu bíblico del «ser iglesia».

Queremos un crecimiento de la iglesia, pero ¿a qué nos referimos cuando decimos esto? ¿Qué es la iglesia? No es un edificio, ni una reunión, ni un programa, ni un nombre. La iglesia es la comunidad de los redimidos con la sangre de Cristo, los que dejan el pecado y entran al reino de la luz, para vivir bajo los principios del Señorío del reino. Somos «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.» (1 Pedro 2:9). Nos constituimos en una comunidad de discípulos «que están llenos de gozo y del Espíritu Santo» (Hechos 13:52), para trabajar en la extensión del reino, no sólo los domingos, u otro día de la semana, sino «Todos los días, en el templo y de casa en casa, no cesaban de enseñar y anunciar la buena nueva de que Jesús es el Cristo.» (Hechos 5:42).

No pasaban el tiempo haciendo espectáculos en un edificio llamado «iglesia» para crecer, sino que esparcidos» por las casas y las calles, hacían la labor de crecimiento. Una iglesia es un grupo de gente comprometida a ENSEÑAR Y PREDICAR la verdad de Dios, sin leudarla, ni adaptarla al deseo popular. Si deseamos crecer como iglesia, tenemos que anular el «espíritu mercantil» de la cantidad de gente, y pensar en la calidad de vida de los que forman ese cuerpo. Es por ello por lo que afirma Richard Neuhaus: «El crecimiento institucional es el último refugio de los que tienen un ministerio estéril«[3].

No podemos aplicar al crecimiento de un cuerpo humano, métodos mutantes[4] de crecimiento, para que un bebé sea hombre en poco tiempo, o nazca ya con bigote y dientes. El crecimiento obedece leyes naturales, y no podemos usar técnicas artificiales que aceleren el mismo, porque lo que obtendríamos en tal caso sería un fenómeno. Una familia se forma mediante un proceso lento y costoso. De igual forma, una iglesia, en todo el sentido de la Palabra, sigue un proceso, lento pero costoso. Si en el día de pentecostés se añadieron a la iglesia 3,000 personas, ¿No había 120 preparados para tomar cada cual un grupo, llevarlos a sus casas, discipularlos y bautizarlos para después añadirlos a la iglesia? Se ha puesto a pensar: ¿Qué método usaron para hacer todo esto en un día? Si deseamos tener una iglesia al estilo bíblico, nos hemos preguntado alguna vez: ¿Cuál fue el propósito del quehacer de esta primera iglesia que nació en pentecostés?

Veamos lo que nos dice la Biblia al respecto: «Entonces caía temor sobre toda persona, pues se hacían muchos milagros y señales por medio de los apóstoles. Y todos los que creían se reunían y tenían todas las cosas en común. Vendían sus posesiones y bienes, y los repartían a todos, a cada uno según tenía necesidad. Ellos perseveraban unánimes en el templo día tras día, y partiendo el pan casa por casa, participaban de la comida con alegría y con sencillez de corazón, alabando a Dios y teniendo el favor de todo el pueblo. Y el Señor añadía diariamente a su número los que habían de ser salvos.» (Hechos 2:43-47) «La multitud de los que habían creído era de un solo corazón y una sola alma. Ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que todas las cosas les eran comunes. Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia había sobre todos ellos. No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que eran propietarios de terrenos o casas los vendían, traían el precio de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles. Y era repartido a cada uno según tenía necesidad.» (Hechos 4:32-35). Debemos notar en estos pasajes las características de esta iglesia naciente:

1ro- “Caía temor«. Había una conciencia de pecado que producía temor de Dios, cosa de la cual carecemos hoy día, pues aún muchos líderes pecan y actuar sin la menor muestra de temor. Una vida cristiana sin temor es una vida cristiana sin freno al pecado.

2do- «Tenían las cosas en común”, “ninguno decía ser suyo propio nada». Esto revela una entrega total. No había egoísmo, ni espíritu consumista, ni búsqueda de bienestar personal. El uno vivía para el otro, compartían, se identificaban con las necesidades de los demás. Que diferencia a hoy día donde el buscar lo fácil, lo nuestro y lo cómodo reina en nuestro medio a grado tal que de ello se ha hecho una teología.

3ro- «Perseveraban unánimes». «De un solo corazón». Refleja unidad de sentir, pensaban todos igual, e iban por el mismo camino. Había dirección, identificación, claridad en lo que hacían. Eran estables, no se cambiaban de lugar, como en nuestros tiempos, pues se ha desvirtuado tanto el concepto de cuerpo que podemos cambiar de una a otra congregación, ignorando que somos iglesia. Tenemos cristianos que hoy están arriba y mañana abajo, hoy son fieles y mañana infieles, no perseveran y no están unánimes con los demás, cada cual anda por su lado «buscando lo suyo propio».

4to- «Alegría y sencillez de corazón» Estar alegre no es estar cantando porque alguien me lo ordena, ni gritar porque alguien lo hace. Estar alegre no es una expresión de adoración, es una forma de ser. La alegría es gozo, el gozo es fruto del Espíritu, es tranquilidad, satisfacción, expresión de felicidad. Ser sencillos es ser natural, hacerlo todo de corazón, por amor, por sentimiento, no buscando ser alguien, ni importante, ni superior. La sencillez es el vestido de la humildad, y la credencial de la negación.

5to- «Teniendo favor con todo el pueblo«. Estaban dispuestos a servir a todos, no sólo a los de la casa de Dios. El mundo los miraba como un modelo. Ellos se granjeaban el aprecio de los pecadores por su ejemplo, como dijo Jesús:  «Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de modo que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» (Mateo 5:16) Tenían favor, eran serviciales, modelos en el trabajo, en las relaciones sociales con los incrédulos. ¿Y nosotros qué? Tenemos muchos creyentes, pero ¿Y con qué calidad de vida?». Es por ello por lo que alguien afirmó que vivimos «una religión por lo alto, pero una moralidad por los suelos».

¿Deseamos una iglesia verdadera? No diluyamos la verdad estableciendo una iglesia con naturaleza empresarial, ofreciéndole a la gente un menú a la carta, esto es; darles y ofrecerles lo que desean, para acallar sus conciencias, y satisfacer sus deseos narcisistas[5] o consumistas. Prediquémosles la verdad completa. Descartemos el evangelio de ofertas, y presentemos la demanda de Dios. Seamos iglesia en el «ser» y no en el «estar». Prediquemos aquello que el pueblo necesita, aunque no le guste. Cuando alimentamos a nuestro bebé, no le vamos a dar sólo las compotas dulces que le gustan. Hay que darle, incluso, aquellas cosas que no le apetecen, pero que son necesarias para crecer sanos. No adulteres la leche (la verdad de Dios) añadiéndole chocolate o azúcar, (para complacer sus deseos de bendiciones materiales), sino dale lo que requiere, en la dosis y proporción debida, de acuerdo con su edad, para que crezca sano, como dice San Pedro: «desead como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación;» (1 Pedro 2:2)


[1] LIGHT: Anglicismo que se usa para referirse a aquellos productos bajos en calorías, grasas o alimentos que tienden a producir obesidad.

[2]– Libro «El Cuerpo» Charles Colson, Editorial Caribe, 1994 Pag 46.

[3]– Del libro «Freedom for Ministry, página 89

[4] MUTANTE: De mutación. Es el efecto por el cual se cambia una estructura. En el sentido del escrito, se refiere a un cambio en el trabajo normal del quehacer en la iglesia.

[5] – NARCISISTA: Es la acción excesiva de verse a sí mismo, o una acción de auto idolatrarse, por lo cual cae en una atención exagerada del cuidado del cuerpo. El término procede de Narciso, personaje de la mitología griega que se consideraba muy hermoso y se enamoró de sí mismo. Murió ahogado en las mismas aguas en las cuales se miraba. Freud, padre de la psicología moderna, la define como la libido del “yo” y ésta presente en la etapa de la adolescencia con mucha fuerza.  Sobre ella escribe el pastor José Luis Gómez Panete cuando dice “: Hay personas que se aman tanto que tienen la casa llena de espejos y dicen -. Espejito, espejito: ¿quién es el líder más grande del mundo?, TÚ MI AMOR.

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1 Response to EL MENÚ A LA CARTA

  1. Avatar de Luis Chavarria Luis Chavarria dice:

    me gustaría información del libro de conserjería para noviazgo

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