TEMPERAMENTO Y CARÁCTER[1]

Mario E. Fumero

La personalidad humana está compuesta de temperamento y de carácter.

          El temperamento es una predisposición natural e innata para reaccionar de una determinada manera. Es un don de la naturaleza y, en último término, de Dios. Podemos ser coléricos o melancólicos, sanguíneos o flemáticos. Nacemos con un temperamento y no podemos cambiarlo: moriremos con las cualidades y los defectos de nuestro temperamento.

          Sobre la base del temperamento, forjamos el carácter. El carácter está compuesto por virtudes, y las más importantes son: la prudencia, la fortaleza, el dominio de sí, la justicia, la magnanimidad y la humildad. Las virtudes son hábitos morales, fuerzas espirituales adquiridas y desarrolladas por la práctica. No hemos nacido con nuestro carácter: es algo que construimos nosotros.

          La palabra «carácter» proviene del griego «charakter», que es una imagen grabada en una moneda. Las virtudes imprimen el sello del carácter en nuestro temperamento, para que este deje de dominarnos.

DEL TEMPERAMENTO AL CARÁCTER:

Mediante la educación del carácter, aprendemos a superar los defectos de nuestro temperamento. Aprendemos a hacer, cuando es necesario, lo contrario de «lo que me pide la inclinación natural», porque con frecuencia eso dista de ser perfecto. El colérico, por ejemplo, está naturalmente inclinado al orgullo y a la ira. Sin embargo, puede superar sus defectos mediante la práctica de la humildad y del dominio de sí. A su primera reacción, que es fisiológica, puede responder con una segunda reacción, que es espiritual.

Los cuatro temperamentos se definen de la siguiente manera:

El colérico se distingue por su reactividad inmediata, enérgica y duradera.

El melancólico se distingue por su reactividad retardada, profunda y duradera.

El sanguíneo se distingue por su reactividad inmediata, espontánea e efímera.

El flemático se distingue por su reactividad retardada, medida e efímera.

•  El COLÉRICO es enérgico: está orientado a la Acción.

•  El MELANCÓLICO es profundo: gira en torno a la Idea.

•  El SANGUÍNEO es espontáneo: vive de su relación con las Personas.

•  El FLEMÁTICO es comedido: busca por encima de todo la Paz.

          Si el padre y la madre tienen temperamentos diferentes, los hijos heredarán probablemente temperamentos diferentes. También puede ocurrir que dos temperamentos sean igual de fuertes en una persona joven. Sin embargo, con los años uno de los dos temperamentos predominará.

          En Rusia y en Portugal predomina el temperamento melancólico. En España, el colérico. En Italia, el sanguíneo. En Finlandia, el flemático. En muchos países, por ejemplo, en Francia y en Estados Unidos, no se puede identificar ningún temperamento predominante por la diversidad de culturas y razas.

          No obstante, no debe confundirse la cultura de un pueblo con el temperamento de sus miembros. La cultura norteamericana (el «American Dream») satisface ampliamente las necesidades de los coléricos, pero la mayoría de los norteamericanos no son coléricos. La nueva cultura mundial, con el desarrollo de los medios de comunicación social, satisface plenamente las necesidades de los sanguíneos, pero eso no significa que la mayor parte del mundo esté formada por personas sanguíneas.

          Nuestro temperamento nos inclina en una dirección o en otra: el colérico está inclinado a hacer muchas cosas, pero le cuesta preocuparse por las personas; el melancólico está inclinado a contemplar bellas ideas, pero le cuesta ponerlas en práctica; el sanguíneo está inclinado a compartir sus sentimientos con los demás, pero le cuesta poner la última piedra a sus proyectos; el flemático tiende a analizar procesos, pero se le hace difícil soñar grandes cosas.

          La virtud compensa los defectos de nuestro temperamento: el colérico que practica la humildad se preocupa de las personas; el melancólico que practica la audacia se pone en acción; el sanguíneo que practica la resistencia termina sus proyectos; el flemático que se hace magnánimo sueña a lo grande. Cada uno escala la cima de la excelencia por un camino y una pendiente que le son propios, pero es el temperamento el que le indica esa pendiente y ese camino.

          Es importante discernir, en cada uno y en los demás, qué depende de lo fisiológico y qué depende de lo espiritual. La energía fisiológica no es la fortaleza, pero la favorece; la apatía fisiológica no es la pereza, pero la favorece. Así, hay dos extremos que deben evitarse: uno consiste en negar la realidad del carácter, otro, en negar la realidad del temperamento. El primer error es el «determinismo», el segundo, el «voluntadrismo».

          Los deterministas niegan el espíritu, el carácter, la virtud: así, interpretan las acciones humanas desde el punto de vista exclusivo de la biología. Al justificar sus bajas acciones por la peculiaridad de su temperamento, los deterministas están negando, de hecho, su libertad, su responsabilidad, su dignidad. Y la de los demás.

          Los voluntaristas niegan el temperamento. Interpretan las acciones humanas exclusivamente desde el punto de vista de la voluntad (de la libertad). Conciben las tendencias fisiológicas como defectos espirituales. En la acción incansable del colérico no ven más que orgullo; en el ensimismamiento creativo del melancólico, egoísmo; en la alegría de vivir del sanguíneo creen ver falta de dominio de sí, y el flemático no es, a su juicio, más que un perezoso y un holgazán.

          Los voluntaristas aman la uniformidad espiritual, y no toleran fácilmente la multiplicidad de comportamientos. Solo tienen un modelo de excelencia en la cabeza: el modelo forjado por su propio temperamento. Con frecuencia acusan a los que hablan de diversos temperamentos de «categorizar» a las personas, de «encasillarlas», cuando ellos mismos ya han metido a toda la humanidad en una sola casilla: la de su temperamento, que en realidad es una prisión espiritual para los que tienen un temperamento diferente. Es una mala idea elegir a un mentor o director espiritual entre los voluntaristas


[1]– Tomado de Universidad de Navarra: chrome-extension:

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1 Response to TEMPERAMENTO Y CARÁCTER[1]

  1. Avatar de Marcos Rebollar Marcos Rebollar dice:

    Algunos y me incluyo creo que esas categorías limitan a los seres humanos, yo entiendo que nadie tiene un temperamento fijo, más somos una mezcla de todos esos llamados «temperamentos» y aunque hacer categorías parece facilitar el lidiar con las personas creo que todos tenemos tendencias al mal diferentes pero casi iguales. Creo que eso limita al conocer a una persona, en si todos necesitamos respeto y comprensión, y para conocer de verdad a alguien se necesita tiempo y verlo en diferentes circunstancias. Al final la biblia nos trata como iguales aunque si hay que tener sabiduría para no dañar a alguien por no conocer su forma de ser o lo que esta pasando por ese momento. El problema es simplificar al ser humano cuando la comunión es precisamente conocernos y convivir en paz como seres humanos diferentes y con pecados, conscientes de que pecamos por eso siendo pacientes y comprensivos unos con otros

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