Nelly Montalvo
La Biblia enseña la necesidad de cuidar nuestra mente y nuestro corazón porque todo lo que hacemos fluye de nuestro corazón. Nuestra mente no descansa y siempre está ocupada dirigiendo nuestra conducta. Nada de lo que hacemos se podría llevar a cabo, a menos que pensemos y lo meditemos con anticipación.
Todo lo que hacemos en la vida comienza con un pensamiento. Por eso es muy importante cuidar nuestros pensamientos: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él …” (Proverbios 23:7). Además, tenemos que cuidar la boca porque la Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca. Tenemos que mantener nuestros labios sellados, lejos de las perversidades y de las palabras profanas y obscenas. Concentrándonos en las cosas de arriba, poniendo cuidado de las cosas que pensamos y hablamos.
Como humanos vivimos de acuerdo a todas las cosas que captamos con nuestros sentidos, ya sean positivas o negativas. Nuestro corazón se llena de todas esas cosas. Si son negativas nuestro corazón se abate, impidiéndonos sentir paz y tranquilidad. Esta es la razón por la cual Dios nos llama a caminar en su paz, cuidando nuestra mente y nuestro corazón. Cuando decidimos caminar en la paz de Dios no permitimos que nada ni nadie nos la quite. Como dije anteriormente, debemos poner todo nuestro esfuerzo y voluntad en renovar nuestra mente.
Ninguno de nosotros tiene la capacidad de pensar dos cosas al mismo tiempo. Por esta razón tenemos que proponernos pensar en cosas positivas y agradables, pase lo que pase. Sin permitir que nada ni nadie nos quite el gozo y la paz. Si nos critican nos mantenemos en paz, si nos ignoraron nos mantenemos en paz, si el carro se descompone nos mantenemos en paz. Si nuestro matrimonio no anda bien nos mantenemos en paz, y si estamos quebrantados de salud también nos mantenemos en paz. Nos mantenemos en paz pase lo que pase. No podemos permitir que ninguna circunstancia nos robe la paz que es lo más preciado que podemos tener. Tenemos que aprender a confiar que el Señor está en control y que tiene la solución a todos nuestros problemas. Pensemos por un momento, “¿Qué ganamos con preocuparnos”? ¡NADA! Solo oprimirnos o desesperarnos. Solo estaríamos desperdiciando nuestro tiempo. Repito, tenemos que aprender a confiar en Dios pase lo que pase. En Filipenses dice que la paz de Dios guardará nuestro corazón y nuestros pensamientos en Cristo Jesús: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).
Tenemos que proteger nuestro corazón de toda obra de la carne que lo contamina. La Palabra nos enseña que nada en este mundo lo puede proteger, solamente la paz divina en Cristo Jesús. Permitimos que la Palabra guarde nuestro corazón porque de él emana la vida. Aprendemos a esperar en Dios, ignorando a aquellas personas que no están de acuerdo con nosotros. Las amamos, pero no le damos mente, ya que actúan así porque quizás están llenas de envidia, celos, amarguras, y no saben valorizarte. Estas personas o circunstancias tratan de robarnos la paz que hay en nosotros. Por tanto, nos apoyamos en las promesas que hemos recibido y confiamos que todo está en control, todo está bien.
Recordemos que en el corazón están las emociones, los pensamientos, las actitudes, las acciones y todo aquello que conduce a la conducta, definiendo así quienes somos. Cuando permitimos que las emociones tomen el control de nuestros pensamientos, nuestro corazón se llena de actitudes negativas, formando raíces de amargura. Esto define lo que llevamos adentro, sea paz, gozo, dolor o guerras internas: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23). Según esté nuestro corazón, así estará nuestra vida. Lo que somos por dentro siempre se manifestará por fuera a través de nuestra conducta, nuestra forma de hablar, caminar, decidir, sentir, etc. En otras palabras, a través de nuestro cuerpo, el corazón manifiesta todo lo que llevamos dentro. Ejemplo, una persona que siente temor en su corazón, siempre va a caminar en temor. El temor va a controlar toda su conducta, acciones, y decisiones, lo cual le va a conducir a actuar en base al temor. El temor es un espíritu de cobardía, enemigo de la paz, que no viene de Dios. Podemos transformar el miedo en amor, ya que Dios nos ha dado dominio propio: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).
El corazón inseguro no tiene paz ni tranquilidad. Siempre está en la expectativa de cosas malas. Se siente perseguido, amenazado, imaginando y sintiendo cosas extrañas, como ruidos, amenazas, peligros etc. Viendo cosas que solo están en su imaginación. Esto es producido por un espíritu de temor que controla su vida y sus emociones. Cuando el temor se vuelve extremo, la persona no puede ni salir de su casa viviendo con el temor de lo que pueda pasar. Esta persona va a necesitar ayuda para poder ser liberada de esa atadura.
Proverbios 4:23 nos alerta de la necesidad de proteger el corazón, ya que de el mana la vida. Para poder proteger nuestro corazón tenemos que estar conectados con Dios a través de Jesucristo. Una vez Jesús nos redime y perdona nuestros pecados, el Espíritu Santo viene a morar en nuestro corazón. Entonces, podemos comenzar a renovar nuestra mente: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
La Palabra es la que renueva y cuida nuestra mente, ensenándonos a caminar en la voluntad de Dios. No podemos obedecer nuestros pensamientos haciendo todas las cosas que nos llegan a la mente. Esos deseos y pensamientos negativos son los que nos controlan llevándonos a cometer actos inexplicables, convirtiéndonos en esclavos del pecado. Dios nos llama a renovar, a cambiar, a restaurar y a transformar nuestro entendimiento, para poder establecer un juicio correcto de nuestras acciones. Cuando la Palabra está en nuestra mente y en nuestro corazón adquirimos el conocimiento necesario para examinar, verificar y hacer la voluntad de Dios.
Cuando leemos, meditamos, guardamos y ponemos en práctica la Biblia esta nos trae prosperidad, paz y nos da fuerza y fe para contrarrestar los ataques del enemigo. No podemos olvidar que nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra huestes espirituales, por tanto, tenemos que usar armas espirituales: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12). “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:4-5).
La Palabra cuida nuestra mente y nuestro corazón y nos capacita para defendernos de todos los ataques del enemigo, rechazando las perversidades e iniquidades que llegan a nuestra mente. Es importante cuidar lo que vemos, lo que escuchamos y lo que practicamos, examinando todo, para poder retener lo bueno y desechar lo malo. Cuando nuestra vida gira alrededor de Dios, recibimos paz en todas las áreas de nuestra vida: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendímiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). La paz divina protege nuestro corazón trayéndole gozo, alegría y regocijo. El Señor, en su Palabra, nos llama a regocijarnos: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4).
No debemos estar ansiosos, sino que debemos estar llenos de gozo. Solo al pensar que Dios nos ha perdonado, que nos ha llenado con su Espíritu, y nos ha dado un espíritu de poder, amor y dominio propio, es más que suficiente para que caminemos gozosos y regocijados en el Señor. La mayoría de las veces perdemos el enfoque de la vida, y nuestro corazón comienza a llenarse de temor, olvidándonos que no estamos solos: “Cercano está Jehová a todos los que le invocan,A todos los que le invocan de veras” (Salmos 145:18). Pero cuando realizamos que no estamos solos nos llenamos de paz, gozo y alegría.
Comenzamos a cultivar una relación más profunda con Dios y nuestro corazón y nuestra mente se fortalecen. Tenemos que recordar que la oración trae paz, y es el único medio por el cual podemos conectarnos instantáneamente con Dios. Podemos comunicarnos con Él por medio de la meditación, dándole alabanzas y adoración. Además, le podemos presentar nuestros problemas, recordando que solo Jesús puede cuidar y proteger nuestro corazón. Mientras nuestra vida esté impregnada del amor divino, nuestro corazón estará protegido de toda ansiedad. Entonces recibiremos la fortaleza que necesitamos para poder vencer los afanes, obstáculos y conflictos del diario vivir, y mantener la paz. Solos no podemos, ya que la vida no es fácil, pero cuando tenemos al Señor, caminamos seguros.
¡Practiquemos su presencia! Tengámoslo presente en cada momento de nuestra vida, dándole gracias por todo. Entonces, experimentaremos su paz en toda situación. Llenémonos de su Palabra (la Biblia) recordando que nunca estamos solos.


