Alejandro Peláez
Cuando una paternidad espiritual rehúsa sujetarse al pastor local, la iglesia debe proceder con discernimiento y firmeza. “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas.” (Hebreos 13:17). Ninguna paternidad externa tiene más autoridad que el gobierno espiritual establecido sobre una congregación y se debe tener muy en claro el proceder bíblico ante este conflicto “Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos.” (Mateo 18:15)
La confrontación debe ser clara, directa y espiritual, no emocional. Si la Iglesia tenía en claro los límites de autoridad y la paternidad los reconocía claramente, el Pastor debe hacer lo que tenga que hacer por esas ovejas que están involucrada en el conflicto “Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos.” (Hechos 20:28)
Cuando una paternidad se convierte en una fuente de división, el pastor tiene la responsabilidad de intervenir, aunque la paternidad rechace su intervención. Es decir que este proceso de intervención no dependerá de la paternidad sino del pastor, Y como autoridad espiritual actuará apegado a los parámetros bíblicos en la Palabra para evitar el abuso de autoridad.
Aunque el conflicto sea uno, la intervención pastoral debe aplicar dos tratos diferenciados: uno para la paternidad espiritual en desorden, y otro para el hijo espiritual involucrado. Dios no trata a todos igual, sino conforme a la responsabilidad espiritual de cada uno. “A quien mucho se le dio, mucho se le demandará.” (Lucas 12:48). El primer paso es confrontar a la paternidad espiritual con claridad, señalando la falta de sujeción, la invasión de autoridad y el daño producido al rebaño. Esta confrontación no es emocional ni política, sino espiritual y doctrinal. “Los que pecan, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman.” (1 Timoteo 5:20)
Si hay arrepentimiento genuino, el proceso se detiene y se restaura el orden. Si la paternidad persiste en su resistencia, “Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.” (Mateo 18:16) Estos testigos no son mediadores neutrales, sino autoridades espirituales que confirman el orden bíblico y el límite ministerial.
Mientras se trata al que ejerce la paternidad, el hijo espiritual debe recibir un trato distinto, enfocado en su cuidado y protección. Recordemos el mandato que dice “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos.” (Hebreos 13:17) Sin embargo esta sujeción es relativa, lo que significa que tiene que estar fundamentada en los parámetros dados en la palabra de Dios Al hijo espiritual se le debe aclarar quién es su autoridad espiritual primaria, llamarlo a no participar de la división que se está ocasionando y guardarlo del espíritu de lealtad equivocada, animándolo a dejarse cuidar por el pastor o quien este designe a su maestro de discipulado o padre espiritual. “Apártense de los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido.” (Romanos 16:17) El hijo no debe ser disciplinado como rebelde si está confundido Por culpa de su guía espiritual. Lo primero que debemos hacer es orientarlo al lado correcto en la Palabra, siempre y cuando sí el que ejerce la paternidad continúa sin sujetarse “Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia.” (Mateo 18:17)
Esto no implica humillación pública, sino una declaración clara de gobierno espiritual para proteger al cuerpo. En este punto, el pastor debe actuar, aunque el que ejerce la paternidad rechace la intervención. El proceso no depende de la paternidad, sino de la responsabilidad pastoral delante de Dios. Debe de haber una separación funcional si no hay arrepentimiento “Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación, deséchalo.” (Tito 3:10)
La separación no es rechazo personal, sino una medida espiritual para preservar la salud del cuerpo. “Un poco de levadura leuda toda la masa.” (Gálatas 5:9) aunque la disciplina sea firme, el objetivo nunca es la destrucción, sino la restauración. “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre.” (Gálatas 6:1) La puerta del arrepentimiento permanece abierta, pero el orden no se negocia.
COMO DISCERNIR SI EL ARREPENTIMIENTO ES VERDADERO
El arrepentimiento verdadero se evidencia en hechos, no en discurso “Por tanto, haced frutos dignos de arrepentimiento.” (Mateo 3:8) El arrepentimiento verdadero produce fruto visible, que pueden ser medibles y sostenidos en el tiempo. Si hay arrepentimiento, y acepta las normas sin negociar ni reinterpretar debe restaurársele. “El que oye estas palabras mías y las hace, le compararé a un hombre prudente.” (Mateo 7:24)
El que se arrepiente y se somete al orden, aunque le duela, es digno de restauración. Se debe dejar de hablar en privado lo que ya fue tratado. No debemos busca alianzas ocultas. No se debe victimizar ni se justificar. “El que encubre su pecado no prosperará; mas el que lo confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” (Proverbios 28:13). Confesar sin apartarse no es arrepentimiento, es estrategia. El verdadero arrepentimiento restaura la autoridad que deshonró “Contra ti, contra ti solo he pecado.” (Salmo 51:4) Reconoce a quién deshonró. Pide perdón al nivel de autoridad afectado. Acepta ser restaurado mediante un proceso que no ocurre automáticamente. “Humillaos bajo la poderosa mano de Dios.” (1 Pedro 5:6)
El arrepentido no exige restitución inmediata; debe espera tiempos y procesos. El que se arrepiente verdaderamente, acepta las consecuencias “El Señor al que ama, disciplina.” (Hebreos 12:6) No se ofende por la corrección, ni evita el proceso disciplinario, sino que permanece aun cuando pierde visibilidad, influencia o título. “Es bueno al hombre llevar el yugo desde su juventud.” (Lamentaciones 3:27) El que solo se arrepiente cuando no hay consecuencias, no se arrepintió.
EL TIEMPO CONFIRMA EL ARREPENTIMIENTO
“Por sus frutos los conoceréis.” (Mateo 7:16) El arrepentimiento verdadero, se sostiene con el tiempo, no es reactivo, es permanente, se ve cuando ya no hay supervisión directa. El tiempo es el aliado del discernimiento pastoral. “Teniendo apariencia de piedad, pero negando la eficacia de ella.” (2 Timoteo 3:5). Bíblicamente, no hay arrepentimiento cuando:
- Acepta normas solo de palabra.
- Obedece mientras es observado.
- Se presenta como víctima.
- Espiritualiza su desobediencia.
- Usa el lenguaje de honra para evadir sujeción
- Reconocer “errores” de forma ambigua.
- Exige excepciones por su “trayectoria”, “unción” o “paternidad”
- Se excusa desviando la atención a pecados de otros.
- Discute por medio de las escrituras.
- Exige sus “derechos”
- No renuncia a sus cargos
- No guarda silencio para ser tratado por Dios
- Dice no entender lo que está pasando
- Irse a otra iglesia sin cerrar el proceso
Si permanece fiel, es verdadero arrepentimiento. Si se frustra, deja de asistir fielmente a las actividades o se va de la fraternidad, nunca se arrepintió. “Si lo que edificó permanece…” (1 Co 3:14). El tiempo revela, pero el corazón sin control, la obediencia sin explicación y la fidelidad sin promesa confirman el arrepentimiento verdadero.


