EL PELIGRO DEL «PASTORCENTRISMO»: UN LIDERAZGO SEGÚN EL MODELO DE CRISTO

Mario E. Fumero

Uno de los problemas más agudos en el liderazgo cristiano es la exaltación del hombre; ese protagonismo del ego que se sobrepone a la realidad del Evangelio. Lo primero que necesitamos para ser verdaderamente cristianos es desprendernos del egoísmo, dejando de vivir para nuestros propios deseos para cumplir la voluntad de aquel que nos llamó. Recordemos que Jesús nos dijo que el que quiere hacer su discípulo tiene que negarse a sí mismo, a tomar su Cruz y seguirle, que quiere decir estar dispuesto a padecer y a obedecer aceptando la voluntad del que lo llamó

En el concepto bíblico de ser pastor hace referencia a alguien que guía al rebaño hacia pastos verdes. Sin embargo, es importante recordar que el pastor ni «pare» ni «da leche»; su función es cuidar a las ovejas mayores para que estén bien alimentadas, y ellas serán quienes se encarguen de criar a sus corderos y dar leche.

En el capítulo 10 del Evangelio de Juan, Jesús ofrece una enseñanza profunda al presentarse como el Buen Pastor, en contraste con los falsos líderes o «asalariados» que no cuidan realmente del rebaño. Si bien es justo que «el que sirve al altar, coma del altar» y que el pastor reciba un salario, este no debe trabajar no por un salario, sino por amor y entrega. El verdadero llamado no es un empleo, sino un servidor de Jesucristo, lo que implica estar dispuesto a dar la vida por las ovejas.

Tristemente, hoy vemos a muchos que, en lugar de cuidar al rebaño, lo explotan, oprimen y manipulan. En estos casos, no existe una relación de amor y entrega, sino de interés y beneficio propio. ¿La razón? Hemos convertido a la iglesia en una empresa y a los pastores en empresarios.

Como bien se ha afirmado, el “pastorcentrismo” no es solo un desbalance eclesial, sino una distorsión peligrosa del Evangelio. Cuando el pastor se convierte en el centro visible, emocional y funcional de la congregación, ocupa un lugar que no le pertenece: invade en papel de Cristo. No importa cuán elocuente o carismático sea, ningún hombre fue llamado a ser la cabeza de la Iglesia. Ese lugar ya tiene dueño (Colosenses 1:18).

Muchos líderes han construido un ministerio donde todo gira en torno a su voz y su imagen. Crean congregaciones que no pueden avanzar sin ellos y creyentes que dependen más del hombre que de la Palabra. Eso no es un liderazgo bíblico; es centralización del poder, y como bien dice el refrán, el poder absoluto, corrompe absolutamente.

Efesios 4 deja claro que existe una pluralidad de ministerios. Cuando el apóstol Pablo establecía iglesias, constituía ancianos, pues el plan de Jesús siempre fue el trabajo en equipo, tal como lo hizo él al llamar a los doce discípulos y mandarlos de dos en dos. Por tanto, el individuo no es el protagonista, sino el capacitador, coordinador, entrenador y discipulador al cual el Señor le ha encomendado una misión “haced discípulos”.

¿Cómo saber si he sido un buen pastor? La prueba de fuego ocurre al ausentarnos. Si al partir hacia otro lugar, o hacia la presencia del Señor, la obra sigue adelante, es que fue bien puesto el fundamento de Cristo. Si, por el contrario, la obra se desvanece ante nuestra falta, significa que no se construyó sobre el fundamento de Jesús, sino sobre nuestro propio ego.

El fruto de un liderazgo sano no es la admiración hacia el hombre, sino la madurez de los creyentes y su total dependencia de Cristo.

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Este es un espacio para compartir temas relacionados con la apostasia en la cual la Iglesia del Señor esta cayendo estrepitosamente y queremos que los interesados en unirse a este esfuerzo lo manifiesten y asi poder intercambiar por medio de esa pagina temas relación con las tendencias apostatas existentes en nuestro mundo cristiano.
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