Héctor Hernán Castro Canales
¡Para el dolor humano no hay como el cuidado y consuelo divino! El rey David lo experimentó y lo documentó en sus salmos. Sí, él fue un hombre imperfecto que amó, sirvió y confió en un Dios perfecto. A lo largo de su vida enfrentó muchas situaciones difíciles, por lo que, en base a su propia experiencia afirmó: «Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.» (Salmo 34:19.)
También el Salmo 27 es un poema de confianza.
Ahí David nos declara:
Vs. 1: Dios está HOY con nosotros.
Vs. 2: Dios estuvo AYER.
Vs. 3: Dios estará mañana.
En nuestro pasado, presente y futuro Dios estuvo, está y estará con nosotros para ayudarnos. El vs. 4 habla de la correcta respuesta humana a la permanente y bondadosa intervención divina: ¡Debemos procurar siempre estar en íntima comunión con Él!
El vs. 10 nos asegura que la presencia de nuestra gente querida en esta tierra es temporal, pero que Dios no está limitado ni por el tiempo ni por el espacio… ¡Él siempre estará ahí para sostenernos!
El Salmo 27 termina así: «Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová.» (Salmo 27:13,14.) Nos reafirma David que, lo que nos sostiene en tiempos de crisis es nuestra fe en Dios. Todo lo terrenal y temporal es arena movediza, pero Jesucristo es la Roca eterna en la que podemos reposar seguros. Gran soporte espiritual y emocional es saber que Él controla las circunstancias y que un día futuro, en Su Reino de paz y justicia, Él cambiará todo y Su pueblo lo disfrutará.
¡Esperar sólo en Jesucristo es el combustible que alienta nuestras vidas en horas de duras pruebas! ¡Dios no ha perdido ni perderá el control, descansemos sólamente en Él…Ánimo!
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