Mario E. Fumero
Me contaba una madre que un día regañó a su niño de 10 años porque no había hecho sus tareas. Entonces el niño cogió un cuchillo y le dijo “te voy a picar en pedacito” y aunque después soltó el cuchillo, y le pidió perdón, la madre quedó impactada por tal expresión de su hijo. Esto llevó a la madre a preguntarse ¿Dónde aprendió su hijo este tipo de conducta? Y viendo la televisión con él, descubrió que tales expresiones procedían de ciertos dibujos animados que su hijo miraba.
Antes se pensaba que la violencia estaba tan solo en las películas de acción, pero actualmente, la mayoría de los programas infantiles están impregnados de dibujos animados cargados de violencia. El profesor George Gerner Gross[1], de la Universidad de Tannemberg, Pennsylvania realizó un estudio a través del cual descubrió que el 57% de los actos violentos que los niños ven en horas estelares se encuentran en los dibujos animados. Aunque esta violencia, entrelazada con monstruos y fantasías de origen oriental, es irreal, va predisponiendo al niño a convertirla en realidad. Parte de esa fantasía violenta, de la cual se nutre, forja un estilo de conducta. Dice Garner que: <el mundo de la televisión, el crimen y la violencia son dos veces más frecuentes que el mundo real. Dado que los niños que ven mucha televisión –de 3 a 5 horas diarias tienden a creer que el mundo de la televisión es el mundo de afuera, razón por lo cual desarrolla una creencia equivocada de cuánta violencia existe es el mundo actual> por lo que aparece el síndrome de “el mundo malo”.
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