El fin de semana pasado entendí por qué causó tanto revuelo y controversia a nivel mundial la película “Unplanned”. Llevaba tres minutos cuando paré para asimilar lo visto. Abby Johnson, exdirectora en una clínica abortista en Texas, después de trabajar ocho años en puestos administrativos, es solicitada para asistir a un médico practicando un aborto. Cuando procede a succionar el embrión, Abby miró a través del ultrasonido cómo se resistía y hacía todo lo posible por conservar la vida.
Después de esta impactante escena, la protagonista comprende en un instante la verdadera dimensión y los traumas provocados por el aborto. Para la madre es un estigma difícil de superar, para la nueva vida significa ser la víctima inocente de un asesinato. En el resto de la película la protagonista cuenta su historia y cómo se fue introduciendo en ese desconocido mundo en el cuál las personas pasan a ser meros instrumentos y víctimas de la manipulación. Después de esta escena, Abby se encierra en una habitación para llorar sin consuelo el aborto de dos hijos propios y su colaboración activa en más de veinte mil. Seguir leyendo









