«No te van a querer ni los perros», era la frase que ella siempre usaba para retar a sus hijos cuando se portaban mal. Primero, venía el pellizcó, y después, como de remate, esta frase punzante, aguda. Seguramente, si le preguntan, ella los educó con amor. Y en nombre del amor, dijo frases como estas…
«¿Quién quiere otro choripán?», preguntó Carlos en el cumple de su hija. Ella estaba festejando sus 19 y él se había ofrecido de asador. «¿Quién quiere otro choripán?», insistió. » Tu no, mi amor, que estás muy gorda», fue la frase que disparó delante de todos sus amigos. Ella se puso roja de vergüenza, un nudo enorme le cerró la garganta y no comió más. Se levantó despacio y la soledad de su cuarto adolescente fue el mejor refugio hasta la madrugada del día siguiente. El padre murió preguntándose qué hizo mal esa noche.
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