1. EL INICIO DE UNA TRISTE HISTORIA
A sus 10 años, Sofía había aprendido a leer el lenguaje de las miradas. Desde su silla de ruedas, veía el mundo con ojos llenos de preguntas. Esa mañana, su madre, Laura, de 35 años, la llevó al bosque. Laura cargaba una mochila ligera, pero el peso en su rostro era evidente. —Es un lugar bonito, ¿verdad? —dijo Laura, su voz temblaba como una hoja al viento. Sofía no respondió. Sabía que algo no estaba bien. ¿Por qué la llevaría a un bosque tan lejano, en lugar de a su parque habitual? Cuando Laura se detuvo cerca de un claro, el corazón de Sofía comenzó a latir más rápido.
Laura sacó una manta y una botella de agua. —Volveré en un momento, ¿de acuerdo? —le dijo mientras evitaba mirarla a los ojos. Pero Sofía sabía. Lo sabía porque Laura había dicho esas mismas palabras la vez que dejó al perro de la familia en otro parque y nunca volvió.
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