Mario E. Fumero
Hemos hablado de la metodología que debemos usar en la formación de vidas, sin embargo, debemos añadir la importancia que tiene otras acciones dinámicas para poder enseñarles a nuestros hijos algunas “cualidades”, que son vitales para un crecimiento integral. Las cualidades son virtudes, o normas de conductas, que obedecen a un entrenamiento que va más allá de las palabras. Es fácil ser creyente, piadoso, espiritual, pero ¿será lo mismo a la hora de ser paciente, constante, obediente, integro, fiel y humilde?
LA IMPORTANCIA DE LA OBEDIENCIA
Una de las primeras virtudes que tenemos que desarrollar en los discípulos es la capacidad para obedecer “en la Palabra”, y enfatizo “en la Palabra”, para no dar lugar a algunos que usando mal esta obediencia, cometa abusos en el ejercicio de la autoridad. Si la obediencia es básica en la dinámica formativa, la misma requiere que el discípulo tenga un espíritu impregnado de confianza hacia su maestro, junto a una humildad que nazca de su humillación al Señor. Hay que diferenciar entre una humildad que obedece a un temor, como las que se usa en el ejército, y la humildad que obedece a una entrega y negación, para vivir bajo el Señorío de Cristo.
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