Mario E. Fumero
Las virtudes pueden ser explotadas o manipuladas para fines contrarios al orden establecido por Dios. Generalmente creemos que toda obediencia es virtud, y toda oposición o desobediencia a la autoridad es pecado, pero no siempre es así. Para ello se aprovechan de los términos bíblicos «sujeción», «obediencia», y la expresión «el ungido de Jehová» etc. para imponer dogmas, caprichos, doctrinas y manipulaciones que vienen de los hombres.
Con el cuento de que <Dios bendice la obediencia>, tenemos que ser humildes siempre, y se han fabricado postulados falsos en cuanto a la sumisión y sujeción a las autoridades institucionales, seculares o religiosas, trastocándose los parámetros correctos en cuanto al ejercicio del principio de autoridad funcional, creándose las condiciones para convertirnos en borregos, víctimas del abuso de autoridad, que se puede catalogar “la tiranía de los Santos”.
Algunos predicadores se autodenominan «los ungidos del Señor«, y aprovechan su posición de iluminados para someter y manipular a los que están bajo su cobertura de acuerdo con sus caprichos, y cuando alguien no se les somete, entonces lo excomulgan y condenan, no pudiendo nadie criticarlos, censurarlos o juzgarlos por sus malas acciones[1].
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