Mario E. Fumero
Recientemente, cierta candidata a la presidencia criticó la posición de la Iglesia al comentar sobre la participación de líderes religiosos en temas políticos. En sus declaraciones, la candidata expresó que el Estado es laico y que la Iglesia no tiene por qué intervenir en asuntos políticos. En cierto sentido, puede tener razón.
Es verdad que el Estado es laico, pero también lo es que la Iglesia proclama un Reino dentro de otro reino. No debe inmiscuirse en asuntos terrenales, salvo cuando se vea afectada su libertad de expresión al predicar públicamente la Palabra de Dios, o cuando se busque imponer leyes contrarias a los valores de la fe cristiana, como en temas relacionados con la vida, la moral y los valores tradicionales de la familia.
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