Mario E. Fumero
Por primera vez en la historia de Honduras, católicos y evangélicos se unieron para orar por la nación, en un momento en que la política se encuentra polarizada. En las grandes ciudades se reunieron cristianos de ambas iglesias para clamar por el país. No cabe duda de que el evento fue todo un éxito que reflejó una realidad innegable: cuando surgen problemas, calamidades o conflictos, que rompen los prejuicios y las barreras ideológicas, para unirnos bajo un denominador común: proclamar la paz, la unidad y la libertad.
Analizando dicho evento, podemos deducir algunas realidades. No es prudente hacer cálculos de cuántos participaron en cada ciudad, pero fue un número considerable de personas. A pesar del intenso sol y calor, el evento se desarrolló sin ninguna novedad. Llamó la atención que solo se miraban banderas de Honduras y, en algunos casos, textos bíblicos y consignas cristianas, lo cual reflejó un espíritu de unidad sin propósitos proselitistas ni partidistas.
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