Mario E. Fumero
Quiero referirme en este artículo al hecho de ver cómo algunos candidatos a puestos políticos viven excitándose y vanagloriarse como que todo lo pueden y saben, de manera tal que atacan a sus contrincantes señalando sus defectos y los defectos de los demás. Considero incorrecto tal proceder, y, por cierto, me produce preocupación pensar que tales personas, si alcanzaran algún puesto político, podrían convertirse en dictadores o gobernantes prepotentes que no aceptarán el consejo de nadie.
No me refiero solamente a ciertas personas de un determinado partido, porque los hay en todos, sino también a aquellos líderes religiosos que se proclaman a sí mismo como iluminados, y que viven señalando el defecto de los demás. Tales actitudes son condenables, repudiables y cristianamente inaceptables. Pero analizaremos este hecho puntualmente, porque como dice las Sagradas Escrituras, “por sus frutos los conoceréis”.
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