César fue el único genio que dio Roma, y el último de la antigüedad» César fue un verdadero polímata[1]. Hablaba varios idiomas o dialectos, se sabía que dictaba cuatro correspondencias diferentes a cuatro secretarios a la vez. Él era tácticamente excelente y tenía una mayor habilidad para motivar a sus tropas que cualquier general de su época. Era un ingeniero talentoso, un abogado exitoso y (según Cicero, que lo despreciaba) uno de los mejores oradores de su época.
Fue un general de honor, aguerrido y valiente que siempre dio el ejemplo y que nunca temió a la muerte. En la batalla de munda, cuando por primera vez estuvo más cerca de la muerte, César se quitó el casco, tomó el escudo de un legionario muerto y les dijo a sus oficiales: «Este será el final de mi vida y su servicio militar». Empezó a correr entre las filas de sus soldados reclamándoles que no permitieran la vergüenza de ser capturado por los jóvenes hijos de su mayor rival. Acompañado por sus tribunos, les pidió que no acabaran en una derrota una carrera militar tan brillante. Fue la vergüenza más que el valor lo que los hizo resistir.
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